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La pobreza en la primera mitad del siglo XX

Después de varias semanas  sin colgar nuevos posts volvemos en el presente a nuestras consideraciones y reflexiones sobre el bien común. Nos adentramos ahora en el siglo XX, en cuya primera mitad las cosas no fueron excesivamente bien para las clases bajas de los países occidentales a pesar de la industrialización y el crecimiento, fenómenos que tuvieron lugar por primera vez en la historia de la humanidad. Hacemos especial referencia en éste y en los próximos posts al caso de los Estados Unidos y al fenómeno de la Gran Depresión del 29.


Un período catastrófico

Como hemos visto en posts anteriores, la vida para altos porcentajes de la población de los países europeos siguió siendo muy dura a lo largo del siglo XIX. Lo fue a pesar del capitalismo industrial surgido entonces, a pesar de la industrialización y a pesar del crecimiento económico generalizado que tuvo lugar en dichos países por primera vez en la historia.

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La pobreza en los Estados Unidos durante La Gran Depresión

El sufrimiento de las gentes no fue menor en la primera mitad del siglo XX. Según el historiador de la economía británico Arnold Toynbee (1889-1975), la primera mitad del siglo XX fue «un período tan catastrófico y terrible como ninguna nación había conocido hasta el momento. Fue catastrófico y terrible porque, junto al enorme aumento de la riqueza, hubo un gigantesco aumento de la pobreza; y la producción a gran escala, resultado de la libre competencia, condujo rápidamente a la alienación de las clases y a la degradación de un gran número de productores»[1].

Dicho periodo fue similar al siglo XIX en cuanto a las consecuencias del liberalismo económico extremo y el capitalismo sin control asociado a la burguesía y en claro contubernio con los gobiernos de la época. Y tengo preocupación por utilizar estos términos, un poco exagerados, ya que para todo el mundo en aquellos tiempos la organización económica, social y política adoptada en Occidente era óptima. Se creía que el sistema capitalista era natural y espontáneo y beneficiaba a todos por igual pero según sus esfuerzos. Los que más se esforzaban se beneficiaban más y los que menos se quedaba en los niveles inferiores de la sociedad. Estos últimos sencillamente eran responsables de su situación, ellos mismos o sus padres y antepasados.

Dos guerras mundiales y una Gran Depresión

Era óptimo salvo para los movimientos críticos del liberalismo y del capitalismo, claro, que surgieron en el XIX y sobre los que hemos hablado ampliamente en posts anteriores.

La realidad es que fue una época difícil para mucha gente, aparte de las dos guerras mundiales desencadenadas en esos años. La primera de 1914 a 1918 con cerca de 30 millones de muertos, entre civiles y militares, y la segunda de 1939 a 1945, con entre 70 y 83 millones de víctimas. O la civil española de 1936 a 1939 en la que murieron entre 500.000 y 1 millón de personas.

¿Fueron esos acontecimientos y la Gran Depresión ocurrida entre el primero y los otros dos, consecuencia del sistema organizativo adoptado en Occidente?. No parece desde luego que el capitalismo o el liberalismo económico tuvieran capacidad para ello. Las guerras en esas épocas estuvieron causadas por el afán de poder y de conquista de determinados gobernantes y determinados países obsesionados por asegurar su influencia y dominio sobre grandes áreas del mundo. Fueron asuntos de política y geopolítica, en los que la economía jugaba un papel, sin duda, pero no necesariamente la organización económica propiamente dicha.

Pero, desde luego, la crisis económica iniciada en 1929 — el “crack del 29” es otro de los nombres con el que se conoce–  y que duró casi una década, sí que fue causada por el liberalismo económico, por el exceso de economía financiera, por la especulación, por la falta de regulación y por políticas económicas erróneas.

Altos porcentajes de la población americana sufrieron las consecuencias

El resultado en un país como los Estados Unidos en el que se desarrolló aquella crisis, de forma similar a la más reciente de 2007/2008 ya comentada en este blog, fue de un impacto negativo inusitado. La reducción del PIB americano en los años 1930, 1931 y 1932 fue, respectivamente, del 9,9; 7,7;y 14,9 %.

Algunas otras estadísticas hablan de tasas de desempleo en USA del 25 % y en otros países de más del 30 %. El comercio internacional disminuyó en más de un 50 % y los precios agrícolas bajaron en USA en más del 55 % en el periodo más duro de la crisis.

Altos porcentajes de la población norteamericana sufrieronlas consecuencias de una forma increíble, entre otras cosas porque las injusticias económicas y políticas fueron altas y el gobierno de la época actuó de forma decisiva en favor de los propietarios y del capital. Muchos agricultores fueron expulsados de sus tierras por las autoridades atendiendo a las demandas de los bancos.

Se empleó la fuerza, se usaron armas y hubo muertos entre la población pobre desahuciada.

Lo peor de la crisis por lo que se refiere a los Estados Unidos, tuvo lugar en los tres primeros años, pero el alto desempleo duró bastantes años más. En 1940 el desempleo era todavía de un 10 %.

El mandato de Herbert Hoover

La Segunda Guerra Mundial vino a resolver el problema. Es duro decirlo, pero el crecimiento en los Estados Unidos fue en los cinco años que van de 1940 a 1944 de, 8,8 %, 17,7 %, 18,9 %, 17,0 % y 8,8 %, respectivamente.

El presidente de los Estados Unidos en la primera época del crack fue Herbert Hoover (1874-1964). Su mandato coincidió con lo peor de ella, de 1929 a 1933, y aunque era un republicano muy estricto y un claro partidario del liberalismo económico y del capitalismo, no tuvo más remedio que adoptar medidas intervencionistas para mejorar la situación. Tuvo que crear trabajo para desempleados, puso en marcha obras públicas de cierta envergadura, adoptó medidas proteccionistas de la producción nacional con aumento de aranceles, subió de forma importante el límite máximo del impuesto de la renta de las personas físicas y también los impuestos sobre los beneficios empresariales.


[1] Citado por Sylvia Nasar en La gran búsqueda.


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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