La economía española tras la pandemia (y 3). Sociedad Comunitaria Activa

Terminamos con este post la serie de tres dedicada a la economía española tras la pandemia. Después de haber comprobado que hay un deterioro del bien común y un descenso en la posición en los rankings económicos mundiales, común a España y a otros países desarrollados y que viene de antes de la pandemia, abordamos en el presente post la situación de la economía mundial utilizando las predicciones más recientes de varias instituciones internacionales. Dichas predicciones no son desfavorables pero sí, volátiles y señalando brechas destacadas entre países. Entramos ligeramente en el tema de la reindustrialización necesaria en nuestro país y en Europa en su conjunto, haciendo referencia al libro de Philippe Aghion, Céline Antonin y Simon Bunell, El Poder de la Destrucción Creativa. ¿Qué impulsa el crecimiento económico?.

Destacamos la diversidad de libros actuales críticos con el capitalismo y mencionamos la poca atención prestada por muchos de ellos a las nuevas revoluciones tecnológicas que se nos vienen encima. Recordamos en ese sentido la importancia de tener en cuenta dichas revoluciones, verlas como oportunidades y plantearnos seriamente adaptarnos a ellas y sacar el máximo partido a sus posibilidades. Entramos, al final y muy brevemente, en lo que llamamos, Sociedad Comunitaria Activa, tema que desarrollaremos en próximos posts.

(Imagen de arriba, Otoño en New Hampshire)

La recuperación económica en marcha a nivel mundial

(FMI informe de julio de 2021)

Una ayuda a la verdadera recuperación de la economía española puede venir de la evolución positiva de las economías, europea y mundial. Nuestras exportaciones suponen un porcentaje importante del PIB (bastante más alto, por cierto, que la inversión y el gasto público) y aunque su impacto en el crecimiento viene compensado en muchas ocasiones por el aumento de las importaciones, que suele ser simultáneo, un entorno mundial activo en términos económicos no deja de ser algo muy favorable para una economía abierta como la nuestra.

La entrada de capital internacional, por ejemplo, sobre todo si es en forma de inversión directa, es una forma muy deseable de generar actividad y crecimiento.

Y en esto último radica la preocupación que sentimos algunos en cuanto al próximo futuro de España y de Europa.

Justo antes de la pandemia, las predicciones a largo plazo de la economía mundial, y muy especialmente las de los países desarrollados, apostaban por un estancamiento secular, es decir, un crecimiento muy bajo y continuado de la economía. Amén de un deterioro de las posiciones en lo rankings mundiales de los países desarrollados.

Un fenómeno, ese último, claro en la economía española y en la de otros países europeos. Vamos hacia abajo en los rankings mundiales sin remisión. Algo así como un agotamiento del capitalismo entre nosotros, a la vez que se vigoriza en el sudeste asiático y en la India.

Es el resultado de la convergencia o del catch-up tecnológico y económico. A todos nos parecía un fenómeno, no ya lógico, sino deseable, aunque no habíamos reparado en que tal proceso no se detiene. Las economías emergentes no solo convergen con nosotros, sino que nos superan con gran facilidad. Y no solo en volumen del PIB sino poco a poco. también en PIB per cápita.

Impacto negativo de la pandemia

En términos económicos y sociales la pandemia vino a deteriorar las cosas. El 2020 se saldó con un decrecimiento del PIB español de casi el 11 % y un desempleo por encima del 16 %. La recuperación en forma de V que se esperaba y que el Gobierno se había apresurado a airear y a exagerar ha recibido recientemente un varapalo del propio Instituto Nacional de Estadística. En el informe del 26 de septiembre último esta institución rebajó de forma importante las previsiones anteriores. Para el segundo trimestre del 2021 se da un crecimiento del PIB intertrimestral de solo un 1,1%, lo que significa un 17,5 interanual (de trimestre a trimestre), en contraposición al 2,8 % intertrimestral, anunciado anteriormente, lo cual, a su vez, suponía un crecimiento para todo el año (repetimos, de trimestre a trimestre) de un 19,8 %.

