Economía y bien común para el futuro (XVII). Solidaridad I (69)

solidaridad I El presente post es el primero de dos en esta serie dedicados al tema de la solidaridad pública como área de actuación de los políticos. Irá seguido de otro que será continuación directa. De hecho, los dos han formado una sola unidad de escritura dividida en dos partes para hacer más fácil su lectura. Se comienza recordando lo indicado en posts anteriores en cuanto a que, la mayoría de asuntos enfrentados por los gobernantes necesitan encontrar puntos de equilibrio.

Después de ello se pasa a hacer aclaraciones sobre los tres temas relacionados objeto de los dos posts: solidaridad, bienestar y caridad. Se recuerdan las actuaciones relacionadas con ellos predicadas por la Iglesia Católica e incluidas en su Doctrina Social.

(Imagen de arriba, Faros de Islandia)

Los puntos de equilibrio

Llevamos en esta serie de posts, dedicados a la economía y el bien común para el futuro, nuestra propia dinámica, pero en los últimos tres (incluyendo el presente), estamos apoyándonos en el libro reciente de politólogo americano, pero profesor de Oxford en el Reino Unido, Ben Ansell, Por qué fracasa la política (Península 2023).

Recordamos nuestra intención de proponer algunas actuaciones y medidas sobre la economía y el bien común en nuestro país, para lo cual hemos analizado la situación actual y las opiniones de autores diversos. Los hemos agrupado en: reformistas, extremistas, idealistas y los que creen que “aquí no pasa nada”, existiendo un quinto posible grupo en el que se incluirían a los ideólogos (nada que ver con los idealistas), es decir, a los partidarios cerrados de una ideología.

Hemos dedicado, además, un post a establecer cinco escenarios futuros para nuestro país, para la UE y para el mundo en su conjunto.

Han surgido ideas destacadas en los 16 posts colgados hasta el presente, entre ellas, la de que los grandes problemas de nuestras sociedades no se resuelven por la existencia de incompatibilidades, incongruencias o fenómenos contrapuestos en una mayoría de los temas a resolver[1]. Dicho de una forma simple, lo que es bueno para una cosa es malo para otra. Economía y bien común para el Futuro (XII). Prospectiva (63)

Hemos sugerido, incluso, que el modelo central de la teoría económica en cuanto al mecanismo de mercado representado por las curvas de oferta y demanda y su característico punto de equilibrio es más general de lo que podría pensarse.

Una posible curva parabólica para la igualdad y los derechos de las personas

En el caso de la igualdad, tratado en el post anterior, hemos visto que su solución o, mejor dicho, la disminución de los valores cuantitativos alcanzados por esta variable lleva consigo el deterioro de otra, en concreto, el nivel de derechos de las personas. Se podría imaginar una curva parabólica similar a la curva de demanda (curva de consumo-precio) en la que, como sabemos, a mayor precio menor consumo. También en el nivel de igualdad de un país podríamos pensar en una curva de demanda en la que en el eje de ordenadas representáramos lo niveles de igualdad y en el de abscisas los niveles de derechos personales. A mayor igualdad menores derechos personales[2].

Sabemos que habrá un punto óptimo al que tender, pero, a diferencia del equilibrio de mercado obtenido en el cruce de la curva de oferta (producción-precio) con la de demanda, en el caso de la igualdad no hay una equivalente a esta última curva, es decir no hay una curva de oferta derechos personales-igualdad, en la que si los primeros aumentan la segunda aumenta también.

Ben Ansell, autor del que venimos glosando su libro, Por qué fracasa la política, habla de la existencia de trampas en las cinco dimensiones básicas de las que la política se ocupa: democracia, igualdad, solidaridad, seguridad, prosperidad. Las trampas son como las incompatibilidades a las que nosotros hemos hecho referencia en posts anteriores.

Solidaridad I, bienestar y caridad

Después de haber recordado esa labor anterior, seguimos ahora con la dimensión de la solidaridad a la que Ansell se refiere en la Parte III de su libro (páginas 187 a 254). La trampa que este autor ve en esta cuestión la formula de la siguiente manera: la solidaridad solo importa cuando la necesitamos.

Antes de referirnos algo más a ella conviene mencionar que la solidaridad, y quizás más la caridad, es algo básico en la iglesia católica y en lo que llamamos Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Lo indicamos porque esta serie de posts está inspirada y apoyada por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria de la ACdP (Asociación Católica de Propagandistas).

Analizamos la realidad y el futuro que nos espera de forma independiente, o paralela, a estas creencias, que son las nuestras, pero no nos olvidamos de ellas en una época en la que parece que las nuevas concepciones económicas y sociales se acercan, o convergen, con lo que la Iglesia ha predicado siempre.

El caso de la solidaridad, además, está relacionado con el bien común de nuestras sociedades, cuestión a la que nos referimos preferentemente en esta colección de posts y que se incluye en su título.

La idea del bien común, muy de la Iglesia Católica y de otras religiones, está relacionada con lo que de una forma más laica llamamos bienestar o “sociedad del bienestar”. Así lo maneja Ben Ansell en su libro, aunque relaciona los términos solidaridad y caridad con frecuencia.

Aclaración de términos

Quizás tendríamos que hablar en relación con estos dos últimos términos de “solidaridad pública” y de “caridad social”. Esta última sabemos que es elevada en un país como el nuestro y lo hemos comprobado en la variedad de movimientos privados en favor de los más necesitados que se han activado en los últimos años en relación con las crisis vividas. No solo Cáritas, Mensajeros de la Paz, Médicos sin Fronteras y muchas otras acciones de la Iglesia y de la sociedad en general, sino muchos comedores sociales, centros de distribución de alimentos y movimientos diversos de recogida de ayudas han contribuido de forma importante a una mejor vida de las personas.

Desde un punto de vista teórico y etimológico hay diferencias entre ellas, según se puede ver en Wkipedia:

“Naturaleza: La caridad es un acto individual de generosidad, mientras que la solidaridad es un acto colectivo que implica la unión y el apoyo mutuo.

Intención: La caridad tiene como objetivo ayudar a las personas que lo necesitan, mientras que la solidaridad tiene como objetivo crear un cambio sistémico y promover la justicia social.

Vínculos: Mientras que la caridad es una acción de asistencia puntual sin la necesidad de crear vínculos a largo plazo, la solidaridad reconoce y hace propio el sentimiento del otro”.


[1] Recientemente he visto también en la prensa diaria la expresión, “opuestos complementarios”, la cual parece expresar la misma idea, aunque procede de la teoría del color y dentro de ella significa otra cosa. Quizás, para nuestro objetivo, deberíamos hablar de “contradicciones complementarias”

[2] Ansell relaciona los derechos de las personas principalmente con los impuestos, es decir, a más impuestos menores derechos personales.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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