Economía y bien común para el futuro (XIV) Soluciones(66)

Soluciones. Continuamos en este nuevo post de la serie dedicada al tema “economía y bien común” haciendo consideraciones sobre lo que se debe y se puede hacer para conseguir un mundo mejor y más inclusivo. Volvemos a recordar utilizando cifras diversas la situación del mundo y de nuestro país en particular, en relación con la pobreza y la exclusión social. Dimensiones de la vida de las personas en las que el mundo ha mejorado, aunque no hasta el punto de considerarnos satisfechos, sobre todo si no nos dejamos engañar por las estadísticas y los promedios.

No se entiende muy bien por qué la humanidad no ha resuelto definitivamente estos problemas y por qué el hambre y la pobreza extrema no han sido ya erradicadas en un mundo cada vez más rico y afluente.

Buscamos retos, soluciones y actuaciones que movilicen a los países y a sus gobernantes en cuanto a la consecución de sociedades más justas y equilibradas. En este post revisamos la última publicación de J, Brandfor DeLong, “Camino a la Utopía”, la cual concluye recomendado la regulación de los mercados y la búsqueda de buenos gobernantes, así como medidas adecuadas para un mundo cada vez más complejo y conflictivo.

Terminamos recordando la Doctrina Social de la Iglesia y sugiriendo que tras ensayos muy diversos sobre cómo organizarnos y como vivir en nuestro mundo, muchas de las teorías económicas actuales y muchos de los economistas más destacados, se acercan en sus explicaciones a lo que la Iglesia Católica viene predicando desde hace siglos.

(Imagen de arriba, mar sin identificar)

Un mundo imperfecto

Vivimos en un mundo imperfecto, como hemos dicho ya varias veces en este blog. Hay muchos aspectos de la vida de los hombres y mujeres en este planeta que justifican esa afirmación. En países como el nuestro parece que altos porcentajes de la población viven bien, son felices y disfrutan de la vida, pero hay mucho de apariencia en ello y, sobre todo, más deseo que realidad. Todo ocurre, además, en plazos de tiempo limitados, a tiempos de satisfacción siguen otros de dificultad. Y eso, siendo duros y poco sensibles con lo que ocurre a nuestro alrededor, sin pensar demasiado en los que sufren y sin prestar atención a lo que nos espera a cada uno.

Antes o después a todos nos llega la hora, sobre todo si pensamos en la enfermedad, en la vejez y, finalmente, en la muerte.

La vejez, con todos sus achaques, y la soledad en que nos dejan los familiares y amigos que se van, son componentes de la vida de todos los hombres nada agradables. Algunos nos acercamos a esas épocas con estoicismo.

Pero, sin hacer referencias personales y con la perspectiva del mundo en su conjunto, hay dolores insoportables para todos, desde las guerras, las enfermedades, las grandes catástrofes, los accidentes y tragedias diarias de muchos y, desde luego, la pobreza, el hambre en el mundo y los miles de personas que mueren a diario tratando de salir de sus insoportables condiciones de vida.

En países supuestamente desarrollados como el nuestro, nos tranquilizamos algo a diario con las estadísticas y los promedios, con su mejora a lo largo de los años y con las explicaciones capciosas de los políticos. La economía del “sube y baja”, es decir, la de que los precios bajan, la inflación se controla, el crecimiento se estanca, pero por poco tiempo, los desequilibrios macroeconómicos se controlarán, etc…, nos mantienen ocupados y apaciguan nuestros temores en relación con la supervivencia económica

Imperfecciones adicionales

Por no hablar, claro, de otros problemas globales que se ciernen sobre nuestra especie, como el calentamiento global, el agotamiento de recursos naturales, la superpoblación, las grandes epidemias, o los reciente temores sobre avances tecnológicos amenazadores como la inteligencia Artificial General. O, lo que se nos viene encima con la revolución biotecnológica y la posible entrada en el interior más profundo del hombre como es su genética y su posible manipulación.

Nuestro mundo, en definitiva, sigue siendo un “valle de lágrimas”, a pesar del progreso y las mejoras en las condiciones de vida conseguidas en algunas partes del mundo en los últimos doscientos años. O, por decirlo con más precisión, en el “siglo XX largo” que va desde 1870 hasta 2010, según la interpretación de James Bradford DeLong (nacido en 1960) en su libro, Camino a la Utopía. Una historia económica del siglo XX.

