Reproduzco aquí en varias entregas artículo aparecido en el último número de la Revista «Temas para el debate»
La vida del hombre es azarosa como seguramente se ha dicho muchas veces Todo en su mundo es aleatorio, y aunque para hacer frente a ello se han inventado el concepto de probabilidad y el cálculo de probabilidades, la predicción específica, puntual y exacta de acontecimientos es algo imposible para el hombre como individuo y para los grupos sociales diversos por él creados.. Ni siquiera acertamos cuando describimos en términos muy generales el mundo hacía el que vamos y los componentes básicos de las sociedades en las que viviremos. Con frecuencia además, el hombre actuando en grupo es incapaz de corregir con antelación fenómenos adversos claramente anunciados e identificados por determinadas tendencias. La actual crisis financiera sería un ejemplo de ello.
A pesar de esta naturaleza profunda de nuestro mundo físico y de nuestra vida, todos damos por supuesta la existencia del futuro y caminamos asumiendo que muchas dimensiones de nuestras sociedades permanecerán inalterables en los años por venir, Todos contamos con el futuro pero pocos somos los que lo utilizamos como referencia y punto de apoyo para nuestros comportamientos, actuaciones y decisiones en el presente. Caminamos hacía adelante pero, curiosamente, lo hacemos mirando siempre hacia atrás. Aprendemos de las cosas que ocurrieron, nunca de las que pueden ocurrir.
Es una mala actitud, ya que nuestro cerebro se puede enfocar con la misma facilidad al pasado, al presente y al futuro. La reflexión hacia adelante es posible y la conjetura sobre acontecimientos futuros totalmente factible, aunque constituya un arte a veces difícil de practicar.
Tratamos en este trabajo de imaginar, o hacer conjeturas, sobre el mundo de 2020, pero antes de describir el escenario posible para el mundo en esas fechas conviene preguntarse si el hombre y sus sociedades tienen algún porvenir.





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