Neurociencias. Este post es continuación del anterior y está destinado a seguir comentando aspectos del libro de Rafael Yuste, “El cerebro, el teatro del mundo”.
Advertimos de que no estamos haciendo un análisis riguroso del libro ni un resumen o sinopsis del mismo, solo tomamos nota del funcionamiento de las neuronas y de la transmisión de señales electroquímicas entre ellas para ver cómo el animal que somos se mueve, actúa y vive. Y, también, para saber cómo se podrían explicar otros aspectos más sutiles y subliminales como los sentimientos, las emociones y, sobre todo, el pensamiento y la conciencia.
En el primer post y en este segundo hemos ido dejando temas abiertos y anunciando que nos referiremos a ellos: los “atractores neuronales”, el fenómeno de la conciencia y el papel de las redes neuronales y la reciente Integrated Information Theory son algunos. Diremos algo sobre ellos en el próximo post.
Todo el mundo trabaja hoy en las redes neuronales

Hemos visto en el post anterior como Rafael Yuste, el conocido neurocientífico español al que nos venimos refiriendo, pone énfasis en su libro en cuanto al funcionamiento del cerebro en las “redes neuronales”[1]
Una mayoría de investigadores en la actualidad trabajan en las redes neuronales, las cuales parecen ser las unidades de funcionamiento del cerebro humano.
Existe una teoría formulada hace unos años en el camino de búsqueda de la consciencia denominada “Integrated Information Theory” y formulada por Giulio Tononi (nacido en 1960) a la que hemos hecho referencia en varias ocasiones en nuestros blogs y a la que volveremos más adelante en esta serie de posts.
Yuste añade otros tres elementos fundamentales en sus explicaciones generales sobre el cerebro y el sistema nervioso.
Uno, que el cerebro construye la realidad en la que vivimos, es decir, todo lo que vemos y hacemos es producto de nuestro cerebro, y la mente misma –a la que dedica poca atención– es resultado de las interrelaciones neuronales dentro de redes y de la transmisión de señales electroquímicas.
Otro, que la evolución de la vida ha estado dirigida por la supervivencia y la reproducción y el cerebro se ha desarrollado para conseguir dichos objetivos.
Y un tercero, según el cual el movimiento y la predicción del futuro, es decir, lo que va a ocurrir a continuación y dónde estaremos o dónde estará el animal que perseguimos, han sido fundamentales en la evolución de los animales y del hombre mismo.
El cerebro del hombre consciente y el del inconsciente.
Utilizo lo del “animal que perseguimos” porque Yuste parece explicar muy bien el caso de un guepardo cazando en la sabana africana. Se trata de un animal poderoso, rápido, inteligente y con capacidad de aprender y de enseñar a sus crías, pero todo automático, sin verdadero entendimiento o comprensión de lo que hace. Las explicaciones de Yuste encajan muy bien con el cerebro de los animales evolucionados, pero no tan bien con el de los humanos, tema al que nos referiremos un poco más adelante, pidiendo perdón de antemano al hacer algunas correcciones a lo expuesto por un científico tan destacado.
Es verdad que Yuste no es dogmático en sus explicaciones y que relativiza todo lo que dice, pero es definitivamente naturalista y espera que el hombre termine por ser explicado en su totalidad por la Biología y quizás por otras ciencias. Da la impresión de estar dedicado en su labor investigadora a la naturalización de la conciencia, de las ideas más abdstractas, de los sueños y de todo el mundo espiritual del hombre (sin que espiritual tenga en principio nada que ver con lo religioso)
Un experimento importante
En esta cuestión de la conciencia, tras de la que fundamentalmente vamos en estos posts y al que nos referiremos en el siguiente, cita los experimentos de un colega y amigo francés, Stanislas Dehaene (nacido en 1965), que, “utilizó registros y escáneres de actividad cerebral para mapear la actividad de la corteza en voluntarios durante tests psicofísicos de estímulos subliminales, los estímulos sensoriales que ni percibimos”
Alcanzaron la conclusión de que la conciencia está construida por la actividad coordinada por la “corteza asociativa”, concluyendo, no se sabe si los investigadores o Yuste, “que la corteza asociativa es igual a la conciencia y ser conscientes de las cosas nos permite también ser conscientes de nosotros mismos, del yo”.
Ponemos en cursiva estas afirmaciones porque las consideramos las más serias del libro de Yuste en relación con lo que nos interesa en este blog: la conciencia del hombre.
Explicaciones de interés
Sus explicaciones sobre las partes del cerebro humano son muy útiles por su simplicidad y claridad. Así como sus

