dolfo Castilla habla de socialismo

Interpretaciones sociales radicales

Ademas de los avances y transformaciones de todo tipo y de gran envergadura que se produjeron en el siglo XIX, a los que se ha hecho referencia en los posts anteriores, tuvo lugar en él también, por lo que se refiere a Europa, la aparición de interpretaciones radicales sobre cómo organizarnos y cómo vivir en sociedad. Tuvieron que ver, sobre todo, con el “socialismo” o los “socialismos”,  surgidos en principio de la toma de conciencia de determinadas personas y grupos en cuanto a las difíciles condiciones de vida en aquellas épocas de altos porcentajes de la población. Anchas franjas de personas, no solo del mundo, sino de Europa, vivían muy mal en el mundo capitalista surgido de la Primera Revolución Industrial, que, no obstante, había inventado la industrialización, el crecimiento y la acumulación de capital. Fue un siglo de revoluciones y de revolucionarios, y a pesar de ello, un periodo de la humanidad el que dichas condiciones de vida no mejoraron significativamente.

(Imagen del principio tomada de la presentación SlideShare, SOCIALIMO. https://www.slideshare.net/jaionetxu/el-socialismo-61052482)

Resultado de imagen de proletario. Interpretaciones sociales radicalesGrandes transformaciones del Siglo XIX

Por lo que llevamos visto en los últimos posts, el siglo XIX fue un siglo de grandes transformaciones. Entre muchos otros fenómenos y acontecimientos relacionados con la forma de vida de los hombres y la organización de sus sociedades, fue testigo de los siguientes:

  • la expansión de la Primera Revolución Industrial;
  • la difusión de las revoluciones científica y tecnológica europeas de los siglos XVI al XVIII y la emergencia de la ciencia y la tecnología como actividades humanas fundamentales;
  • la aparición de la tecnología moderna con avances como la utilización masiva de la máquina de vapor, con el ferrocarril o la navegación a vapor como grandes aplicaciones, así como lo primeros usos de la electricidad con la aparición del telégrafo en su primera mitad y el teléfono hacia su final, además del motor de combustión interna y muchos otros avances premonitorios de las grandes revoluciones tecnológicas del siglo XX;
  • la difusión de las ideas racionalistas y humanistas de la Ilustración;
  • la puesta en práctica de las ideas igualitarias de la Revolución Francesa de 1789;
  • la generalización del liberalismo como idea central de la organización de la sociedad;
  • la aparición del capitalismo moderno y del mecanismo de mercado como motor del mundo y el descubrimiento del crecimiento exponencial de la economía;
  • la implantación en Occidente del parlamentarismo y la democracia.

Interpretaciones sociales radicales sobre la organización de la vida en común de nuestras sociedades

Fue también, y a eso queremos referirnos ahora, el siglo del socialismo y de las interpretaciones radicales diversas sobre cómo vivir y organizarse en sociedad.

Para empezar, en el siglo XIX volvieron a utilizarse, o se introdujeron de hecho en el mundo moderno, los términos “proletario” y “proletariado”. Son términos deducidos de “proletari”, utilizado en la antigua Roma para designar a los miembros de la sexta clase social. Constituían la clase social más baja, la cual no podía pagar impuestos ni durante mucho tiempo servir en los ejércitos. El nombre procede de “prole”, es decir, de tener hijos; único papel que le asignaba la sociedad.

Parece que en el siglo XVI volvió a utilizarse el término en la Inglaterra preindustrial para designar la cuarta clase social existente en el país, o clase más baja. Por debajo de la nobleza, el clero y la burguesía.

Más adelante, la Revolución Francesa de 1789 le asignó un significado algo más preciso. Los proletarios eran miembros de la sociedad que no poseían otra cosa que su capacidad de trabajo, manual generalizadamente, para ganarse la vida, pero que eran gentes conscientes de su situación y activos en cuanto a luchar por la consecución de sus derechos.

Para el activista político, libertario y revolucionario francés, Auguste Blanqui (1805- 1881) la palabra proletario tenía dos significados, uno el de obrero pobre y otro el de obrero consciente de su clase y concienciado contra el capitalismo. Pronto se distinguieron del “lumpemproletariado”, escrito a veces como, “lumpenproletariado”, sobre todo con el marxismo y el comunismo, concepciones radicales estas últimas, sobre cómo organizarnos contrarias al capitalismo.