Este conocido historiador económico, profesor de Economía de la Universidad de California, Berkeley y colaborador habitual de las páginas salmón de El País de los domingos, relata en su libro los impresionantes avances ocurridos en el mundo en términos económicos y de bienestar social en el periodo indicado.  Se detiene también, como muchos otros autores, en los 30 años gloriosos desde el final de la segunda guerra mundial hasta mediados de los años 70 en los que el mundo progresó de forma espectacular y como no había ocurrido nunca en la historia de la humanidad.

Recuerda al principio de su gran trabajo los muchos años de pobreza extrema en la que había vivido gran parte de la humanidad en los diez mil años anteriores desde el descubrimiento de la agricultura.

Progreso parcial y desigual

La historia descrita por DeLong es más bien positiva en cuanto a progreso de la humanidad en su conjunto, por lo menos hasta el año 2010 en el que finaliza su siglo XX largo. Es una cuestión en la que coinciden autores diversos que han llevado a cabo análisis similares. Este autor, sin embargo, concluye que el crecimiento económico es importante para la vida de los hombres en este planeta, pero, no suficiente para alcanzar una igualdad deseable, una felicidad suficiente para todos y un orden mínimo para la convivencia.

Se inclina al final por la necesidad de regular los mercados, por una gestión gubernamental competente y por un manejo más acertado de las transformaciones propias de la “destrucción creativa”.

Reconoce, además, que a partir de 2010 se ha producido un deterioro importante de otras dimensiones de la vida de los hombres distintas de la económicas, tecnológicas y empresariales. Entre ellas, las crisis por las que atraviesa la democracia en todo el mundo, la polarización política y el choque de interpretaciones ideológicas extremas, los malos gobernantes que deslumbran a los pueblos, los populismos y los nacionalismos, los enfrentamientos, conflictos y guerras, la pérdida de poder y efectividad de las grandes instituciones internacionales y muchas otras. Una lista de problemas, esta última, en parte comentada por DeLong y completada por el que esto escribe

Su narrativa es sobre todo económica y es verdad que entre los males a los que venimos haciendo referencia son los económicos los que parecen tener solución. Es difícil entender, de hecho, la persistencia en el mundo del hambre, la pobreza o el desempleo que deja no solo sin recursos sino sin futuro a muchos hombres jóvenes y de mediana edad. No entendemos por qué no hemos alcanzado en el mundo un nivel aceptable de bien común, uno en el que no exista pobreza extrema para nadie, ni hambre, ni desempleo, ni, desde luego, inseguridad social.

Economía y bien común

El bien común o el bienestar social para todos es algo deseable, conveniente para la sociedad en su conjunto y posible. De hecho, hay sociedades que parecen haberlo conseguido y aunque la pobreza extrema es algo difícil de aceptar, aunque fuera una sola familia la que la padeciera, hay países que tienen solucionado este problema.

España no es el mejor ejemplo en este aspecto, aunque no falta entre nosotros una característica del comportamiento social imprescindible: la solidaridad.

Últimamente utilizamos, en España y en la UE, el informe anual, EL ESTADO DE LA POBREZA, realizado y publicado por la European Anti-Poverty Network (EAPN) (RED EUROPEA DE LUCHA CONTRA LA POBREZA Y LA EXCLUSIÓN SOCIAL), aunque siguen existiendo otras fuentes como las estadísticas oficiales, los informes FOESSA y otras. De hecho, en particular, el indicador AROPE y sus componentes están calculados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV).

Dicho indicador AROPE (At risk of poverty and/or exclusion) se utiliza para evaluar el grado de cumplimiento de los objetivos de inclusión social propuestos en la Estrategia EU2020 y que hace referencia al porcentaje de población que se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, así como lo que se denomina privación material y social severa (PMSS), según se recoge en la Web de este informe: Ver

Cifras adicionales sobre la pobreza en España

El informe número 13 de octubre de 2023 relativo a España y a sus comunidades autónomas indica que la tasa AROPE ha mejorado desde el año 2021, año en el que obtuvo el valor del 27,8 % de la población española y situó a nuestro país en el último lugar de la UE. Para 2022 dicho índice es de 26,0 %. Valor que se queda muy por encima del porcentaje objetivo previsto en la Agenda 2030 de erradicación de la pobreza en Europa que era del 22 % de la población española para 2022.

Para ver la gravedad del asunto hay que recordar que el mejor porcentaje de 2022 supone un total de unos 12.3 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social. Son los que tienen unos ingresos individuales inferiores al 60 % del salario medio interprofesional situado hoy en unos 1.250 Euros mensuales (unos 750 Euros).

