(Este post es continuación directa del anterior)
Fraudes inocentes. El presente post es, de nuevo, continuación directa del anterior. Forma parte de la misma serie de posts a la que hace referencia el título de todos ellos. Entramos ahora en una parte central de la TMM, la idea de “fraudes inocentes” introducida por John Kenneth Galbraith en su último libro publicado dos años antes de fallecer. Se trata de algo utilizado por los defensores de esta teoría, así como el dinero por decreto o dinero fiat al que también nos referimos brevemente en lo que sigue.
(Imagen de arriba, Golfo de California)
Fraudes Inocentes

Hay siempre sesgos interesados en todas las interpretaciones económicas, con frecuencia producto de las modas –narrativas o relatos, diríamos hoy – y de los intereses pecuniarios. Lo que termina imponiéndose como verdad no tiene necesariamente relación estrecha con la realidad. Los dirigentes, con particular referencia a los directivos de las grandes corporaciones, utilizan su propia verdad, la cual tiene relación con lo que sirve y con lo que no es contrario a sus intereses económicos, sociales y políticos.
A esto es a lo que Galbraith llama “fraudes inocentes”. No están deliberadamente al servicio de los que los formulan (¿?), no saben muy bien cómo se forman, no hay relación directa con lo legal o ilegal y mucho menos con la violación de leyes, y no hay, desde luego, sentido de culpa.
Son sencillamente “relatos” que todos aceptamos. Siendo claramente un ejemplo de ello el que la deuda pública elevada genera inflación, requiere aumento de impuestos y embarga el futuro de las próximas generaciones, como muchos economistas creen y como Juan Ramón Rallo Nacido en 1984) dice enfáticamente en el subtítulo de su libro.
Los defensores de la TMM creen que no es así y la realidad les da la razón en algunos casos. Países muy solventes, como Japón, llevan años con deudas públicas muy elevadas y no tienen problema alguno en mantenerlas, ni la inflación aumenta, ni suben los intereses, ni las nuevas generaciones sufren o se sienten hipotecadas.
En la lista actual de países con las mayores deudas, Japón ocupa el segundo lugar, con un porcentaje de deuda sobre el PIB del 255,07 % (con datos de 2022). Estados Unidos ocupa el lugar décimo segundo, con un 121,37 %. Grecia el quinto lugar, con un 161,90 %. Italia el octavo, con un 137,30%. Francia el décimo quinto con un 110,60%. Y España el décimo sexto, con un 107,70%
Dinero por decreto o dinero fiat.
Debiendo hacer la salvedad de que todo lo que se dice en la TMM tiene que ver con países con moneda propia, es decir, con un sistema fiduciario de emisión de dinero propietario. En el caso de Grecia, Italia, Francia y España no es así. Los cuatro países dependen del Euro y de las decisiones del Banco Central Europeo, el cual tiene que cuidar en términos monetarios del conjunto de países de la UE.
El dinero fiat, o fiduciario, es el que existe en la actualidad mayoritariamente en el mundo. Está basado en el papel moneda que no tiene respaldo alguno en forma de oro depositado en algún sitio, activo físico o cualquier otra mercancía. El valor que aparece en los billetes y monedas es solo el valor que el banco central de un país le asigna. Como se sabe, el patrón oro del dinero adoptado después de la segunda guerra mundial en la conferencia de Bretton Woods celebrada en julio de 1944, fue abandonado en 1971 por decisión del presidente entonces de los Estados Unidos, Richard Nixon.
Los siete fraudes inocentes que justifican la TMM.
Pasando ya a listar los siete fraudes inocentes establecidos por Warren Mosler, utilizando la nomenclatura inofensiva de Galbraith, advertir que lo hace así al principio, pero que a la hora de describirlos utiliza la forma más agresiva de “errores letales”[1]. Los errores letales de la ciencia económica establecida en los Estados Unidos son para él los siguientes:
Cuatro fraudes aceptables
Error letal 1. “El gobierno central (federal en USA) debe recaudar fondos a través de impuestos o endeudamiento con el fin de poder gastar. En otras palabras, el gasto del gobierno está limitado por su capacidad de gravar o endeudarse”.
Argumentación en contra. Mosler dedica páginas enteras a demostrar que esto no es así, pero un resumen de lo que dice en ellas es: “El gasto del gobierno central no está en ningún caso limitado operativamente por los ingresos, lo que significa, que no existe un riesgo de solvencia. En otras palabras, el gobierno central siempre puede hacer frente a todos los pagos en su propia moneda, sin importar cuán grande sea el déficit o lo escasa que sea la recaudación a través de impuestos”.
Error letal 2. “Los déficits públicos harán que dejemos a nuestros hijos la enorme carga de la deuda”.
Argumentación en contra: “En conjunto, en términos reales, no existe tal carga. Con deuda o sin deuda, nuestros hijos consumirán lo que puedan producir”.
Error letal 3: “Los déficits presupuestarios del Gobierno Federal reducen los ahorros”.
Argumentación en contra: “Los déficits presupuestarios del Gobierno Federal aumentan el ahorro”.
Error letal 4: “La Seguridad Social está en quiebra”.
Argumentación en contra: “Los cheques del gobierno nunca son devueltos”.
Tres fraudes menos sólidos
Error letal 5: “El desequilibrio del déficit comercial es insostenible, destruye puestos de trabajo y reduce la producción”.
Argumentación en contra: “Las importaciones son beneficios reales y las exportaciones son costes reales. Los déficits comerciales mejoran directamente nuestro nivel de vida. Se pierden empleos porque los impuestos son demasiado altos para un determinado nivel de gasto del gobierno, no a causa de las importaciones”.
Error letal 6: “Necesitamos ahorro para disponer de fondos para realizar inversiones”.
Argumentación en contra: “Las inversiones añaden ahorros”.
Error letal 7: “Lo malo de los elevados déficits actuales es que significan mayores impuestos el día de mañana”.
Argumentación en contra: En este caso no hay oposición, Mosler dice: “Estoy de acuerdo, pero el error o “fraude inocente”, reside en calificarlo de “malo” cuando en realidad es positivo”.
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[1] Galbraith no es ingenuo al utilizar la denominación “fraude inocente”, y, de hecho, se plantea al principio de su libro, si un “fraude puede ser inocente” y si la “inocencia puede ser fraudulenta”.




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