Continuamos en este post resumiendo lo que fue la formulación del segundo principio de la termodinámica y el concepto de entropía durante las décadas de los años 20, a 50 del siglo XIX. Nos interesa, como siempre, la manera cómo las nuevas explicaciones sobre la naturaleza se abren camino en la mente del hombre y cómo una nueva racionalidad surge y se difunde. En este caso es la termodinámica la que capta nuestra atención, incluidos sus principios o leyes, con énfasis en su segunda famosa ley y en el concepto de entropía, íntimamente ligado a ella. Mencionamos las personas clave de lo que llamamos termodinámica y dejamos listo el tema para entrar en lo que será una visión atomista o atómica de la materia y de nuestro mundo. Con ella va a venir una interpretación probabilística de la naturaleza.

El proceso en sí a través del cual determinados personajes terminan haciendo grandes propuestas sobre el funcionamiento de la naturaleza es mezcla del empirismo y la comprobación en relación con el fenómeno físico en cuestión y del racionamiento intelectual que construye la teoría explicativa y eventualmente sus leyes y formulaciones matemáticas.
Carnot descubrió que en toda transformación de calor en trabajo hay siempre una pérdida de calor, es decir, de energía, ya que el calor es una forma determinada de energía. Dicha pérdida, de acuerdo con el primer principio de la termodinámica, no puede desaparecer, sino pasar a una forma distinta de energía. Para entender qué es lo que pasaba en realidad con la energía disipada se tuvieron que dar pasos adicionales en cuanto a la composición de la materia. Se tuvo que avanzar, como más adelante veremos, en la mecánica estadística, o lo que es lo mismo, en la composición atómica de la materia, en la movilidad de los átomos y en su vibración, aspectos relacionados a su vez con el concepto de “entropía”. Carnot estuvo cerca pero no descubrió este nuevo concepto, como es sabido, aunque no lo podemos saber con certeza ya que murió con 36 años en una epidemia de cólera y sus papeles y pertenencias fueron quemados. Antes y después de dejar el ejército sin pensión alguna, vivió varios años en un asilo para enfermos mentales.
Su obra fue rescatada y difundida años después de su muerte, a partir de 1834, por Émile Clapeyron (1799-1864), destacado físico e ingeniero, también francés, considerado asimismo padre de la termodinámica junto a James Joule (1818-1889), Rudolf Clausius (1822-1888), William Thomson (1824-1907), sin duda, Ludwig Boltzmann (1844-1906), y en parte también, James Clerk Maxwell (1831-1879), el enorme matemático y físico escocés, autor de las ecuaciones de los campos electromagnéticos.
La termodinámica tomó forma a través de la labor de estos últimos personajes, siendo, por ejemplo, Thomson, también conocido por Lord Kelvin, el que por primera vez utilizó ese nombre para referirse al área de conocimientos que estudia: “las relaciones del calor con las fuerzas que actúan entre las partes contiguas de los cuerpos y entre el calor y los fenómenos eléctricos”.
Rudolf Clausius a su vez, fue el introductor de la palabra “entropía ” en los años 1850. Con ella, que en griego significa evolución y transformación, se quiso indicar la energía que no puede transformarse en trabajo o aquello en lo que se convierte la energía perdida en toda transformación de calor en trabajo.
El concepto y la palabra de entropía están unidos a la idea de desorden o enfriamiento absoluto hacia lo que parece tender todo en nuestro universo. Algo realmente novedoso y sorprendente hoy y, sobre todo, en la época en que esas cosas fueron formuladas, ya que nuestro planeta, la vida, y nosotros mismos, somos fenómenos contrarios a esa ley de la naturaleza. Somos de hecho fenómenos “neguentrópicos” o de entropía negativa. Y algo además de enorme trascendencia para las interpretaciones posteriores: la formulación matemática y probabilística del desorden, o caos, hacia el que tiende, supuestamente, el universo.
Para muchos, la segunda ley de la termodinámica, que es una ley existente en la naturaleza, junto con la idea de “entropía”, un fenómeno también natural, constituyen las leyes más importantes que el hombre ha formulado a lo largo de la historia de la humanidad. Quizá haya sido cierto hasta la formulación de la mecánica cuántica.




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