Socialismo, comunismo y marxismo

El comunismo, como pronto veremos, se apoyó para su objetivo primordial que es la Revolución y el cambio total de sistema, en los proletarios, hacía los que iban dirigidas todas sus concepciones y con los que contaban para organizar la nueva organización productiva, económica, social y política que buscaban. Marx y Engels escribieron ampliamente en su libro de 1845, La ideología alemana, sobre esta clase social y mucho también sobre el “lumpemproletariat”, término alemán procedente de la palabra alemana lumpem (andrajo/andrajoso) al que estos autores consideraban situado por debajo del proletariado en condiciones de vida y posibilidades de trabajo, y cuyos componentes eran elementos degradados de la sociedad, desclasados o sin conciencia de clase. Con frecuencia dependientes y a veces partidarios de la burguesía de la que dependían y que no eran válidos, por tanto, para la mencionada Revolución.

El marxismo, sobre todo, que hay que diferenciar del comunismo, surgió en el siglo XIX como interpretación intelectual, opuesta y enfrentada al capitalismo, sistema contra el que se posicionó frontalmente y al que pretendía, no solo sustituir, sino  eliminar de raíz de la faz de La Tierra.

El origen del marxismo está en lo que se llamó, también en el siglo XIX, “socialismo”, denominación anterior que procede de algunos autores italianos del siglo XVIII seguidores de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) y de su “contrato social”.

El uso del término “socialismo”

Más adelante, hacia 1830, comenzó a utilizarse en paralelo en Inglaterra y Francia en relación con las ideas sociales, económicas y políticas de autores de estos dos países, como Robert Owen (1771-1858), en el primero, y Henri de Saint-Simon (1760-1825), en el segundo. Se le asigna a un saintsimoniano, o seguidor de este último autor, Pierre Leroux (1797 -1871), periodista entre otras cosas, el uso y difusión del término socialismo.

Posteriormente, y de forma natural y espontánea, se fue utilizando, sobre todo en Francia, la palabra “comunismo”. Ambas palabras se referían al pensamiento, ideas y reformas sociales que promovían muchos autores ilustrados de la época, y también a los movimientos sociales y revoluciones de todo tipo que se desarrollaron a lo largo del siglo XIX en toda Europa. Dichas revoluciones tuvieron su epicentro en Francia y muestran lo que costó eliminar el Antiguo Régimen, a pesar de la Revolución Francesa de 1789 y de sus ideales de libertad, fraternidad, igualdad y unidad.

Las palabras en cuestión – socialismo y comunismo — hacían referencia a nuevas formas de organización de la vida en sociedad basadas en la solidaridad fraternal, la vida en común, el igualitarismo, la colectivización de la producción, la eliminación de la propiedad privada y la intervención del Estado. Estaban muy relacionadas con la “cuestión social”, un término del XIX que canalizó las inquietudes de religiosos, políticos en intelectuales sobre los problemas de pobreza, explotación, insalubridad y malas condiciones de vida de las clases bajas, con especial referencia a los trabajadores.

El marxismo como actividad intelectual

No vamos a recordar aquí la vida difícil de familias completas trabajando en el interior de las minas, viviendo a las puertas de las mismas, con jornadas de trabajo de 14 horas, niños esclavizados y salarios insignificantes. Vidas miserables que han sido explicadas con detalle en múltiples publicaciones de historia y a las que Charles Dickens (1812-1870) y otros novelistas de aquellas épocas se refirieron con agudo sentido de crítica social.

El sustrato racional y teórico de los diversos socialismos, del comunismo e, incluso, de la socialdemocracia, lo suministró el pensador, filósofo, economista, sociólogo y periodista, además de revolucionario, Karl Marx (1818-1883). Creó, o dio lugar, a lo que se ha denominado “marxismo”, término que a veces va unido a los de socialismo y comunismo pero que en sentido estricto debe ser considerado como algo más intelectual y teórico.

Autoritarismo político

Dedicaremos atención en los próximos posts a las interpretaciones radicales de corte socialista surgidas en el siglo XIX, pero para terminar este primer post y dar paso a ello, volvemos a recordar la pobreza, desigualdad y deficientes condiciones de vida de un porcentaje alto de la población europea que perduraron en tal periodo de la historia. Y eso a pesar de la industrialización de diversos países que tuvo lugar en dicho siglo, de la inversión en infraestructuras de transporte y comunicación que se realizaron, del crecimiento económico y la creación de actividad y empleo que tuvo lugar, y, lo más curioso, de las revoluciones de todo tipo y protestas sociales generalizadas que se extendieron por todos los países europeos.

