Economía y bien común para el futuro (XX). Seguridad II (72)

Seguridad II Este nuevo post es continuación directa del anterior. Se sigue haciendo una revisión de indicadores económicos y sociales que marcan tendencias y que nos confirman un declinar claro, aunque lento, de nuestro país. Se pone énfasis en la necesidad de actuar y crear dinamismo social, pero al hacerlo, nos percatamos de que en el país no se dan las circunstancias adecuadas para ello. Parte del problema lo identificamos con la inseguridad política, la institucional y la social reinantes entre nosotros, aprovechando esta circunstancia para recordar la cuarta dimensión de la actividad de los gobiernos estudiada por Ben Ansell: SEGURIDAD.

Gastos en I+D

Por último, en lo que se refiere a gasto en I+D, otra variable fundamental para crear una economía vigorosa en el futuro, España sigue estando en lugares muy bajos. Con datos de 2021, ocupa el lugar 31 del mundo o, mejor dicho, el 31 de los que informan sobre este dato. Empleamos en este concepto un 1,43 % del PIB, cuando las cifras promedio a nivel mundial son: 2,87 para los gastos altos; 2,00 para los gastos medios altos; 1,98 para los medios bajos y 0,56 para los bajos.

Es nuestra asignatura pendiente desde hace muchos años y, desde luego, explica nuestra baja posición como país industrial y tecnológico. Estando nuestro futuro hipotecado, salvo si, como dicen algunos, debemos conformarnos con ser un país turístico y de servicios.

Esta última consideración, que oímos a veces en boca de expertos, es triste e inaceptable. Un país como el nuestro incluido desde hace tiempo en el grupo de países desarrollados, no puede olvidarse de la industria y de la tecnología, y, desde luego, un bajo gasto en I+D no ayuda a disponer de una predicción de futuro aceptable en ese terreno.

Otros indicadores más sectoriales

El deterioro del país al que venimos refiriéndonos no significa que no haya indicadores positivos en nuestra economía, y, desde luego, el autor no tiene ningún interés en ocultarlos. Suelen ser de carácter sectorial, lo cual no los invalida para nuestro análisis. Uno de ellos es la digitalización, en la que España se encuentra en un lugar destacado dentro de Europa.

De acuerdo con el reciente informe de la UE, Informe Década Digital 2024, nuestro país está muy bien en conectividad, con una cobertura de fibra óptica del 95,2 % de la población, cuando la media europea es del 64 %. También dispone de un alto porcentaje de cobertura móvil 5G, con un 92 % de la población frente al 89 % de la media europea.

En cuanto a la digitalización de las PYMES también nuestro nivel es destacado y está por encima de la media europea. Lo mismo se puede decir del uso de la Inteligencia Artificial en los procesos empresariales, con un índice de adopción del 9,3 % frente al 8 % de Europa.

Y cabría mencionar también a la Administración Pública, en la que España se sitúa por encima de la media de la UE en indicadores como el uso de servicios de administración electrónica, la disponibilidad de servicios públicos online y el acceso a historiales médicos electrónicos[1].

El caso de las startups

Hay también en nuestro país un cierto dinamismo en lo que se está conociendo como el ecosistema de las startups, sobre todo si se compara con el relativo inmovilismo europeo en términos de emprendimiento e innovación.

Ciudades como Madrid y Barcelona se destacan por el notable florecimiento de empresas tecnológicas y lo mismo ocurre con Valencia Bilbao y Málaga, esta última con un notable parque científico que atrae a emprendedores de todo el mundo.

Las verdaderas empresas de capital riesgo llevan tiempo estableciéndose en nuestro país, realizando su destacada labor de financiación de las inversiones y enseñando a todos el papel de la asunción de riesgos.

Hay varias áreas en las que las startups españolas están muy activas y bien situadas, por ejemplo, en tecnología financiera (fintech), salud digital, movilidad y energías renovables.  Así como en el terreno de la inteligencia artificial, el comercio electrónico y las tecnologías de la información y la comunicación.

Y por mencionar un aspecto positivo más, también en España se ha dado de forma importante el fenómeno de los unicornios (startups que llegan a un valor igual o superior a los mil millones de dólares). Son, con frecuencia, empresas poco sofisticadas y relacionadas con servicios muy básicos, pero no dejan de constituir una base de emprendimiento e innovación.