El Gobierno mantiene sus últimas predicciones del 6,5 % para el 2021 y del 7% para el 2022 y espera que el próximo informe del INE se acerque más a estas cifras. En cualquier caso y por utilizar un marco de referencia recogemos las predicciones mundiales del FMI que son las que nos han resultado más razonables. Incluimos arriba a la izquierda el cuadro general de predicción macroeconómica procedente del último informe de dicha institución.

En el informe en cuestión se explica cómo el mundo ha conseguido evitar una recesión más profunda y más larga a base de políticas financieras, o, dicho de otra forma, mediante la inyección masiva de dinero en la actividad económica.

Panorama de la economía mundial

Ahora nos quedan como secuelas unos déficits públicos elevados y unas deudas públicas desorbitadas. Si la inflación sube y se descontrola tendremos de nuevo grandes problemas, además de los booms inmobiliarios que de nuevo aparecen como gran amenaza para el equilibrio económico mundial. La crisis del grupo chino Evergrande nos tiene a todos en vilo. En el momento en que escribimos (4 de octubre de 2021) se anuncia la suspensión de operaciones del gigante chino en la bolsa de Hong Kong.

A más de dos años la economía mundial se ve frágil, volátil y llena de brechas, especialmente las relacionadas con la vacunación y la superación de la pandemia. No cabe, en resumen, esperar mucho de dicha economía en los próximos años y ya sería notable que el mundo desarrollado evitara el “estancamiento secular”.

De vuelta a las perspectivas para España

A la vista de todas las predicciones y consideraciones anteriores y teniendo en cuenta lo dicho en los dos posts previos, no es fácil la recuperación española, sobre todo en términos netos. Lo de neto aquí debe interpretarse como verdadero crecimiento o verdadera expansión de la frontera de las posibilidades de producción, es decir, aumento conjunto de la actividad económica, de la inversión, de la productividad y del valor añadido de las empresas.

No vale solo con que aumente el consumo, aunque es cierto lo de “a falta de pan buenas son tortas”. No vamos a rechazar ningún tipo de crecimiento y, como hemos dicho ya, ojalá pudiéramos vivir todos en nuestro país del turismo, del comercio, del ocio, del conocimiento, del arte, del entretenimiento y de otras actividades similares. Algunos economistas, por cierto, no ven mucho problema en el desarrollo en nuestro país de una economía basada en esos servicios inmediatos como es el caso de Florida en los Estados Unidos.

Los expertos en crecimiento, sin embargo, no creen en esa posibilidad. La economía es un proceso complejo y total en el que la industria es imprescindible. Y, además, todo tipo de industria, nada de búsqueda de nichos o de renuncia de actividades porque ya hay otros llevándolas a cabo. Nuestro país se ha equivocado en eso en múltiples ocasiones a lo largo de los últimos cincuenta años y ha renunciado a infinidad de actividades industriales por no encontrase con ánimos para competir, innovar y emprender. En la actualidad lo estamos haciendo con los astilleros y la construcción de barcos, dejada ya sin más, a países como Corea del Sur.

Demasiados desmantelamientos y demasiados retrocesos[1]

Una de las últimas etapas de desmantelamiento de la industria y de apoyo a tal proceso con declaraciones como la bien conocida de que la “mejor política industrial es la que no existe”, la vivimos al entrar en la Unión Europea en 1986.

