Adolfo Castilla sobre ideas centrales del marxismo

Ideas centrales del marxismo (I)

Se dedican este post y el siguiente a revisar los conceptos básicos del marxismo. Se incluyen en ellos temas como la “lucha de clases”, la “plusvalía”, la “ideología del mecanismo de mercado y del capitalismo”, la “alienación del trabajador”, la “dictadura del proletariado”y otros. 

(Imagen de arriba tomada de Reflexión y Liberación:   http://www.reflexionyliberacion.cl/ryl/2017/03/10/cristianismo-y-marxismo/)

Ideas viejas y trasnochadas que vuelven

Resultado de imagen de marxismo imágenes
Imagen tomada de “Marxismo y Comunismo-Diferencias” de Juana Moreno. Publicado en UNPROFESOR CIENCIAS SOCIALES: https://www.unprofesor.com/ciencias-sociales/marxismo-y-comunismo-diferencias-2063.html

El marxismo vuelve hoy con fuerza de la mano de los populismos y lo mismo ocurre con los fascismos y los nacionalismos. El espíritu de confrontación, enemistad, xenofobia y defensa a ultranza de los intereses de grupo vuelven a campar por sus respetos. No se trata de exagerar porque todavía en los países desarrollados estos grupos son minoritarios, pero lo mismo ocurrió con ellos hace un siglo en Europa. Comenzaron siendo apoyados por poca gente hasta que se impusieron, en una mayoría de casos con métodos no democráticos.

La crisis financiera del 2007/2009, que en España ha sido muy dura y ha causado graves problemas de precariedad en el trabajo, desempleo, pobreza y desigualdad, ha traído consigo una inestabilidad seria en muchos países y regiones, pero muy especialmente en el nuestro. Ante el fallo manifiesto de los sistemas de funcionamiento de los países desarrollados, tanto en lo económico, como en lo social y en lo político, las soluciones extremistas históricas han vuelto a aparecer en  nuestra sociedad.

No importa que sean ideas viejas, trasnochadas y que no hayan funcionado nunca. La gente se adscribe a ellas ciegamente, sin reflexión y sin argumentación. Justo como si fueran creencias con requerimiento de fe ciega, valga la redundancia.

El marxismo como religión

En los marxistas es donde más se nota este fenómeno. Muchos de los que se declaran marxistas hoy, hablan de sus creencias como si constituyeran una verdadera religión y de Marx como si fuera el mesías prometido. Rodean todo lo que tiene que ver con los trabajadores, con la lucha de clases y con la Revolución, de un romanticismo desbordante. Oyendo o leyendo a algunos de los nuevos marxistas o de los marxistas sin más, da la impresión de que el verdadero “opio del pueblo” es el marxismo. Y pido perdón por esta declaración a los que más sólida y honestamente crean en él.

Me permito recoger un párrafo de la Introducción del libro ya citado, Karl Marx. Llamando a las puertas de la revolución. Antología, editado por Constantino Bértolo. Después de hablar de Marx como el narrador de la historia del proletariado y las historias de Espartaco, Saint-Just y Robespierre, de Babeuf y Buonarroti, de Fourier y de los comuneros fusilados en la Comuna de París, dice:

“Pero Marx también como el narrador de la historia de Celia Fernández Cavada que limpia habitaciones de hotel a cinco euros la hora; de Daniel Pacheco, que estudia Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid y reparte comida rápida a un euro por viaje con vehículo propio; de Nuria Rivaret, que corrige comas, acentos y dislates gramaticales por mil cien euros al mes; de Joaquín Cervera, que repone y repone y repone mercancías en las tiendas de Supercor; de Amina Abustafarri, que escucha y contesta, escucha y contesta y vuelve a escuchar y contestar quejas y reclamaciones de cientos de usuarios de teléfonos móviles. Marx como el narrador de la plusvalía absoluta o relativa…..”. Páginas 118 y 119.

Las dificultades de las gentes en unos y otros sistemas políticos

Cabe preguntarse por el “narrador” al que acudirán los millones de venezolanos, nicaragüenses o cubanos, que ya disfrutan del marxismo y que no tienen ni esas actividades ni otras parecidas y que pasan hambre y necesidades. Y también sobre cómo saldrán de sus problemas en regímenes no democráticos controlados por minorías sin preparación que gobiernan con el apoyo de militares sobornados y comprados.

Las situaciones personales mencionadas nos duelen y preocupan a muchos, pero no solo por los casos recogidos en la cita,  sino por nuestros amigos y  familiares, hijos o hermanos, que están en esas mismas condiciones.  No llegan a final de mes, no pueden tener coche ni casa ni vacaciones ni crear una familia ni pensar en el futuro. Son situaciones que necesitan solución rápida, pero, ¡qué cosa más absurda resulta ser buscar dicha solución en propuestas hechas casi doscientos años atrás, en países, sociedades, economías y circunstancias que nada tienen que ver con las actuales, y que siempre que se han aplicado han dado lugar a desastres clamorosos! .