referencias al sistema nervioso en su conjunto con inclusión de la médula espinal. Por ejemplo, cuando se refiere al encéfalo y sus tres partes: el cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico. Incluyéndose en el tercero a su vez: el mesencéfalo, el puente de Varolio, protuberancia anular, puente troncoencefálico o simplemente puente, y el bulbo raquídeo.
Y lo mismo ocurre con el interior del cerebro en el que hay que incluir al diencéfalo y dentro de él al tálamo, al hipotálamo,
al epitálamo y al subtálamo. Así como el hipocampo (o caballito de mar) situado en la parte medial del lóbulo temporal del cerebro.
Se refiere al carácter estocástico del funcionamiento de las sinapsis y dice al respecto que, “la naturaleza puede estar permitiendo que el cerebro explore distintas configuraciones de atractores y así conseguir un mejor mapa mental del mundo”.
Diremos algo más enseguida sobre los “atractores neuronales”, pero de momento seguimos relacionando las partes del cerebro que Yuste explica junto con las funciones que realizan. Mucho de ello basado en los experimentos científicos y pruebas de todo tipo realizadas con animales y en ciertos casos con personas por él mismo y su equipo y por otros compañeros investigadores de cualquier parte del mundo, que cita.
Neurociencias. Axones y dendritas
Habla del baile entre axones y dendritas e indica que los conos de crecimiento (localizados en las dendritas de una neurona) al reconocer molecularmente las dendritas de otra neurona a la que quiere conectarse, se transforma en terminal sináptica y se crea la sinapsis. Es lo que se llama “sinaptogénesis”.
Menciona el caso de la muerte de las neuronas en la médula espinal, indicando que al principio de su desarrollo hay más neuronas que cuando la médula llega a su madurez. La supervivencia de algunas neuronas se debe a unos factores de crecimiento secretados por los músculos con los que tienen que conectarse las neuronas en cuestión. Los descubridores del proceso hablaron de “hipótesis neurotrófica”, relacionando el proceso con la palabra griega trophos que significa comida o nutrición[2].
Más adelante en su libro, expone que los investigadores Rita Levi-Montalcini (1909-2012) y Stanley Cohen (1922-2020) descubrieron la primera molécula neurotrófica, a la que denominaron “factor de crecimiento nervioso” (nerve growth factor NGF, en inglés), por lo que recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1986. Se incluyó también entre sus méritos el descubrimiento del crecimiento epidérmico, en lo que había trabajado algo más el segundo de estos dos investigadores[3].
Neurociencias. La actividad biológica de las neuronas
La muerte de neuronas, por cierto, se ha visto que existe en todas las partes del cerebro y a todas las edades y también se ha descubierto que existen otras neurotrofinas además de la NGF que rescatan de la muerte celular neuronas de distintas partes del cerebro.
Al hablar de la activación de las neuronas indica que utilizan el glutamato como neurotransmisor mientras que las inhibidoras emplean el GABA, o ácido gamma-aminobutírico
Nuestro autor dedica un largo capítulo de su libro (capítulo 6) a los sentidos con el título: “Ajustar el teatro del mundo a la realidad con los sentidos”.
Referencia al mundo exterior y a los sentidos
Afirma que en la precepción del cerebro de las señales del mundo exterior transmitidas por los sentidos las cosas son más fáciles de explicar y se refiere con detalle a: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato.
Cubre en sus explicaciones temas como las siguientes: la percepción sensorial se genera internamente; los sentidos miden los cambios que se producen en el medio físico; la visión mide los objetos a distancia; la retina mide el contraste visual de los objetos; la corteza visual dibuja los objetos; el cerebro genera abstracciones jerárquicas; el sistema visual es una red neuronal; los olores son generado por el cerebro; el oído mide cambios en el mundo; el tacto mide cambios en la posición y estructura de cosas cercanas.
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[1][1] Rafael Yuste (2024) , El cerebro, el teatro del mundo, PAIDÓS.
[2] Menciona a Viktor Hamburger (1900-2001) como descubridor de la hipótesis trófica, Fue profesor de la Universidad de Friburgo y expulsado de la misma durante la etapa de rector del famoso filósofo Martin Heidegger. Afortunadamente pudo emigrar a los Estados Unidos y desarrollar su carrera en la Universidad de San Luis.
[3] Habíamos evitado hasta ahora las referencias personales por no alargar el texto, pero no hemos tenido más remedio que entrar en ellas, así como recordar aquí que Cohen trabajó con Herbert Wayne Boyer (nacido en 1936), un bioquímico estadounidense que Junto con Cohen fue el primer científico en trasplantar genes de un organismo vivo a otro. Abandonó la investigación para transformarse en empresario y crear Genentech en 1976. Es una de las primeras compañías de ingeniería genética que en julio de 2021 tenía 13,539 empleados y facturaba 26.4 mil millones de dólares. En diversos posts de esta plataforma de blogs explicamos en su momento el proceso de creación de la empresa y la decisión de Cohen de no acompañar a su compañero en su aventura empresarial.




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