El antiguo régimen se resistió a desaparecer, especialmente con el apoyo de los países de la Europa Central: Imperio Austro-Húngaro y Prusia. El autoritarismo de dirigentes como Otto von Bismarck (1815-1898) y los éxitos militares de Prusia que culminaron con la creación en 1871 del Imperio Alemán, contribuyeron a una situación increíble de falta de libertad de expresión, control de las sociedades europeas en todos los sentidos, cierres de medios de comunicación y persecución de los revolucionarios, tan abundantes en la época. El capitalismo fue protegido por las autoridades y el liberalismo económico extremo fue la norma.

Liberalismo económico y capitalismo

No resulta extraño que se desarrollara en aquellos años un capitalismo rudo y explotador, en el que se reprimió con fuerza, hasta finales del siglo XIX, la creación de asociaciones y sindicatos protectores de los trabajadores. Es curioso, sin embargo, que Bismarck fuera también el estadista creador de la Seguridad Social, primer introductor en Alemania del germen de lo  que se llamó Economía Social de Mercado y, probablemente, de las semillas  de lo que hoy conocemos como Sociedad del Bienestar.

Parece que en el caso de Bismarck fue una maniobra para dar de lado a los sindicatos y hacer cosas en beneficio de los trabajadores que los distanciaran de ellos, pero en cualquier caso sus medidas de protección social están ahí muchos años después.

Para lo que importa en este blog que es el análisis de la pobreza, desigualdad y condiciones de vida en general de la población, la verdad es que en el siglo XIX se avanzó muy poco. Todos los esfuerzos de los revolucionarios y reformadores quedaron en la crítica teórica al capitalismo y en la motivación y concienciación de la clase obrera sobre su situación.

Es una pena que en tal cometido triunfaran, al menos teórica e intelectualmente, las posiciones más radicales y críticas ya que es probable que de tal triunfo se derive el hecho de que muchas cosas sigan sin arreglarse en nuestras sociedades. No es fácil en este sentido, desmantelar un sistema tan espontáneo y natural como el mecanismo de mercado y el capitalismo inherente a él, con objetivos además, tan irrealizables y tan extremos como la igualdad y fraternidad total y el comunismo mundial. Además de proponer para la consecución de esos objetivos fórmulas tan inconcebibles, al menos hoy, como la “dictadura del proletariado”. Aparte de los fracasos manifiestos de todas sus aplicaciones prácticas que hoy conocemos.

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La bibliografía sobre el tema del presente y próximos posts es muy abundante, después de casi dos siglos de millones de estudiosos dedicados a la cuestiones sociales y a las formas de organizarnos para vivir en sociedad y subsistir. En Internet además pueden encontrarse excelentes resúmenes, en Wikipedia y en otras plataformas, los cuales son tanto más fiables cuanto mejores son las citas de obras conocidas que utilizan. Iremos dando algunas de esas citas, pero de momento mencionamos varias de las publicaciones recientes consultadas, no porque sean muy importantes sino por su actualidad: 1) Breve historia del Socialismo y Comunismo, de Javier Paniagua Fuentes, Nowtilus Sober, 2010; 2) Karl Marx Llamando a las puertas de la revolución, Edición de Constantino Bértolo, Penguin Clásicos, Barcelona, 2017; 3) De la indignación a la esperanza. Construir la España del bienestar es posible, de José carlos Díez, Plaza Janés, Barcelona; 4) El Capitalismo. ¿Bastan las leyes del mercado para regular la economía?, de José Luis Fernández Fernández, Digital Reasons, Madrid, 2015, entre muchas otras.

Se utilizan también manuales diversos como, The Concise Encylopedia of Economics, Editada por david R. Henderson, Liberty Fund, Indianapolis, 2008. Así como clásicos como, Historia económica mundial. Desde el paleolítico hasta el presente, de Rondo Cameron, Alianza Editorial, Madrid, 2002 o Democracy & Capitalism, Property, Community and the Contradictions of Modern Social Thought, de Samuel Bowles y Hebert Gintis, Basic Books, New York, 1986. Además de tener siempre a mano las publicaciones de hace unos años de Mark Blaug y las sólidas obras de Eric Hobsbawm, E. P. Thompson, Isaiah Berlin, Karl Popper y otras.

 


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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