Después de bastante tiempo volvemos a colgar un nuevo post en este blog. El no haber escrito desde hace más de dos años sobre la consciencia se ha debido a otras ocupaciones, relacionadas con la Inteligencia Artificial y la Inteligencia Colectiva, temas tratados en otro blog de esta plataforma. Todos son temas cercanos y ahora entramos en el mundo del cerebro y las neurociencias para interrelacionarlo con las tres Inteligencias (Humana, Artificial y Colectiva) sobre las que reflexionamos con frecuencia. Un libro reciente y una conferencia del neurocientífico español, Rafael Yuste, nos sirve de pretexto para volver ligeramente al tema de la consciencia,
El cerebro

Si se está interesado en el estudio de la Inteligencia Humana (IH), la Inteligencia Artificial (IA) y la Inteligencia Colectiva (IC) es lógico interesarse también por algo tan evanescente como la consciencia. Y una vez que se entra en este último terreno es inevitable llegar al de las neurociencias y al del cerebro.
Por supuesto que este último es un tema tan específico, tan científico, tan lleno de conocimientos formales como pueden ser las partes del cerebro y su funcionamiento y tan dependiente hoy de las investigaciones y los experimentos, que es muy difícil opinar algo por parte de los no profesionales.
Para una persona tan acostumbrada a la transdisciplinariedad como el que esto escribe no es difícil entrar en él estudiando a fondo manuales diversos, pero, además, el mundo actual está lleno de esfuerzos divulgadores en forma de libros, artículos, vídeos y otros medios que acercan los temas más complicados a cualquier persona con cierta formación e interés[1].
Este ha sido el caso de las neurociencias para el autor de este blog, lleva tiempo entrando en ellas como simple aficionado y el pasado miércoles, 16 de julio de 2025, tuvo ocasión de aprender algo más sobre el tema. El conocido neurocientífico español, Rafael Yuste (nacido en 1963), dio una conferencia en la Fundación Telefónica con el mismo título de su primer libro de divulgación: “El cerebro, el teatro del mundo. Descubre cómo funciona y cómo crea nuestra realidad”.
Anterior a ese libro es un voluminoso manual, Lectures in Neurosciences, en el que recoge el contenido de las clases de su curso universitario en esta materia.
Las neurociencias están en pañales y del funcionamiento del cerebro se sabe poco
El libro es bueno, claro y fácil de leer. Esto último porque son un total de diez capítulos relativamente cortos, todos con apartados de apenas una página de extensión y un total de 210 páginas de un tomo de tamaño medio.
Yuste, como sabemos y se puede ver en Wikipedia, es catedrático en Ciencias Biológicas y director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia en Nueva York. Es, además, impulsor de la iniciativa BRAIN, un proyecto que financió la administración de Barack Obama y que intenta desvelar los misterios del cerebro fabricando nuevas herramientas neurológicas. En la actualidad es presidente de la Fundación Neuroderechos (NeuroRights) que lucha por proteger la actividad cerebral de las personas como un nuevo derecho humano.
En la conferencia, con un salón a rebosar, dio muestras de ser una persona educada, amable, humilde y sabia.
Asistimos a la conferencia y adquirimos el libro el cual teníamos ya incluido en la lista de libros a comprar.
Nivel de conocimientos en las neurociencias

