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Sociedad Civil e Iniciativa Personal

Seguimos tratando de dar respuesta a la pregunta, ¿qué hacer a la vista de un estancamiento secular de la economía mundial?. Nos referimos al mundo en su conjunto, pero muy especialmente al caso de España, un país, el nuestro, con un elevado desempleo estructural, un fuerte endeudamiento público y privado y un incremento reciente de la pobreza y la desigualdad. La única gran salida que se nos ocurre, ante la imposibilidad de políticas públicas, fiscales y monetarias, es la de poner en marcha a la Sociedad Civil y desencadenar un fuerte papel de la Iniciativa Personal

(Imagen de arriba tomada de la Web Ayse Lucus.
https://www.ayselucus.es/noticia/%C2%BFdeben-depositar-las-sociedades-civiles-con-objeto-mercantil-cuentas-anuales-en-el-registro )

El éxito de la iniciativa personal

En el post anterior hemos hecho mención a la iniciativa privada como una de las claves para enfrentarnos al estancamiento secular. Lo que hay detrás de esa propuesta no es otra cosa que aprender de Silicon Valley, del Oxford Science Park[1], o de cualquier otro centro o parque científico-tecnológico de los muchos existentes en el mundo en la actualidad. Así como de la multitud de focos existentes hoy en los que surgen a diario un gran número de nuevas empresas.

La mayoría de esos parques y clusters empresariales son organizaciones privadas en las que el funcionamiento se basa en tres ejes: 1) inventores privados serios y solventes con ideas o descubrimientos con potencial; 2) grupos de inversión del tipo venture capital orientados a identificar start up con posibilidades y a financiarlas; y 3) hombres de empresa o gestores con capacidad de llevar adelante proyectos tecnológicos-empresariales, los cuales normalmente son aportados por los venture capitals

Que yo sepa hay poca actuación pública en esos casos. Son, la Sociedad Civil, las Empresas y la Iniciativa Personal, poniéndolo todo con mayúsculas para acentuar su papel, las que ponen todo en marcha.

Si uno mira la lista actual de las 10 mayores empresas mundiales en términos de valor bursátil, siete son americanas y una china. Todas, por otra parte, están relacionadas con el mundo digital en el que vivimos y nos adentramos y tienen muy pocos años de existencia, siendo gestionadas en la mayoría de los casos por sus propios fundadores y dueños.

Es decir, puros ejemplos de emprendimiento personal y de proyectos creados abiertamente al abrigo del mercado y de sus fuerzas y mecanismos.

El fenómeno de las start ups

A la pregunta general de lo que cabe hacer ante una situación como la descrita en posts anteriores de estancamiento secular y de manos atadas de los gobiernos en términos de políticas fiscales y monetarias, la respuesta no puede ser otra que la de, “salir adelante por nosotros mismos”.

Hay, de hecho, en nuestro país, más actividad en esa dirección de lo que parece, a pesar del alto desempleo y la precariedad.

El número de start ups es cada vez más elevado y muchas empresas y grupos empresariales desarrollan una labor importante con la creación de incubadoras empresariales, aceleradoras y otros sistemas de aprovechamiento de ideas. Las apoyan con la creación de empresas propiamente dicha, con la financiación inicial necesaria, con asesoramiento empresarial diverso y, en fin, con puesta en el mercado de las start ups y búsqueda de fondos de inversión interesados o accionistas permanentes de diverso tipo.

Telefónica, por ejemplo, en el caso de nuestro país, ha venido realizando una labor importante en este terreno desde hace años, primero con el proyecto Wayra y después con otros proyectos y actividades diversas. Actualmente existen  del orden de 400 start ups en más de 12 países de Europa y Latinoamérica surgidas de la iniciativa de esta compañía y ligadas a ella.

Muchos otros grupos empresariales nacionales y multinacionales con sede en España hacen labores similares, con lo que la dinámica de puesta en marcha de nuevas empresas es importante.

