Economía y bien común para el futuro (XVI). Igualdad (68)

Igualdad. Seguimos glosando en este post la obra de Ben Ansell, Por qué fracasa la política. Lo que este autor llama “trampa” nosotros lo conectamos a lo que hemos denominado en varios posts anteriores, incompatibilidades, incongruencias y contradicciones. Nos centramos en la igualdad de condiciones de vida de las personas, un objetivo razonable en ciertos términos que no se alcanza y del que nos estamos alejando severamente en los últimos 15 años.

Como muchas otras cosas en nuestras vidas, la de equilibrios entre extremos perniciosos de esta y otras variables, son esenciales para conseguir el bien común en nuestras sociedades. El politólogo norteamericano, catedrárico de la Universidad de Oxford desde 2013, cree que la igualdad está sometida a la trampa de que no se pueden conseguir a la vez los máximos derechos individuales y la máxima igualdad.

Nosotros estimamos que esto es cierto y anotamos que para conseguir el mayor bien común posible es necesario alcanzar un cierto equilibrio entre derechos de las personas e igualdad de resultados de las actividades económicas y sociales.

(Imagen de arriba, paisaje alpino del grossglockner, Austria)

Una breve toma de contacto con la realidad

En relación con el bien común, tema al que se dedica la serie de posts que venimos publicando en los últimos meses en este blog, y en la que se incluye el presente, conviene mencionar el Informe, Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), realizado por el INE y publicado ayer mismo, día 26 de febrero de 2024. Se refiere al año 2023 y está realizado usando la metodología AROPE (Personas en riesgo de pobreza y de exclusión social) de la Unión Europea.

Los principales resultados tomados del propio informe son:

  • El porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social aumentó hasta el 26,5%, desde el 26,0% de 2022.
  • El porcentaje de población que se encontraba en situación de carencia material y social severa aumentó hasta el 9,0%, frente al 7,7% del año anterior.
  • El ingreso medio por persona alcanzó los 14.082 euros en 2022, con un crecimiento anual del 8,3%.
  • El 9,3% de la población llegó a fin de mes con “mucha dificultad”, frente al 8,7% d2022.

De ellos se deduce que la situación no es buena en el país y que las condiciones de vida se deterioran, aunque sea ligeramente. Y eso, a pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno en relación con el aumento del salario medio, la ayuda directa a las familias más vulnerables, la revalorización de las pensiones, la reducción del IVA de los alimentos de primera necesidad y otras. Y, a pesar también, de un crecimiento del PIB para 2023 que puede estar en el 2 %.

El peligro de los promedios

Haciendo notar por nuestra parte, que no debemos utilizar los datos promedio para quedarnos tranquilos. Un 26,5 % de la población supone del orden de doce millones y medio de personas. Además, claro está, de que, de esos doce millones y medio, hay un 9 % de la población total, es decir, cuatro millones doscientas mil personas, directamente en situación de “carencia, material y social severa”. Entendemos en ese sentido que el 9 % de los más pobres está incluido en el 26,5 % en riesgo de pobreza y exclusión social.

Menos mal que existen en nuestro país instituciones diversas de ayuda directa a las personas, entre ellas las de la Iglesia Católica. Nos hemos referido a ellas en otros posts de esta serie y sabemos que son importantes, aunque solo ayuden a la subsistencia.

Igualdad y desigualdad

La igualdad, tema al que más específicamente dedicamos este post, no cabe duda de que disminuye entre nosotros. Y para apreciar su magnitud solo hay que mirar a los resultados económicos de las instituciones financieras y a los de los que tienen capital acumulado que invierten en acciones y en participaciones en fondos de inversión. Es la economía financiera la única que medra en nuestro país en estos tiempos.

En relación con esta cuestión, seguimos glosando el libro de Ben Ansell, Por qué fracasa la política, cuyo primer tema, la democracia, hemos tratado en el post anterior. Explicamos allí que Ansell considera cinco temas básicos de la organización de nuestro mundo, democracia, Igualdad, solidaridad, seguridad y prosperidad, utilizando en todos, el mismo tipo de análisis. Describe lo que son cada uno de ellos y el papel que desempeñan en nuestras sociedades como áreas de incumbencia de los políticos y de los gobiernos, habla en cada uno de las “trampas” que impiden su buen funcionamiento y detalla la posibilidad de superar estas últimas en cada una de las cinco áreas.

