Se hace referencia en este post a las fechas aproximadas en las que aparece en el hombre la consciencia, según las hipótesis de algunos estudiosos del tema. Se supone que tal fenómeno fue un salto cualitativo en la evolución del hombre del que hoy por hoy se conoce muy poco. Sólo existen hipótesis diversas. Unas presuponen que fue producto de la evolución darwiniana sin más y que la consciencia tiene un origen material, mientras que otras asumen que hay algo más en la consciencia, algo intangible y no material.
Lo anterior es solamente la explicación de que la consciencia aparece en un momento determinado en el hombre sin que sepamos de qué manera precisa ocurrió. Algunos autores piensan que la consciencia tiene que ver con el funcionamiento cuántico de la materia y en concreto con el colapso de la función de onda en los microtúbulos que forma el esqueleto de las neuronas. Incluso hablan de las vibraciones cuánticas de estas células cerebrales De momento no entramos en estas cuestiones sobre las cuales también hemos hecho conjeturas en anteriores posts de este blog.
Nos referimos más bien a la aparición histórica de hombres más conscientes que otros, proceso que poco a poco se generaliza hasta que la consciencia termina siendo una característica de la especie humana. Los hechos indicados anteriormente relacionados con el descubrimiento de las estrellas por parte de algunos hombres no nos deben extrañar ya que sabemos muy bien que incluso hoy existen muchos seres humanos sin capacidad, o con muy poca capacidad, para la introspección y la búsqueda de significado en las cosas. Hay personas, incluso con alta formación, de mente muy plana que no tienen profundidad mental para ir más allá de la superficie de los fenómenos y de los hechos. Por otra parte todos sabemos la habilidad de ciertas personas, los buenos poetas por ejemplo, para encontrar los significados profundos de nuestras vidas y de nuestro mundo. Algunos unen estas capacidades a la inteligencia pero en mi opinión la inteligencia es algo bastante distinto a la consciencia y de lo que hablamos aquí es de esto último.
No sabemos cómo se produce ese salto cualitativo en el ser humano que va a dar lugar a la consciencia y a separarlo radicalmente de los animales, pero al analizarlo así, como parte de la evolución del hombre en un sentido darwiniano, algo debió producirse en su naturaleza, en su fisiología. Tenderíamos a pensar con nuestros conocimientos actuales del cerebro que fue la acumulación de más neuronas y más sinapsis en el cerebro de algunos hombres, quizá la expansión del neocortex, o puede que la mayor conexión entre el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo. Algún desarrollo fisiológico tuvo que tener lugar, pero eso no lo explica todo, como ya sabemos, ya que la consciencia, la subjetividad y el mundo de las ideas abstractas es muy distinto al de los componentes materiales (físicos) del cuerpo humano. Algunos ante este hecho han hablado de epifenómeno, es decir, algo así como lo que ocurre con el agua al ser calentada: el vapor, aunque tiene naturaleza distinta al agua, surge de ella.
Según lo que recoge Lachman de la historia de la evolución del Homo a través de sus diversas etapas, ya en tiempos muy anteriores a los que hablamos se produjo un aumento de la capacidad craneal de este ser, pasando en poco tiempo de los 600 – 800 centímetros cúbicos a los 1.300 – 1.500 del hombre actual. Un salto, por cierto, que tampoco responde a lo que cabría esperar de la teoría de Darwin, ya que no fue continuo ni gradual.
A partir de ese salto inicial cualitativo en el cerebro de algunos hombres que dio lugar a lo que llamamos “mente” — aunque algunos no estén de acuerdo con que esto exista realmente, o como dicen, la mente es el cerebro –, la evolución de la consciencia la hemos podido analizar con detalle. En la Grecia Clásica se produjo en poco tiempo algo así como una evolución completa y rápida de dicha capacidad de introspección y búsqueda de significado, llegándose a vislumbrar, incluso, la ciencia moderna, que será una adquisición muy posterior del hombre.
La consciencia, la subjetividad y la espiritualidad del hombre, no han hecho nada más que avanzar desde esos brillantes siglos griegos, aunque se haya pasado por etapas diversas en los casi tres milenios transcurridos. Y hayamos caído en los cinco o seis últimos siglos, según algunos, en un predominio del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro — en el que radican las habilidades del habla, las matemáticas y la lógica — sobre el hemisferio derecho — especializado en las sensaciones, lo sentimientos, y las habilidades artísticas y musicales.




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