Lo indican hoy con claridad los expertos en crecimiento: “los países europeos necesitan reindustrializarse”. En una entrevista reciente al economista francés, Philippe Aghion, con motivo del otorgamiento del Premio Fronteras del Conocimiento del BBVA y tras publicar su notable libro, El Poder de la Destrucción Creativa. ¿Qué impulsa el crecimiento económico?, ha hecho unas declaraciones con perlas como las siguientes:

“La covid ha sacado a la palestra un gran problema: la desindustrialización. Y la culpa es de la falta de innovación. Hay que invertir en la reindustrialización a través de la innovación, pero el capital riesgo no está suficientemente desarrollado, ni hay ecosistema fuerte de inversores institucionales”

“La crisis ha revelado que Europa no es tan buena como EEUU para la innovación. Las vacunas han surgido sobre todo en USA. Y eso, pese a que el uso del ARN mensajero es una tecnología desarrollada en Europa”

“La destrucción creativa es buena para la innovación verde porque las nuevas empresas no tienen el problema de destruir nada”

“Podemos ser a la vez innovadores y más inclusivos”

No cree Aghion, en ese último sentido, que Europa sea menos innovadora que los Estados Unidos porque dedique más recursos a su Sociedad del Bienestar[2].

Industria vs Servicios

Son curiosas estas declaraciones pues en su libro y exactamente en el capítulo 8, de título, ¿Podemos eludir la industrialización?, habla de la posibilidad de vivir de los servicios y menciona el caso de la India a la que compara con China. Indica el 41 % como porcentaje del sector industrial en ese país y lo compara con el 27 % de la India, destacando el mayor ritmo de crecimiento anual de China en comparación con el de la India. Da cuenta, en cualquier caso, de que el crecimiento actual de este último país, sin duda importante, depende mucho más de los servicios que de la industria manufacturera.

El gran economista español, Jesús Felipe, actual asesor principal de la presidencia del Banco Asiático de Desarrollo (BAsD, ADB), que acumula más de treinta años de experiencia en desarrollo en general y en economías emergentes en particular, al que ya hemos hecho referencia en este blog, lo dice claramente: “la reindustrialización es imprescindible en España y en Europa si no queremos quedarnos irremediablemente atrás”.

De todo lo dicho, por último, sorprende la poca atención prestada por las instituciones de predicción, por Aghion y por otros autores utilizados, a la digitalización y a la cuarta revolución industrial.

Hay muchos libros actuales críticos del capitalismo y de la situación general del mundo y también muchos sobre la digitalización y la transformación digital, pero m uy pocos relacionando estrechamente esas dos dimensiones de la realidad: las dificultades económicas y sociales actuales y las nuevas revoluciones en marcha cono oportunidad para resolverlas.

Entre las publicaciones revisadas recientemente por el autor se pueden mencionar entre muchas más a las siguientes: Kate Raworth, autora de, Economía Rosquilla. 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI; Mariana Mazzucato, Misión economía: Una guía para cambiar el capitalismo, o No desaprovechemos esta crisis: Lecciones de la COVID-19; Rebecca Henderson, Reimagining Capitalism. In a World of Fire; el de Roger L. Martin, When More is not Better. Overcoming America’s Obsession with Economic Efficiency. o el de Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, Good Economics for Hard Times.

Hacia una Nueva Gran Transformación

Personalmente, opino que Estamos a las puertas de una Nueva Gran Transformación similar a la descrita a mediados del siglo pasado por el sociólogo y filósofo austriaco Karl Polanyi (1886-1964) en su libro, La Gran Transformación, del que hay una nueva edición de febrero de 2018.

Es un libro crítico con el capitalismo, con el liberalismo económico y con el mecanismo de mercado, pero que recoge muy bien la historia occidental desde la primera revolución industrial hasta mediados del siglo XX. Una época de cambios profundos en la sociedad que nos llevó a un mundo radicalmente distinto del existente desde los albores de la humanidad.

No debemos olvidar que hasta mediados del siglo XVIII y de hecho hasta 1840, no abandonó el hombre la miseria generalizada, la bajísima esperanza de vida y la vida diaria infame en un mundo que era entonces un verdadero “valle de lágrimas”.

A partir de la Primera Revolución Industrial de la segunda parte del siglo anterior, el XVIII, y sobre todo en los siglos XIX y XX se produjo el proceso prodigioso del crecimiento y el desarrollo basados en la tecnología, la innovación, el emprendimiento y el mismo capitalismo, al que tanto criticamos hoy.