Muchos neurocientíficos dicen que su materia está todavía en pañales y esa es la conclusión que sacamos de la conferencia en cuestión, aunque Yuste sea un científico muy acreditado. Tanto en sus palabras como en su libro se repite la expresión: “todavía no sabemos cómo funciona”. Da la impresión, en resumen, de que el cerebro y su funcionamiento es más complicado de lo que nos creemos. Los 86.000 millones de neuronas existentes en un cerebro humano y las entre 10.000 y 100.000 sinapsis (puntos de conexión con otras neuronas) nos da una cifra de 10.000 billones de conexiones (billones españoles, es decir, 10 elevado a 12).
Ya al final del libro al hablar del despertar de la consciencia en la corteza asociativa y del misterio de los sueños dice: “Pero, en fin, todavía es un gran misterio por qué soñamos, algo que nos demuestra de una manera directa y bastante vergonzante lo poco que sabemos los neurobiólogos acerca de cómo funciona el cerebro”
El caso de la consciencia
La consciencia es un tema tratado en este blog, como saben los que lo siguen, y las neurociencias y el cerebro tienen algo que decir en relación con este fenómeno en el que creemos radica la esencia del hombre y lo que lo distingue de otros animales. Yuste habla de la consciencia en varias partes de su libro haciéndola depender siempre, al igual que el pensamiento mismo, de la “corteza asociativa”, término acuñado por Ramón y Cajal (1852-1934) que designa una parte importante de la corteza (o Neocórtex) del cerebro.
La corteza en su conjunto es el área más evolucionada del exterior de los lóbulos cerebrales Es la más reciente del manto (palio) neuronal, que recubre cada lóbulo cerebral de los mamíferos. Se encuentra desarrollada en los primates y muy desarrollada en el género Homo. Más que recubrir los cuatro lóbulos (frontal, parietal, temporal y occipital) forma la parte más externa de ellos, sobre todo de los tres primeros, con un grosor de entre 2 y 4 milímetros. Está formada por neuronas y sinapsis e intensamente plegada (con surcos y circunvoluciones) para maximizar su superficie.
Corteza externa o Neocortex
Una parte importante de la corteza de los tres primeros lóbulos está formada por la “corteza asociativa”, en la cual, parece que radica el pensamiento y la consciencia, como hemos dicho. Cajal creía que todo en los animales y en el hombre dependía de las interconexiones de las neuronas y, cuanto mayores y más intensas eran dichas interconexiones, más contribuían a la aparición del pensamiento. En lo que denominó corteza asociativa se producían, según él, más interrelaciones y más intensas que en otras partes del cerebro.
Esto último se debe a Ramón y Cajal y Yuste lo defiende como un hecho demostrado. Es seguidor de este gran científico español, premio Nobel de Medicina de 1906, compartido con el italiano Camillo Golgi, y también de su contemporáneo inglés Charles Scott Sherrington (1857-1952), premio Nobel de Medicina de 1932.
Considera que ambos científicos basaron sus explicaciones sobre el cerebro y la mente en las neuronas y en su interrelación a través de las dendritas que son las que reciben la información y del axón que es el canal de salida. Con ayuda en ambos casos de las sinapsis, puntos de conexión, en los que, por cierto, no existe contacto físico sino solo transmisión de señales eléctricas que generan productos químicos que cruzan el espacio sináptico entre el final de un axón y el principio de una dentrita.
Sinapsis y redes neuronales

Las sinapsis o puntos de interconexión de las neuronas han sido muy estudiadas por los neurocientíficos. Son las entradas por las que los potenciales de acción eléctricos de las neuronas generan iones químicos en forma de neurotransmisores recogidos en las vesículas sinápticas que cruzan el espacio intersináptico para crear un potencial eléctrico en la neurona receptora.
Los distintos potenciales se acumulan en la receptora hasta crear lo que se llama “potencial de acción” de la neurona en cuestión, el cual aumenta por la entrada de señales a través de todas las sinapsis receptoras de una neurona hasta que se alcanza un umbral de potencial de acción que dispara la neurona.
Redes neuronales
Dentro de una red de neuronas, y a continuación hablamos de las redes neuronales, hay neuronas inhibidoras que regulan el potencial de acción y permiten al cerebro reservar energía. Por eso son al final las neuronas activadoras y las inhibidoras, formando una red neuronal, las que constituyen las unidades de funcionamiento del cerebro
Hoy se trabaja mucho y se investiga en las redes neuronales, es decir que no son todas las neuronas en conjunto de un cerebro las que se interrelacionan, sino que lo hacen en forma de “redes neuronales” especializadas que son las que realizan las diversas misiones del cerebro. Yuste explica cómo fueron los discípulos de Cajal y de Sherington, respectivamente, Rafael Lorente de Nó (1902-1990) y Thomas Graham Brown (1882-1965), los que corrigieron a sus maestros, no sin enfrentamientos[2].
El esfuerzo de todos, maestros y alumnos, contribuyó a conocer que lo que ocurre en el cerebro es la interconexión continua de neuronas dentro de redes neuronales especializadas.
(Imágenes a la derecha tomadas de https://es.wikipedia.org/wiki/Sinapsis)
[1] . Aparte, debo decirlo, de contar en mi caso con dos hermanos médicos neurólogos de profesión toda la vida dedicados a la práctica médica en estos terrenos.
[2] Thomas Graham Brown , por cierto, fue tan buen investigador como alpinista y contribuyó a la apertura de tres nuevas rutas en la subida al Mont Blanc




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