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El liberalismo y las mejoras en la forma de organizarnos del XIX

Resumimos en este nuevo post los grandes avances del siglo XIX en temas de organización política en Europa. Nos referimos al papel del liberalismo y la Ilustración, así como a las monarquías absolutistas europeas del siglo XVIII y a las constitucionales que las sustituyeron. Mencionamos la aparición de los derechos cívicos y las bases de las democracias modernas. Como es norma en este blog, repasamos finalmente, la evolución de la la pobreza y la desigualdad en el mencionado siglo. Terminando con unas citas a tres autores modernos críticos del capitalismo.

El liberalismo y los derechos cívicos

Resultado de imagen de el gobierno de los pueblos imágenesComo hemos indicado en el post anterior, el siglo XIX fue un siglo liberal y conservador, que vio surgir la industrialización y  su difusión por muchos países. Muy especialmente por todos los europeos y sus extensiones, como  el caso de los Estados Unidos.

Fue también el siglo de las constituciones, del parlamentarismo y de la democracia, así como, en otro sentido, el siglo del socialismo y del marxismo.

En el caso de las concepciones liberales todo procede de los siglos previos, como también se ha indicado en posts anteriores, especialmente del Liberalismo Clásico Inglés del siglo XVII. Lo mismo se puede decir del parlamentarismo y de la monarquía constitucional, es decir, de monarcas controlados por el parlamento, sistema organizativo del gobierno de una sociedad adoptado tempranamente en Inglaterra.

El liberalismo, surgido para reducir el poder de los reyes absolutistas, se basa en la defensa de los “derechos civiles y políticos”, los cuales defienden las libertades individuales frente al poder de cualquier tipo. Son los principios que garantizan la participación de los ciudadanos en la vida civil y política de una sociedad en condiciones de igualdad y sin discriminación de ningún tipo.

Dichos derechos son los que aceptan y aprueban los miembros de una sociedad y los que quedan protegidos por sus leyes. Se distinguen de los derechos humanos, principios que permiten a las personas vivir dignamente y realizarse como seres humanos. También de los derechos naturales, que son aquellos inherentes a la naturaleza del hombre, iguales para toda la humanidad.

Liberalismo e Ilustración

Los últimos, considerados universales, fueron señalados ya en la Roma del siglo anterior a Cristo, por un personaje tan importante como Cicerón (106 a.C a 43 a.C) Se han distinguido históricamente de los incluidos en el derecho positivo, que se recoge en las leyes, y el consuetudinario, relacionado con los usos y costumbres de una sociedad.

Tres derechos naturales como el derecho a la vida, el derecho a la libertad personal, y el derecho a  la propiedad privada, fueron acogidos por el liberalismo inglés y siguen formando parte de sus fundamentos.

No pretendemos entrar a fondo en estas cuestiones de los derechos que sustentan nuestras sociedades, los cuales, por cierto, han seguido aumentando y formando parte de listas de derechos extensas y precisas en las que se han añadido derechos económicos, sociales y culturales. La  “Declaración Universal de Derechos Humanos” de 1948, con 30 artículos y derechos que aunque aceptados nadie puede garantizar, es una referencia básica del mundo actual. Más recientemente, en 1966, y con menos impacto, las Naciones Unidas publicaron el “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos” en el que se recogen aspectos como el derecho a la determinación de los pueblos, el tema de los derechos colectivos  y varios otros.

Sólo queremos indicar en relación con los derechos que han dado lugar a las sociedades modernas, que surgieron con fuerza y de una manera generalizada en el siglo XVIII europeo y que fueron mezcla de las ideas del liberalismo y de la Ilustración. Culminadas en términos de adopción por la sociedad con la Revolución Francesa de 1789.