Actuación y seguridad

Sin querer entrar en dimensiones de carácter político y, mucho menos partidistas, ya que este post trata simplemente de ser objetivo y hablar de hechos y datos, hay un deterioro lento del país, a pesar de fenómenos positivos relacionados con las tecnologías digitales y otras. En unos años, como hemos dicho anteriormente en este blog, el país puede estar fuera de los 20 primeros países del mundo en términos de PIB. Un proceso no solo consistente en que nosotros descendamos sino en que otros suban por su mayor población y crecimiento.

Habría que hacer algo, pero es muy difícil identificar grandes acciones sociales que nos movilicen a todos, especialmente a los jóvenes. Innovación, emprendimiento y tecnología son áreas en las que actuar y en las que muchos jóvenes deberían estar involucrados. Para ello es importante la existencia de dinero abundante, disposición para la inversión, capacidad de asunción de riesgos y un uso adecuado de todo ello. En los últimos años, por ejemplo, se están recibiendo cantidades importantes de la UE, pero es dudosa su utilización en innovación y desarrollo de productos y servicios y en verdaderos proyectos de futuro. Aunque. por decirlo todo, parece que hay areas económicas en las que se está actuando bien publicamente.

La “seguridad” en el país es previa a todo lo que se haga, especialmente la seguridad política, la legal y la social. Las tres pasan por horas bajas desde hace años entre nosotros, con el enconamiento político y la polarización, por un lado, con la inestabilidad del sistema jurídico, por otro, y con los independentismos y enfrentamientos regionales, por uno más.

Precisamente, la seguridad es el cuarto tema tratado por Ben Ansell en su libro, Por qué fracasa la política. Las cinco fallas de nuestro sistema político y cómo evitarlas, que venimos utilizando como apoyo de nuestros argumentos[2].

La trampa de la seguridad. Seguridad II

Es la cuarta tarea de todo gobierno democrático, junto con: la democracia misma, la igualdad, la solidaridad y la prosperidad. También en ella ve el autor una trampa que impide el éxito de los gobiernos. Se trata de: no se puede evitar la anarquía sin exponerse a la tiranía.

Es una expresión algo extrema para casos como el nuestro, que podría renombrase con palabras más suaves: no se puede evitar el desorden sin exponerse a cierto nivel de autarquía o, incluso: la autarquía inicial lleva a un cierto grado de desorden institucional. Esto último, creo yo, es lo que está pasando en España.

Con la particularidad de que, como dice Ansell en su libro, para que todos llevemos una vida “sociable, rica, agradable, sofisticada y larga” se necesita seguridad personal y social. Son palabras literalmente contrarias a las de Hobbes en cuanto a la vida del hombre, “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. Y que en los dos casos están muy asociadas a la seguridad física de las personas, a la no existencia de violencia en las calles, robos y otros delitos y a que exista seguridad social en los negocios, en los bancos y en los sistemas financieros y en otros componentes del funcionamiento de las sociedades.

Creemos que se puede intentar una vida más feliz del hombre y de sus sociedades, y en los últimos dos siglos hemos conseguido desarrollar ejemplos de ello en algunos países y durante algunas épocas. A eso es a lo que llamamos bien común o, en términos más políticos, bienestar.

No hay motivos para no intentarlo de nuevo y en este blog hemos hablado de lo que nosotros mismos hemos denominado “Sociedad Comunitaria Activa”, una forma de organizarnos basada en el sentido de comunidad, en la colaboración y la empatía y en el dinamismo de todos. Muy cercana, por cierto, a la Doctrina Social de la Iglesia.

Unas recomendaciones

Para ello, los políticos tienen que abandonar su enfrentamiento actual basado en ideas extremas de carácter marxista, por un lado, y fascista, por el otro. No se puede construir un mundo mejor basándonos en la lucha de clases, de unos, y en la explotación de las personas y en el poder extremo del capital, de otro. Y, sobre todo, no es aceptable, el odio, la descalificación continua y el enfrentamiento, incluso personal, de unos políticos con otros.  ¿Dónde están la socialdemocracia y el liberalismo conservador de otras épocas? ¿Dónde están, la educación, el buen trato personal, la colaboración y el saber hacer?

Repetición de la palanra clave: Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II, Seguridad II


[1] En la redacción inicial de este post no se había hecho referencia a la digitalización, ya que estábamos manteniéndonos en indicadores macroeconómicos, pero un comentario de un gran amigo, José Antonio Garmendia, me ha hecho revisar estas cuestiones.

[2] Ben Ansell, Por qué fracasa la política, Península, 2023


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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