Adolfo Castilla Incompatibilidades

Incompatibilidades y fenómenos contrapuestos

Nos referimos en este post a las incompatibilidades que parece haber entre objetivos deseables de nuestras sociedades. Hacemos mención para ello a acontecimientos cercanos a nosotros como la carta de Jean-Claude Trichet, presidente en 2012 del BCE al presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y las políticas de austeridad de Mariano Rajoy en los años siguientes. Las tres grandes actuaciones de este último gobernante, saneamiento bancario, reforma del mercado de trabajo y austeridad en el gasto público, se han hecho a costa de los contribuyentes y han producido un deterioro importante del bien común. A pesar de ello, y como sabemos todos, España es un ejemplo de recuperación económica, restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos y mejora del empleo. Justo ahora, por otra parte, se presta atención al aumento de los salarios, al incremento de la renta disponible de las familias y a una posible actualización de las pensiones.

(Imagen del principio tomada de AYSE LUCUS SLP.    http://www.ayselucus.es/tags/recuperaci%C3%B3n-econ%C3%B3mica)

Sacrificar a algunos para salvar a todos

Imagen relacionada con las desigualdades económicas
Viñeta de EL Roto 

En la Introducción del libro de Antón Costas mencionado en el post previo al presente, hay una referencia al momento de cambio radical de política económica adoptado por Zapatero hacia el final de su mandato, obligado por las autoridades europeas, especialmente el BCE. Merece la pena recoger literalmente lo escrito por este autor en la página 25 del libro que comentamos:

“Quedará como un caso de ignominia democrática la carta privada que el presidente en aquel momento del BCE, el francés Jean-Claude Trichet, envió al presidente de Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, exigiéndole la reforma exprés de la Constitución para establecer la prioridad del pago a los prestamistas antes incluso que la atención a las necesidades sociales básicas internas, como la sanidad, la educación y las prestaciones sociales de los más pobres”.

Costas pone énfasis en la intervención de una institución técnica como el BCE en temas políticos y recoge el hecho de que algún  tiempo después diversas instituciones internacionales criticaron tal intervención realizada por quien no tiene legitimidad democrática para realizarla.

Para mi, el problema más grave no es ese, sino el hecho tan frecuente en nuestro mundo en relación con la economía, de que, “para evitar el hundimiento de la balsa hay que tirar al mar a algunos de sus ocupantes”.

Eso es lo aterrador de nuestro sistema de funcionamiento. Desde un punto de vista personal yo atendería siempre y en primer lugar a los necesitados, pero una y otra vez vemos que eso puede hacer naufragar a la balsa.

Hay que pensar, desde luego, que los gobiernos antes o después se ocupan de mejorar las condiciones de vida de todas las personas, pero eso se consigue siempre a largo plazo, mucho más lentamente que su deterioro y contando con la recuperación económica. Con frecuencia nuevas crisis hacen su aparición antes del restablecimiento del nivel adecuado de bien común

La incompatibilidad entre equilibrio económico y bien común

No me gusta ni discutir este tema porque no es fácil aceptar que lo primero es salvar el capital y, como consecuencia, admitir el sacrificio de los de siempre: clase media, pobres y necesitados. Pero ese es casi siempre el caso.

La austeridad adoptada en 2012 por el gobierno de Mariano Rajoy es una más de esas situaciones. El Gobierno de entonces tuvo que sacrificar a grandes porcentajes de la población española para salvar la economía del país en su conjunto, y no sólo la española sino también la europea. Mantener el Euro nos costó mucho a los españoles de a pie.

Todo eso fue un ejemplo más de la incompatibilidad o contraposición entre fenómenos económicos que se dan en nuestras economías desarrolladas. Equilibrar la economía parece ser incompatible con mantener un buen nivel de bien común.