Monarquías absolutistas

Aunque, por lo que se refiere a países como Francia, España y otros, las monarquías absolutistas fueron la norma en el siglo XVIII. El último rey absolutista francés hasta 1792 fue Luis XVI (1754-1793), guillotinado, como se sabe, en enero de 1793. Su mujer María Antonieta lo fue en octubre del mismo año. Y el hijo de ambos, Luis XVII, que no llegó a reinar, fue encarcelado, martirizado y dejado morir con menos de diez años de edad.

Todavía después de la Revolución y del imperio napoleónico hubo tres reyes en Francia. Fueron Luis XVIII (1755-1824), Carlos X de Francia (1757-1836) y Luis Felipe I de Francia (1773-1850). Eran sobre el papel reyes constitucionales pero Carlos X, por ejemplo, trató vehementemente de volver al absolutismo.

El último rey de Francia propiamente dicho fue Luis Felipe I, quien reinó de 1830 a 1848 y fue ya un verdadero rey constitucional. Fue muy diferente en ese sentido, como hemos dicho, a su predecesor Carlos X y bastante diferente también al tercero, Luis XVIII.

En España ocurrió algo similar con Fernando VII (1784-1833), un rey absolutista, repuesto en el trono en 1808 y que gobernó ese año de marzo a mayo. Tras la expulsión definitiva de España de los franceses volvió a gobernar a partir de mayo de 1814. Una de sus primeras medidas fue la derogación de la Constitución de Cádiz de 1812, la primera constitución española y una de las más liberales de su época. Los monarcas posteriores fueron supuestamente constitucionales pero bastante poderosos e intervencionistas.

En cuanto a los principios y derechos que se abrieron camino en el siglo XIX, no sin dificultades como hemos visto, estaban la gran declaración de la Revolución Francesa, Libertad, Igualdad y Fraternidad, y sus deseos de eliminar las monarquías y los estamentos sociales del Antiguo Régimen. Eran, por encima del pueblo llano y de los pobres, los siguientes: “Rey”, “nobleza”, “clero”, “burguesía”. Se consideraba que todos ellos vivían del trabajo y del sudor de los de abajo.

Soberanía nacional, constitución y separación de poderes

La Ilustración buscaba una sociedad mejor y creía que todos los hombres eran iguales y tenían los mismos derechos, confiando en la razón y en la educación para cambiar las cosas y conseguirlo.

El liberalismo, por otra parte, predicaba la libertad de los individuos, el derecho a la vida y a la propiedad, además de considerar a todos los hombres como iguales y con los mismos derechos. Introdujo además las ideas de, “Soberanía Nacional”, “Constitución” y “Separación de Poderes”.

La primera claramente indicaba que el poder corresponde a todos los ciudadanos, los cuales pueden con sus votos elegir a sus gobernantes y aprobar las leyes que los gobiernen.

La segunda hacía referencia a una ley general que reconoce y protege los derechos de todos los ciudadanos y defiende su libertad e igualdad frente a los poderes de reyes, gobiernos y estados.

La tercera, por último, introducía la existencia de tres poderes para el día a día de la actividad de gobernar: el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

En Inglaterra el parlamentarismo existía desde la edad media ya que incluso bajo el feudalismo surgido a partir de la invasión normanda a primeros del año 1000, los reyes tuvieron que gobernar contando con el poder del clero y la nobleza. Como verdadero poder legislativo que debilitó progresivamente el poder de los reyes existía desde principios del siglo XVIII, cuando surgió el Parlamento de Gran Bretaña. A partir de 1801 fue el Parlamento del Reino Unido el que actuó como poder legislativo de gran importancia.

A pesar de todas estas nuevas ideas y cambios en la organización de los países occidentales, la pobreza fue elevada en el siglo XIX, tal como puede verse entre otras fuentes en los destacados trabajos de Leandro Prados de la Escosura, autor del libro, Spanish Economic Growth 1850-2015, Palgrave Studies in Economic History, palgrave, macmillan, 2017.

