Me refiero en ésta y en las próximas notas a este autor notable muerto en Shri Lanka, en donde vivía desde 1956, el pasado 19 de marzo de 2008, a la edad de 91 años.
Arthur C Clarke murió efectivamente en marzo pasado y su vida y su obra han sido glosadas desde entonces en multitud de publicaciones, incluyendo las virtuales. En Internet en general y en Wikipedia en particular, puede consultarse todo tipo de información sobre este conocidísimo autor de ciencia ficción.
Forma parte de una generación brillantísima de autores de este género compuesta por Isaac Asimov, Damon Knight, Donald A. Wollheim, Frederik Pohl, James Blish, Judith Merril, Ray Bradbury, el propio Stanislav Lem, y muchos otros. Son autores del siglo XX y primeros años del XXI que recogieron la herencia de los más conocidos del XIX, Julio Verne, H.G. Wells y Hugo Gernsback (este último nacido en 1884 pero fallecido en 1967). La mayoría de ellos, por cierto, escritores de obras de ciencia ficción pero también científicos, tecnólogos y literatos.
Clarke en particular fue antes de dedicarse a la literatura especializada técnico en radar y en telecomunicaciones en la Royal Air Force y es conocido por anunciar con muchos años de antelación la instalación de satélites geoestacionarios de telecomunicación en la orbita de 36.000 kilómetros. Es además muy famoso por su colaboración con Stanley Kubrick en el guion de la inmortal película, “2001 Odisea del Espacio”. Guión surgido de la pequeña y notable obra de Clarke, “El Centinela”.
Mi intención no es la de repetir aquí lo que puede encontrarse en otros lugares. Simplemente quiero referirme a mis relaciones, indirectas desde luego, con Clarke.





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