Lo mismo se puede decir en cuanto al rescate de la banca española de esos años del que tanto se ha hablado y que ascendió a 60.000 millones de Euros. El tema está vivo  en nuestros días, varios años después, porque entre otras cosas no se recuperará nada más que una parte de lo que se destinó a salvar a cajas de ahorros y bancos. El dinero se recibió del BCE y el Estado tiene que devolverlo, sacándolo, como siempre, de los contribuyentes.

La gente se pregunta por qué se salva a los bancos y no se salva a otros negocios o a otros miembros de la sociedad, por ejemplo a los que no pueden pagar sus hipotecas y se quedan sin sus casas

La respuesta ya la sabemos y los gobernantes se refieren a ella abiertamente: porque el dinero de los bancos e instituciones que prestan no es suyo sino de los ahorradores que se lo dejan en depósito.

Un sistema financiero superprotegido

Como es bien sabido, el capital que mueven los bancos es hasta un 97 % de sus clientes y con sólo un 3 % de capital y reservas no se puede hacer mucho. Incluso cuando se indica que el rescate de los bancos debería ser pagado por sus propietarios y gestores, pues ellos han sido los que han hecho mal las cosas, las cuentas no salen.

Y hay un aspecto adicional, los rescates salvan a los accionistas y ahorradores de los bancos, admitamos eso, a costa del contribuyente que es el que tiene que hacer frente a la deuda contraída por el Estado, como hemos dicho. Pero entre esos accionistas y ahorradores están muchos contribuyentes, pero no están todos. Al final hay una cierta injusticia en estos actos. Todos pagamos por los errores de algunos y por salvar a algunos ahorradores.

El cuadro total queda dibujado en todos sus aspectos si tenemos en cuenta que salvar a bancos enfermos es salvar a todo el sistema de funcionamiento económico de un país, es decir, salvar el capital y lo que llamamos sistema capitalista.

Se podría decir que los rescates pretenden restablecer el equilibrio económico de los países ya que como todo el dinero está interrelacionado, y los bancos especialmente están interconectados unos con otros, el hundimiento de un banco puede acarrear un hundimiento generalizado de la economía.

Los estudiosos de estos temas que además somos personas razonables estamos dispuestos a admitir este funcionamiento, parcialmente injusto, de nuestras sociedades, pero eso no quiere decir que estemos ciegos en cuanto a cómo son de verdad las cosas. Se ha referido muchas veces a ellas Noam Chomski (nacido en 1928) en sus libros, entre otros autores críticos de nuestras economías y sociedades.

Mecanismo de mercado para unos y estatismo para otros

En el último número de Babelia del 10 de marzo, la revista cultural de El País de los sábados, se publica una entrevista hecha a este popular lingüista y crítico social con motivo de su cambio de Universidad a casi sus noventa años. Del MIT se traslada al Departamento de Lingüística de la Universidad de Arizona en Tucson, al borde del desierto de Sonora.

Dice, entre otras cosas, que el neoliberalismo en el que llevamos más de 40 años ahora, es liberalismo económico solo para los pobres a los que se imponen las leyes de mercado, los impuestos y las contribuciones. Las grandes corporaciones y el capital en su conjunto son estatistas — marxistas dice Chomski– y viven de la protección y el apoyo económico del Estado.

Y la cosa se complica, en mi opinión y sin pretender exagerar o asustar, con la economía financiera desarrollada en los últimos años. Una economía creadora de artificialidad, especulación, desigualdad y burbujas sin fin. Una economía en la que solo participan los que tienen dinero. Unos mucho, que son los más activos se muestran en que el “dinero produzca dinero”, y otros menos, que son compañeros de viaje que posibilitan el sistema financiero-especulativo de los fondos de inversión, los hedge funds y los derivados. Así se perpetúan unos mecanismos perniciosos para todos.

A este último tema dedicaremos los próximos posts. Prestaremos atención a las críticas sobre los mercados financieros realizadas en los últimos años  por autores destacados, como Robert Shiller. También, como es lógico, a sus esfuerzos para conseguir unas finanzas que contribuyan a la creación de una sociedad justa.


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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