Esta entrega es continuación de la inmediatamente anterior
No me puedo desdecir; en otros lugares he indicado que aunque el hombre como individuo no parece ir a ninguna parte, salvo a la muerte, a la desaparición y a la unión con su antigua raíz mineral, la humanidad sí parece tener algún destino, al menos mientras ella misma exista.
La humanidad, por cierto, en términos de pensamiento, reflexión, introspección y conciencia no es mucho más que el individuo aislado. O dicho de otra forma, es el individuo el que tiene dichas capacidades, las cuales pasan de unos individuos a otros y eventualmente aumentan con el paso de las generaciones. El hombre, por otra parte, como también he dejado escrito en trabajos anteriores, es un ser radiante o irradiante, teleológico y exponencial. Es decir, un ser que genera continuamente nuevas ideas, que se fija metas externas y se orienta alcanzarlas y que es ubicuo y coloniza todo lo que encuentra a su paso.
Vamos, por tanto, y de acuerdo con esas características del hombre, hacia la ocupación y explotación total de este planeta, hacia la colonización de los planetas y satélites cercanos y hacia las estrellas y más allá. O eso, o volver a las cavernas. Así de trágico es nuestro destino.
En medio de esos procesos además, nuestra especie puede desaparecer, pues no hay nada que garantice su existencia y cada vez acumulamos más elementos destructivos de todo lo que somos y aumentamos los riesgos con los que convivimos.
Si las cosas siguen como hasta ahora, sin embargo, no hay razones para no creer en la primera de esas dos posibilidades y en el progreso. Entendiendo por progreso una vida mejor para cada vez más personas; una mejora de las condiciones de vida en términos de salud, duración de la vida y control sobre nuestros cuerpos; una mayor libertad y autonomía personal; un mayor disfrute de los conocimientos, el arte, la cultura y la diversión; una mayor democracia; y unos mayores niveles de justicia e igualdad. No hay duda al respecto si estudiamos el caso de los países desarrollados actuales y el atractivo que tienen para los países en vías de desarrollo y, especialmente, para los países subdesarrollados.





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