La cultura del emprendimiento y el risk capital

Poco a poco van surgiendo también sistemas novedosos de financiación de nuevos negocios, desde los venture capitals, hasta los business angels, el crowdfunding y otros, desarrollándose así en nuestro país una cultura del emprendimiento. Hasta no hace mucho tiempo nuestra sociedad era muy ajena a dicha cultura. Había y hay, como es lógico, grandes empresarios, pero en términos de masa crítica han sido siempre bastante pocos. Los jóvenes, salvo los que proceden de familias con tradición empresarial, han encontrado tradicionalmente muy extraño crearse su propio trabajo. Sobre todo los jóvenes con formación superior (ingenieros y otros).

Lo anterior es un hecho, con las reservas oportunas, pero al mismo tiempo existen entre nosotros otros hechos de sentido contrario.

El emprendimiento, el autoempleo y el trabajo como autónomo, han sido considerados entre nosotros como un camino obligado para los que no tienen otras posibilidades. Entre los que en España se denominan “autónomos”, un grupo muy numerosos de profesionales, es común declarar que están en él porque no tienen otra alternativa.

La reciente oferta de 8.000 plazas de puestos de trabajo en la Administración Pública a las que optan más de 200.000 personas, es una muestra de lo que indicamos. Muchos de los que se presentarán a las pruebas tienen trabajo hoy por hoy, y así lo declaran, pero les atrae más la seguridad del empleo fijo, el sueldo asegurado, la seguridad social, las pensiones y otros complementos del empleo formal.

Y no se puede negar la importancia de esas dimensiones relacionadas con el trabajo y tampoco se le puede exigir a la gente en general que tengan las capacidades y habilidades para salir adelante económicamente por sí solos, en un mundo tan complicado como el nuestro.

Autoempleo

Todas las predicciones relativas al empleo nos hablan hoy de un futuro con un alto porcentaje de desempleo y con un elevado número de autoempleados. Eso a pesar de que muchos países desarrollados, como por ejemplo Alemania y los Estados Unidos, no tienen desempleo en la actualidad. El segundo de esos dos países, por otra parte, lleva 121 meses de crecimiento continuado, lo que representa el más largo periodo de crecimiento de su historia. El primer trimestre de este año, además, la economía americana ha crecido al impactante porcentaje, para el mayor país desarrollado del mundo, del 3,2.

Es cierto, por decirlo todo, que tales crecimientos se producen por el aumento del consumo, fundamentalmente, y que en el caso de los Estados Unidos, el país muestra, alta precariedad en el trabajo, un aumento alarmante de la desigualdad y un cierto riesgo de crisis financiera. Esto último, más por el exceso de economía financiera, que porque los índices bursátiles estén creciendo demasiado.

El autoempleo, de una forma o de otra, será cada vez más frecuente entre nosotros y hoy por hoy, los llamados autónomos constituyen una clase profesional muy numerosa. De acuerdo con los datos del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), a finales de 2018 el número de autónomos registrados era de unos 3,2 millones, aunque los datos del Ministerio de Industria, Migraciones y Seguridad Social de enero de 2019 dan cifras más ajustadas, basadas en las empresas inscritas en la Seguridad Social.

Los datos del Ministerio

Las llamadas PYMES sin asalariados, o autónomos “propiamente dichos”, eran  1.559.798 1,58.

Las PYMES (con entre 1 y 249 asalariados) eran 1.322.261. Y de estas últimas, las microempresas (con entre 1 y 9 asalariados), eran 1.143.015.

Para dar ya todo los datos del informe de enero mencionado, indicaríamos los siguientes:  

Pequeñas (10-49 asalariados) 154.738

Medianas (50-249 asalariados) 24.508

Grandes (250 o más asalariados) 4.700

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[1] Menciono este parque, perteneciente a la Universidad de Oxford, porque tengo una hija, doctora en Biología, que es investigadora en una de las empresas establecidas en él. Sigo con cierto detalle sus actividades y la gran actividad que se está desarrollando allí en el terreno de la biotecnología.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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