Más grave aún es la situación de los situados en el grupo de pobreza severa, los cuales son aquellos que viven en hogares cuyos ingresos por unidad de consumo son inferiores al 40 % de la mediana de renta nacional. Esta cifra es notablemente inferior al umbral utilizado para definir el riesgo de pobreza mencionado anteriormente. Para 2021, el umbral de renta para considerar que un hogar está en pobreza severa es de 6.357 € por unidad de consumo al año; es decir, cada persona debe sobrevivir con menos de 278 € mensuales para el caso de una familia con dos adultos y dos menores, y con menos de 530 € mensuales si vive sola.

Y estamos hablando de nuevo de promedios, con lo que eso significa para casos individuales. Para 2022 el número de personas en este rubro se situó en el 7,7 % de la población, es decir, en unos 3,65 millones de personas.

De nuevo, y para no equivocarnos, estamos copiando estas descripciones y estas cifras del último informe, El Mapa de la Pobreza Severa en España, de la misma institución anterior, European Anti-Poverty Network (EAPN). Ver

Solidaridad y bien común

Las cifras anteriores serían insoportables si no existiera en nuestro país una serie de medidas de bienestar social de tipo público y un cierto sistema de solidaridad atendido por instituciones privadas. En lo relativo estrictamente a los casos de pobreza severa de personas que no tienen ninguna pensión contributiva existe el llamado Ingreso Mínimo Vital. A finales de octubre de este año llegó a 2.013.439 personas, de las cuales un 43 % , es decir, unos 873.583 son menores de edad.

En los últimos años, quizás desde la pandemia de 2020, por otra parte, se han puesto en marcha bancos de alimentos, campañas de recogida de alimentos, comedores sociales, donaciones y medidas varias para ayudar a la población necesitada. Las fundaciones diversas, especialmente las dedicadas a ayudas sociales, también han ejercido su papel en estos tiempos difíciles. La solidaridad, pues, se ha manifestado entre nosotros.

No obstante, como no llegar a final de mes, tener que acudir a las ayudas sociales y vivir en la inseguridad permanente, no son situaciones aceptables, debemos concluir que el bien común se ha deteriorado en los últimos años y no alcanza el nivel que sería necesario.

La situación a nivel mundial es mucho más grave, ya que, a pesar de las mejoras en la erradicación de la pobreza en el mundo y la disminución desde el 36 % de la población mundial en situación de pobreza extrema de 1990 al 10 % de 2015, todavía hay más de 700 millones de personas en el mundo que viven con menos de 1,90 dólares al día. Son personas que no consiguen satisfacer sus necesidades más básicas en términos de subsistencia, salud, educación, acceso a agua y saneamiento. Ver

Soluciones

Seguir buscando soluciones para esta situación mundial y para la de cada país es fundamental y a ello estamos dedicando los últimos posts de este blog. Debiendo recordar por nuestra parte, que la Iglesia Católica y sus múltiples organizaciones sociales siguen desde antiguo lo que llamamos Doctrina Social de la Iglesia, la cual está llena de propuestas válidas en forma de soluciones y actuaciones.

En su momento hicimos referencia en tres posts anteriores a dicha Doctrina con motivo de la publicación de la encíclica Fratelli tutti. Sugeríamos entonces que muchas de las nuevas explicaciones económicas actuales, después de fallos en todas las teorías económicas y políticas ensayadas desde la Primera Revolución Industrial, están muy en línea con lo que la Iglesia ha predicado desde siempre. Ver

La Doctrina Social de la Iglesia está constituida por las enseñanzas elaboradas a lo largo de los siglos en relación con la moral, la ética, la teología y la sociedad.

Como se dice en uno de los documentos consultados, “…es una respuesta histórica a los problemas sociales, culturales, económicos y políticos que ha vivido la humanidad; con el objetivo de promover la transformación de la realidad en una sociedad más justa, solidaria y fraterna, mediante el respeto a la dignidad de la persona humana, a los derechos y deberes humanos, y a los derechos de los pueblos, vistos desde el ámbito antropológico, filosófico, cultural, jurídico y fundamentalmente teológico”. Ver

Los siete principios básicos de esta doctrina son: Dignidad de la persona humana. Primacía del bien común. Destino universal de los bienes y propiedad privada. Principio de solidaridad. Principio de subsidiariedad. Participación social. Cultura de la vida y de la calidad de vida. La existencia de la ley moral. Ver

Analizándolos todos, la vedad es que se acercan mucho a lo que nos dicen hoy las teorías económicas más avanzadas y los economistas más respetables.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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