Muerte por “financiarización” (I)

Seguimos con nuestro análisis del deterioro del bien común en las sociedades desarrolladas en los últimos años, entrando ahora en el fenómeno de la “financiarización” de la economía y en la posibilidad de una muerte por financiarización. No es otra cosa que el crecimiento del sector financiero y la aparición de una “nueva economía”, si se puede decir así, basada en el intercambio de dinero en sí, sin relación aparente con la economía productiva de bienes y servicios. Es un campo de actividad caracterizado por el enriquecimiento sin límite de ciertas personas, alegremente apoltronadas en sus gestoras de fondos, las cuales simplemente esperan a que el capital fluya hacia ellas de forma masiva. En este primer post de una serie de tres, describimos el fenómeno en cuestión e intentamos evaluar su volumen como porcentaje del PIB.

Nuestra actitud, insistimos en ello, es de investigación y análisis desde dentro del sistema. Por nada del mundo adoptamos una posición de crítica o ataque como si estuviéramos mirando a nuestro planeta y a las formas de vida que hemos inventado los hombres desde la Luna. Tenemos familiares y amigos trabajando en el sector financiero y jamas vamos a pretender que dicho sector desaparezca. Simplemente sabemos que el sector está creciendo demasiado, que su funcionamiento y sus prácticas son muy irregulares y que sus efectos colaterales sobre el conjunto de la economía y sobre las personas, empiezan a ser bastante negativos. Dicho crecimiento puede llevarnos, quizás utilizando una expresión algo exagerada, a una muerte por financiarización.

(Imagen de arriba, El jardín del artista en Giverny. Claude Monet. https://painting-planet.com/jardin-de-artistas-en-giverny-claude-monet/ )

Cosas que pueden cambiar tras la crisis sanitaria

Tiempos duros los que vivimos. Saldremos de ellos, probablemente, con grandes transformaciones y posibles mutaciones, económicas, sociales y políticas, como hemos indicado en el post anterior.

Son, efectivamente, duros, inciertos y atormentados, y como siempre, peores para unas personas mucho más que para otras. Nuestras formas de vida, mecanismos de funcionamiento y organizaciones son frágiles y volátiles. Las cosas marchan razonablemente bien para porcentajes, digamos que mayoritarios, de la población de nuestras sociedades durante ciertos periodos de tiempo pero de pronto surgen colapsos como el presente en los que todo se viene abajo.

El que vivimos no tiene un origen económico ni financiero, como otros anteriores, aunque el resultado en estos términos va ser igual de negativo o peor. Algunos proclaman que la globalización se verá seriamente afectada, otros que el turismo y la aviación comercial no volverán a ser lo que eran, otros ven en grave riesgo a las tiendas, bares y pequeños negocios, otros anuncian más reclusión o cocooning (vieja palabra en inglés, acuñada a mediados de los 80 del siglo pasado y que fue utilizada en 1985 como título de una película de éxito, Coocon) con la consiguiente mejora del medio ambiente y el calentamiento global. Y otros, por fin, y en un sentido más positivo aún, hablan de una explosión del uso de Internet, de las reuniones familiares virtuales, de la formación on-line, del trabajo en casa y de los negocios individuales basados en la interconexión.

¿Disminuirá la financiarización?

Cavilar sobre la economía financiera, que era lo que estábamos haciendo, pierde de pronto sentido ante ese posible mundo que se nos viene encima, y más en un momento como el de hoy (24/4/2020) en el que los índices bursátiles, por lo menos en Europa, continúan su tendencia a la baja. Los bancos, fondos de inversión, gestoras de fondos y grandes y pequeños inversores, lo están pasando mal en estos momentos. Los sectores productivos también se deteriorarán en varias direcciones, pero la gran sorpresa es que los “ricos” de los últimos años, es decir, los que forman parte del sector financiero ampliamente considerado, lo empiezan a pasar muy mal.

¿Será ese sector uno de los que no se recupere? ¿Será la economía financiera la gran sacrificada? O, dicho de otra forma, ¿se mantendrán bajos los mercados de valores durante años? ¿desaparecerán muchos de los fondos de inversión y muchas de las gestoras de fondos existentes hoy? ¿disminuirá la actividad especulativa del dinero, los “hedge funds”, derivados y otros, instrumentos de destrucción masiva, como han sido denominados por Warren Buffet (nacido en 1930)?