Solo por mencionar algunos aspectos: el PIB per cápita en el año 1000 fue el mismo que en el año 1.  En 1820 el PIB per cápita mundial fue solo un 53 % más que en el año 1000. Un promedio de apenas un 0,05 anual a lo largo de 820 años.  De 1820 a 1870 el crecimiento fue del 0,5 % anual. Entre 1950 y 1973 el crecimiento anual a nivel mundial fue de un 3 %.

Y en un sentido más cercano, recordamos que en el año 1000 la esperanza de vida era de 24 años y un tercio de los nacidos morían durante el primer año. En 1820, todavía en los primeros etapas de La Primera Revolución Industrial era de 26 años, mientras que para 1999 había crecido hasta los 66 años

La esperanza de vida para nuestro país fue en 2019 de 80,2 para los hombres y de 86,2 para las mujeres y aunque haya bajado algo más de un año con la pandemia, las diferencias son abismales en comparación con lo vivido antes de la aparición de la industrialización y el capitalismo.

Digitalización

Ante el panorama incierto y complejo del mundo tras la pandemia, la Digitalización, Transformación Digital o Cuarta Revolución Industrial, como indistintamente llamamos al gran proceso de cambio en el que vivimos, está poniendo delante de nosotros unas posibilidades inmensas.

(Sociedad Comunitaria Activa)

Eso, y fenómenos como la economía circular, la transformación, o transición, energética, el cuidado del medio ambiente, la sostenibilidad y otros, hablan de posibilidades notables de actividad económica y social.

Yo, personalmente, estoy denominando a la etapa en la que ya hemos entrado como «Una Nueva Gran Transformación», recordando a Karl Polanyi y a su libro, La Gran Transformación, ya mencionado.

La digitalización nos permite pensar en términos de eliminar o superar la frontera de las posibilidades de producción de un país al igual que superamos otras fronteras, las del comercio, la educación, la inversión y muchas otras.

Entramos con ella en una economía de los intangibles, una economía de la información y el conocimiento y una economía muy centrada en el individuo y a su creatividad.

Sociedad Comunitaria Activa

La digitalización manejada adecuadamente permite o produce los siguientes efectos:

1.- Vivir del intercambio de bienes, información, conocimiento, sabiduría entretenimiento, deporte, ocio, etc. y además poder hacerlo desde cualquier punto geográfico y quizás en plena naturaleza.

2.- Poner en valor todos los bienes, productos, servicios y recursos naturales disponibles a nuestro alrededor

3.- Devolver la iniciativa a los individuos

4.- Eliminar las fronteras de todo tipo: en el comercio, en la educación, en la logística y la distribución, en el acceso al capital etc.

5.- Desarrollo de un capitalismo sin capital: crowdfunding, business angels, risk capital,

6.- Facilidad para crear empresas

7.- Potenciar el voluntariado.

8.- Revitalizar el trabajo en comunidad, la colaboración y la cooperación

9.- Posibilidad de crear una economía más humana y más a la altura del hombre corriente, con beneficios razonables, sin pelotazos y sin un dominio excesivo del capital

10.- Lo global y lo local se mezclan indisolublemente

11.- Estamos dando a luz, incluso, a una nueva forma de organizarnos económica, social y políticamente. Es lo que venimos llamando Sociedad Comunitaria Activa

A la sociedad y la economía a la que hace referencia dicha denominación dedicaremos los próximos posts


[1] Hago con este encabezamiento un pequeño homenaje a mi gran amigo Santos Juliá, fallecido en octubre de 2019, cuyo último libro fue, Demasiados retrocesos: España 1898-2018, Utilizó esta expresión como homenaje, a su vez, al gran historiador, Ramón Carande, profesor y amigo personal de Santos en la Sevilla de los años 60 y 70 del siglo pasado, época en la que nos hicimos grandes amigos Santos y yo. Carande, según me dijo Santos, utilizaba mucho lo de «demasiados retrocesos» refiriéndose a la historia de España

[2] El País, sábado 26 de septiembre de 2021


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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