Prevalencia de la desigualdad

En el caso de España que se perdió en gran manera la primera Revolución Industrial, el porcentaje de pobreza pasó del 90 % en 1850 al 60 % en 1900. Continuó bajando, por cierto, hasta alcanzar el 40 % en 1929. Ese año volvió a crecer hasta llegar de nuevo al 60 % en 1938, nivel en el que se mantuvo hasta 1950. Ese año, por último, comenzó a bajar de forma continuada hasta los años 90 del pasado siglo.

Por lo que se refiere a la desigualdad, Prados de la Escosura indica que creció continuadamente desde 1492, relacionando claramente dicha desigualdad con el crecimiento económico. Es decir, en tiempos antiguos todos eran pobres y la desigualdad no resultaba ser importante. A medida que hemos ido creciendo económicamente la desigualdad ha aumentado, lo que demuestra una vez más las observaciones de Piketty, en cuanto a que el rendimiento del dinero está siempre por encima del crecimiento de la economía. Observación, por cierto, procedente inicialmente de Karl Marx.

Los datos presentados por dicho autor (Prado de la Escosura) muestran que el índice de Gini era en 1866 de 28, mientras que en 1902 ya había subido a 40[1].

Mark Fisher, Fredric Jameson y Slavoj Žižek

En resumen, el liberalismo, la Ilustración con sus grandes principios, el parlamentarismo y la democracia, el socialismo y los movimientos obreros (a lo que haremos referencia más adelante) y las llamadas de atención en cuanto al Bien Común de la Iglesia Católica, del siglo XIX, no acabaron con la pobreza ni redujeron la desigualdad.

Los estamentos de las sociedades europeas ostentadores del poder defendieron sus posiciones duramente y a costa de revoluciones y sufrimientos. No fue fácil ninguna reforma y de hecho los grandes cambios tuvieron lugar en el siguiente siglo. El poder y el capitalismo, que también es poder, se manifestaron con claridad en el XIX. Muchas reformas fueron sencillamente impedidas y los principios y derechos de los que hemos hablado anteriormente resultaron más retóricos que reales.

El poder continuó en manos de la nobleza, el clero y la burguesía, que impusieron sus leyes; y el capitalismo siguió siendo inevitable. Ya la gente se dio cuenta, como dice Mark Fisher (1968-2017) — un autor al que volveremos– en su libro Capitalism Realism. Is there no alternative?, zero books, Washington, 2009: “que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”[2].

Este autor británico, muerto prematuramente en 2017 con 48 años (se suicidó, de hecho), era consciente de los problemas del capitalismo, especialmente tras la crisis de 2007/2008. Creía, no obstante, en la posibilidad de su reforma desde dentro de él, algo en lo que también cree el autor de este blog.

Fisher, por cierto, está en parte en línea con el popular filósofo esloveno, Slavoj Žižek (Nacido en 1949), el cual dice en sus escritos que el mundo capitalista en el que vivimos está lleno de anti-capitalismo. Apreciación muy cierta.

Este ultimo, es un prolífico autor considerado anarquista y anti-sistema. Su planteamiento básico es distinto al de Fisher. Como buen hegeliano rechaza la teoría marxista tradicional pero crea un marxismo alternativo, creemos que tan idealista (es decir, fuera de la realidad) como el primero. Aunque “la realidad”, siguiendo a Jacques Lacan (19011981), es uno de sus grandes temas de reflexión.

También está Fisher, quizás, en la línea del crítico literario norteamericano de ideología marxista Fredric Jameson (Nacido en 1934), quien ha escrito profusamente en contra  del postmodernismo y cuya obra tiene un claro substrato europeo.

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[1] Se recuerda que el índice de Gini varía entre 0 y 100, o entre 0,00 y 1, correspondiendo el valor más bajo a una mejor distribución de la riqueza o el ingreso, y el más alto al caso de que una sola persona tuviera toda la riqueza de un país o recibiera todo el ingreso de ese país. Se calculan índices de Gini para ambos, riqueza e ingresos.

[2] Frase achacada por el mismo Fisher a Fredric Jameson y al propio Slavoj Žižek


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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