Nos hacemos estas preguntas porque hasta ahora, una idea preocupante era el excesivo crecimiento del fenómeno al que llamamos “financiarización”, y con él, un aumento de la “economía financiera” o del “capitalismo financiero”.  

Algunos, de hecho, hemos aventurado la hipótesis de que nuestras economías no podrán soportar un determinado porcentaje sobre el PIB de dicha “economía financiera”, o, sector financiero. Si crece por encima de ciertos límites, correremos el peligro de morir por “financiarización”.

Crecimiento del sector financiero

Pero, muchos economistas no admiten ni el uso del término “economía financiera”, ni la posibilidad de existencia de dos economías, la real o productiva y la financiera. La economía, dicen, es solo una y lo financiero es complemento de lo productivo.

No les falta razón, en lo de que la economía es única, por eso quizás sea mejor utilizar la expresión de “capitalismo financiero” o “hipercapitalismo” para aludir a la “financiarización” de la economía

La finaciarización, por otra parte, dicen también, es un proceso natural de nuestras economías avanzadas, resultado de la gran acumulación de capital en mano de los poderosos, pero también en manos de medianos y pequeños ahorradores. Así como de los enormes fondos de las pensiones de muchas personas, los fondos soberanos y otros muchos mecanismos agregadores del dinero.

Por financiarización se entiende el proceso económico que “intenta reducir todo el valor intercambiado (tanto tangible como intangible, tanto de promesas futuras como presentes, etc…) a un instrumento financiero o a un instrumento financiero derivado”. Esto facilita siempre las actividades económicas y no sería negativo en principio.

Peso económico del sector financiero

Lo cierto es que el sector financiero de las economías de los países desarrollados no hace otra cosa que crecer desde hace tiempo. Por lo que se refiere a los Estados Unidos y expresado en porcentaje de dicho sector sobre el PIB, el dato actual está por encima del 8 %. Con porcentajes menores se sitúa nuestro país y otros países europeos, aunque siempre, en la mayoría de ellos con porcentajes crecientes exponencialmente. El gráfico que sigue relativo a los Estados Unidos así lo señala.

Conviene decir que estas cifras no resultan excesivamente claras. Las de este gráfico parece que están calculadas incluyendo los gastos de personal y los beneficios de ciertas instituciones financieras, quizás bancos y otras grandes empresas. Entendemos que los valores del eje de la izquierda están expresados en tantos por 1. En otros estudios, que se pueden consultar en Internet hemos leído que el sector financiero en 2012 en los Estados Unidos había llegado a ser del 7,9 %. Y en otros hablan de porcentajes considerablemente más altos. No son al final estadísticas tan bien elaboradas como otras relativas a magnitudes macroeconómicas calculadas y utilizadas desde hace muchos años.

Sea el porcentaje que sea, lo que sí sabemos es que el personal involucrado en él está muy por debajo de dicho porcentaje en términos de mercado de trabajo y que es un sector con inversión relativamente baja.

Dinero como única materia prima

El problema está en que, si todo es dinero, a un extremo y a otro de los intercambios, estamos creando una nueva economía. En la de siempre, la real, en un extremo estaba el productor de algo, por ejemplo, fruta, y en el otro el usuario que pagaba en términos monetarios. El dinero acompañaba siempre en sentido inverso al producto o servicio y estaba relacionado con el consumo o la inversión.

En la economía financiera lo único que hay, al principio y al final, es dinero, el cual hace tiempo que campa por sus respetos y se mueve solo. ¿Qué pasa si se ponen en marcha muchas operaciones en las que por un lado hay una persona que pone el dinero y, por otro, personas que lo reciben con un cierto coste, con el objetivo, no de producir algo, sino con el de prestarlo a su vez a terceros, estos a cuartos, etc…, generándose así una espiral especulativa?

Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

Comentarios

  1. miguel Responder

    En mi opinión, lo ocurrido con el petróleo la semana pasada, una anéctoda rara en apariencia, es un síntoma temprano de algo mucho mayor, un chirriar que avisa de que al menos parte de la economía financiera está empezando a ser disfuncional en alguna medida. Evolución, como todo en la Humanidad, con la esperanza de que sea a mejor. Qué interesante ver que hay personas que hablan desde el conocimiento. Gracias

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