cc030918s101f01_crop1535941433436.jpg_258117318

El afán de enriquecerse sin esfuerzo

Buscando las causas de las crisis económicas y su impacto negativo en la sociedad, comprobamos las incompatibilidades existentes en nuestros sistemas económicos y sociales. El afán de enriquecerse fácilmente y sin esfuerzo se contradice con la permanencia de un sistema económico equilibrado y estable. A medio plazo no es posible el mantenimiento de las dos cosas a la vez en una economía determinada

(Imagen de arriba tomada de El Cronista. https://www.cronista.com/financialtimes/El-mundo-aun-debe-aprender-las-lecciones-de-la-crisis-financiera-del-2008-20180903-0005.html)

La euforia inversora en bolsa, la locura inmobiliaria y el consumismo

Resultado de imagen de crisis financiera imágenes
(Imagen tomada de Voces en el Fénix:
http://www.vocesenelfenix.com/content/los-bancos-la-pol%C3%ADtica-y-la-crisis-financiera-actual)

Continuamos comentando las prácticas económicas y financieras de la época anterior al 29. Se ha hecho referencia a ellas en el anterior post. 

Aparte de las facilidades para obtener créditos con el objetivo de invertir en bolsa, no hay que olvidar el apalancamiento con el que entonces se podía invertir en acciones. Era de 1 sobre 10. Es decir, con 1 dólar propio se podían invertir 10 dólares. Nada comparable por cierto, con el apalancamiento de los últimos años en los países desarrollados. Disminuido, afortunadamente, de forma notable en Europa antes del verano pasado.

Cuando la crisis comenzó a enseñar las orejas, se cayó en la cuenta de que no había regulación sobre la solvencia de los bancos y sus prácticas diversas. Para empezar, los bancos carecían entonces de fondos de garantía de depósitos. En la economía americana de aquella época, por otra parte, la componente agrícola era mucho más alta que la de hoy. Los precios de los productos agrícolas eran volátiles y vulnerables.

No existía, por otra parte, una sociedad del bienestar como la que existe en la actualidad. Lo dice también Galbraith en la introducción de la edición de su libro de finales de los años 90.

Consumismo

Hablamos de la bolsa, pero el consumismo y la especulación inmobiliaria fueron otros fenómenos surgidos y potenciados en la época. Las tarjetas de crédito no habían hecho todavía su aparición. La primera de ellas Diner’s Club surgió de forma muy  restringida en 1949. Hubo que esperar hasta 1958 para que aparecieran las tarjetas como American Express que utilizamos hoy.

A pesar de ello el consumo potenciado por el crédito y las hipotecas prendió rápidamente en la población americana. El endeudamiento pasó pronto a formar parte de la cultura del país[1].

La explosión de la burbuja 

En cuanto a lo segundo, Galbraith explica en su libro, la burbuja inmobiliaria de Florida desarrollada a partir de 1925. La venta de terrenos de todo tipo, su parcelación y venta por piezas llegó a tener alcance nacional. Constituyó una verdadera locura de inversiones, compras, ventas y reventas.

Galbraith señala como causa de este fenómeno especulativo el “afán de todos los americanos de aquella época por enriquecerse sin esfuerzo”. Describe además el pinchazo de la burbuja que fue rápido y devastador. Es, según él, la misma causa del “crash del 29” y de las varias crisis financieras históricas que menciona en su libro. Por ejemplo, la de los bulbos de tulipanes en la Holanda de 1637, tan citada recientemente. También la del oro de Louisiana de 1720. La de los Mares del Sur en la Gran Bretaña de la misma época. Así como otras posteriores en los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros países hoy desarrollados[2].

Anota que las explosiones de estos “globos” suceden de la noche a la mañana, son caóticas y arrasan todo. Así como su creación se produce lentamente, su destrucción es casi inmediata. Las consecuencias son la ruina de muchos y el hundimiento de los bancos y otras instituciones financieras. Con ello viene el decrecimiento económico, el desempleo, la pobreza generalizada. Al igual que el aumento de la desigualdad y el deterioro de la convivencia.

La paradoja de ser libres y desear el enriquecimiento fácil

Esa causa insistentemente mencionada por Galbrath resulta ser terrible, ya que no es posible desterrarla de la condición humana, a menos que desistamos de la libertad individual. Algo mucho más difícil de eliminar en el hombre. Por un lado y como dijo Jean Paul Sartre (1905-1980), “estamos condenados a ser libres”, y por otro, ¿quién va a desistir de hacerse rico a través de procedimientos legales y hasta cierto punto respetables y con riesgo incluido, como la inversión en bolsa?

Por supuesto que hay otros aspectos menos aceptables y que tuvieron gran influencia en el “crash del 29” según nuestro autor. Un ejemplo es la existencia de grandes fortunas, personas concretas y grandes bancos que especularon e invirtieron masivamente, de una forma controlada, para conseguir un aumento artificial del precios de las acciones.

Hubo también algo observado en todas las crisis, como la excesiva oferta de crédito que los bancos ponen en marcha, olvidando con frecuencia la evaluación del riesgo. Así como la solvencia del inversor y muchas otras imprescindibles cautelas. Y, por supuesto, la falta de regulación de todo tipo, tanto en los bancos como en los grupos de inversión y en los poderosos fondos de inversión.

Este último aspecto es clave en nuestros días dada la importancia adquirida por dichos fondos, tanto por el enorme capital acumulado en el mundo en fondos de pensiones, fondos soberanos y otros fondos. Así como el enorme número de empresas dedicadas a la actividad de captación de capital para invertirlo en bolsa. Y, algo menos, en nuevos negocios o empresas no cotizadas públicamente.

La historia monetaria de los Estados Unidos

También tuvo influencia en los hechos que comentamos la falta de políticas públicas o las políticas económicas erróneas, a las que en parte nos hemos referido ya.

Como es bien sabido, a este último tema se refirieron Milton Friedman (1912-2006) y Anna Jacobson Schwartz (1915-2012) en su libro de 1963, Una historia monetaria de los Estados Unidos. De dicho libro fue reeditado hace unos años por  Princeton Universtiy Press, su Capítulo7, The Great Contraction 1929-1933. Sobre tal acontecimiento hay un artículo de interés de Alberto Nadal de marzo de2009, “Aprender de otras crisis”, en Revista de Libros. Se puede acceder a él por Internet y todavía resulta válido para este trabajo de revisión de lo ocurrido en el mundo con la pobreza, la desigualdad y la ingobernabilidad de los países desarrollados.


[1] Ver el libro, DEBT (Melville House Publishing, 2014 de David Graeber. Existe versión en español con el título “En Deuda”, de Ariel

[2] Ver, Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera, de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, Fondo de Cultura Económica, 2011


Also published on Medium.

Tags:
0 shares
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Post anterior

La Gran Depresión como fallo de la política económica

Post siguiente

Los bellos y dorados años 20

Deja tu comentario