Todo proyecto de prospectiva comienza siempre por una evaluación de la situación actual
La fuerte crisis económica en la que entramos en estas fechas, la cual está contagiando a otras dimensiones del hombre y de sus sociedades o, demostrando quizás, que la crisis está en realidad en las ideas, ideologías, concepciones y valores compartidos por nuestras sociedades, viene a superponerse a tendencias y problemas ya mencionados en el punto 2) de la entrega anterior. En efecto, la sostenibilidad de nuestro mundo, el cambio climático, la responsabilidad social, la ética, las nuevas revoluciones científicas y tecnológicas, las nuevas economías, las nuevas empresas etc…, constituyen hoy temas de atención y preocupación para todos los habitantes del planeta. Una masa crítica de la sociedad parece estar dispuesta a construir un mundo en el que las actuaciones de todos estén limitadas por la consideración y el respeto a esos temas. Si tal cosa llegara a ser verdad generalizadamente el mundo del futuro sería bastante distinto al actual y grandes cambios tendrían que producirse en multitud de instituciones, entre ellas, las empresas y los centros de educación superior relacionadas con ellas. Aunque el cambio en nuestro mundo es continuo y en cualquier época hay razones para decir que las cosas cambiarán mucho en el futuro, nunca como ahora ha existido tanto consenso en cuanto a estar a las puertas de grandes trasformaciones y en cuanto a la necesidad de actuar para conseguir que los cambios se produzcan en la dirección correcta.
Algunas de nuestras dificultades actuales se achacan a lo más básico de nuestro sistema de producción y consumo, y hay voces poderosas hoy clamando por la necesidad de cambiar los fundamentos de nuestro mundo con especial referencia a lo más importante de todo lo que nos ha traído hasta aquí, es decir: capitalismo, economía de mercado, avance tecnológico continuo, crecimiento económico permanente, emprendimiento, liberalismo y democracia representativa. A algunas de esas voces es mejor no prestarle atención pues se apoyan en viejas y desacreditadas ideologías que siempre han estado ahí como rumor de fondo y que utilizan ahora con insistencia el “ya te lo había dicho yo” clásico. A otras, sólidas y serias, que creen en la libertad individual y saben que en lo político, económico y social, somos producto de un proceso pragmático de prueba y error del que una mayoría de personas salimos beneficiadas, es muy necesario oírlas y tenerlas en cuenta. Sin duda el mundo puede cambiar a algo mejor y no se debe tener reservas en cuanto a que “otro mundo es posible”, pero es necesario enfrentarse a ello con racionalidad, capacidad de reflexión y objetividad.. No es fácil encontrar alternativas radicales al mecanismo de mercado y a una forma de vida basada en la producción, la distribución, el intercambio y el consumo, aunque no hay razones tampoco para excluir el perfeccionamiento y la mejora de ese mecanismo..
En el ambiente generalizado de revisionismo y crítica en el que nos desenvolvemos y nos adentramos, algunos de los ataques más ácidos van dirigidos a la empresa, a los empresarios y directivos y a las escuelas de negocios en las que estos se forman. La componente financiera de la crisis, con esa exagerada economía del dinero y de la inversión especulativa, de la que los países más avanzados han hecho fuerte uso en los últimos años, está siendo atacada en la actualidad y las escuelas de negocios son acusadas de haber encauzado el talento de muchos hacía la ingeniería financiera, la especulación sin limite y el riesgo sin información (moral hazard).





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