Es algo parecido a lo que yo mismo he tratado en otros posts: las incompatibilidades, incongruencias o contradicciones que se dan en la ciencia económica y en el capitalismo mismo. De forma simple recordaríamos casos como, a) la eficiencia como enemiga de la igualdad; b) el crecimiento económico productor de efectos colaterales perniciosos o “externalidades negativas”; c) el aumento de la población causante de la disminución de la productividad total de los factores; d)  el neoliberalismo extremo destructor del verdadero liberalismo; e) la innovación y la tecnología que están siendo tachadas en la actualidad de contraproducentes para el equilibrio económico y social, para el empleo y para la vida de las personas.

Las leyes económicas

La teoría económica en general y todas sus leyes, en cualquier caso, tienen esas características. Si los tipos de interés suben, por ejemplo, la inversión baja y si lo hacen los precios el consumo disminuye. Y lo mismo ocurre con las leyes básicas de la oferta y la demanda. Si los precios suben hay una tendencia a producir más y, en cuanto al consumo, si los precios bajan el consumo tiende a aumentar.

En este último caso, la teoría económica ofrece el gráfico consistente en combinar las dos curvas, de demanda y de oferta, para encontrar un punto de equilibrio. Todo esto es valioso para discutir lo indicado en el libro citado anteriormente. Dicho gráfico se ha incluido al principio.

La trampa de la igualdad

Ben Ansell, el autor del libro que venimos utilizando desde hace un par de posts, dedica la Parte II a la Igualdad, como hemos dicho más arriba en este escrito. Hay en ella tres cuestiones, como en el resto de las cinco partes que desarrolla en él: 1) explicar lo que es la igualdad en un país, 2) detallar en qué consiste la “trampa” de la igualdad y 3) describir cómo escapar de dicha trampa.

Cree, en concreto, que la trampa de la igualdad consiste en lo siguiente: la igualdad de derechos y la igualdad de resultados son mutuamente excluyentes.

Incluye numerosos ejemplos en los que, si se potencian y protegen los derechos de las personas, es decir, si la libertad de acción y la iniciativa de los individuos es primordial, la desigualdad es una consecuencia. Así como de lo contrario, si se busca la igualdad es inevitable la disminución de los derechos individuales.

Especialmente es esto cierto en el terreno económico. Si queremos reducir los resultados desiguales deducidos de la libertad económica en todos los sentidos necesaria para que funcione el mecanismo de mercado, es muy probable que tengamos que reprimir los derechos económicos y probablemente también, los civiles y los políticos.

Lo estamos viendo en los días en que esto se escribe. Sin ir más lejos, en las protestas de los agricultores y ganaderos europeos. Con la particularidad de que, en este caso, y paradójicamente, se dan lo,s dos fenómenos:  por un lado, se pide mayor libertad de acción y menos regulación en cuanto a la producción agrícola y ganadera para conseguir mejores resultados económicos y, por otro, se demanda protección frente a la producción de otros países.

La búsqueda de equilibrios como fórmula

En cuanto a las medidas a adoptar, Ansell no da recetas, pero sí proporciona muchos ejemplos de áreas sobre las que se podría actuar para superar la trampa de la igualdad, asumiendo siempre una libertad necesaria para que funcione el mecanismo de mercado y una regulación imprescindible pero que debe ser moderada e inteligente. Se detiene, por ejemplo, en los impuestos sobre los ingresos y sobre el patrimonio, en la educación, en la “predistribución”, es decir, distribuir vía salarios razonablemente altos y empleo para todos, y en los repartos finales vía, seguro de desempleo, seguridad social, sanidad pública, jubilación y otras medidas, las cuales, como es lógico, no rechaza.

En todos los casos, considera que la búsqueda de equilibrio es fundamental. Debe haber un óptimo, añado yo, entre la libertad y el respeto a los derechos de las personas y la igualdad razonable de todas ellas. La búsqueda de dicho óptimo es fundamental y en ello deben estar implicados todos los estamentos de nuestras sociedades: las empresas y los empresarios, los gobiernos y los políticos y la sociedad civil misma.

Y, para finalizar este post, que no quiero que sea muy extenso, deseo recordar el objetivo de esta serie de posts de buscar las actuaciones necesarias en nuestras sociedades avanzadas para conseguir un mayor bien común. Nos preocupan al respecto varios asuntos, siendo uno de los más importantes, el quedarnos en el deber ser de las cosas (debemos hacer esto y aquello) sin saber quién debe ponerlas en marcha, cómo hacerlo y que contradicciones e incompatibilidades entorpecen su adopción.

El tener en cuenta dichas contradicciones en todo lo que propongamos va a ser fundamental.


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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