Resulta más inteligente concluir que el socialismo y el liberalismo son imperfectos y que ambas filosofías políticas, que es lo que son en realidad, sin que en ellas pueda hablarse de nada científico, generan o se apoyan en: un desigual uso del poder, el egoísmo, la avaricia y el desinterés de unas personas por otras.

Ideas centrales del marxismo

Marx creyó que el capitalismo, con sus aspectos básicos de propiedad privada de los medios de producción, de explotación de los trabajadores y de apropiación de la plusvalía por estos creada, era la causa de todos nuestros males. Y se equivocó, ya que el amor al poder, el interés exclusivo por uno mismo, el afán de acumular todo lo posible y el no ocuparse de nada ni de nadie más, no son características de ningún sistema, ni pueden serlo, son características del hombre mismo.

Las grandes ideas de Marx, de hecho, se consideran hoy erróneas, la puesta en práctica de las mismas ha fallado una y otra vez y sus predicciones sobre el capitalismo y la evolución del mundo han resultado profundamente equivocadas. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que no tuviera razón en algunos de sus análisis y críticas, y que podamos creer sin más que hoy estamos, hablando ya del presente, con nuestro capitalismo financiero, en el mejor de los mundos posibles.

No es este el lugar y el momento de revisar en detalle la obra intelectual de Marx y Engels que colaboraron en publicaciones como, La ideología alemana, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) y el Manifiesto del Partido Comunista (1848), ya mencionadas, y otras fundamentales para el nacimiento del marxismo y de los movimientos comunistas. Pero sí conviene decir con toda la honestidad por mi parte de la que puedo hacer acopio, que los cuatro o cinco fundamentos del marxismo resultan hoy altamente trasnochados.

Lucha de clases

La “lucha de clases”, por ejemplo, como interpretación básica de la historia de la humanidad, que no es concepto suyo sino de la Ilustración y de la Revolución Francesa, puede que tuviera algún sentido a mediados del siglo XIX, pero no lo tiene hoy en el mundo desarrollado, con sus potentes clases medias, la desaparición de diferencias entre estratos sociales y el acceso de todo el mundo al capital, al consumo, a la educación y a muchos otros componentes de las sociedades actuales.

Desde esa época hubo autores tan importantes como el ya mencionado varias veces, Robert Owen, que no lo aceptaron. Este último autor creía que tal concepto no podía proponerse ni potenciarse, es decir, que la lucha de clases podía haber existido y existir en la época de la que hablamos, pero que no debía mantenerse y ser la base de una reforma del mundo. Más bien debía ser algo a ser superado y sustituido por la fraternidad y la colaboración.

El concepto de plusvalía

La crítica de Marx a la economía capitalista, desarrollada en gran manera en su obra cumbre, El Capital, con el concepto estrella de la “plusvalía”, es hoy insostenible. La teoría del valor trabajo, procedente del economista David Ricardo (1772-1823) y con la que Adam Smith (1723-1790) también especuló, puede que tuviera algún sentido en la economía agrícola de la se procedía hasta la Primera Revolución Industrial, pero dejó de tener el más mínimo significado en el capitalismo que siguió.

En este último comenzaron a tener mucha importancia en el valor del producto aspectos como la función del empresario-emprendedor, el riesgo en el que se incurre con las inversiones empresariales, la tecnología y los conocimientos en general, la labor de gestión y dirección, la innovación de todo tipo, el marketing, las ventas y muchos otros aspectos como los surgidos más recientemente en relación con la información y los intangibles diversos que contribuyen al éxito de una empresa. Decir que todas esas actividades son trabajo también sería una simpleza, ya que para empezar, el trabajo de un profesional, de un directivo, de un ingeniero o de inventor, no es en absoluto mano de obra ni los que ejercen esas actividades se consideran proletarios. Con frecuencia negocian sus condiciones, se van cuando no se cumplen y tienen con la empresa unas relaciones de tu a tu, por decirlo de alguna manera.

La mano de obra cada vez aporta menos valor en el sistema productivo actual y aportará mucho menos en los sistemas productivos del futuro según muestran las tendencias observadas en la actualidad. Lo cual no quiere decir que nos debamos olvidar de los trabajadores de todo tipo y en particular de los menos cualificados. El capitalismo funcionará y permanecerá si se atienden a los obreros y clases activas en general y, por supuesto, a las clases pasivas de nuestras sociedades, ya sean, niños, enfermos, ancianos, desempleados, arruinados o marginados de cualquier tipo.

(Continúa en el siguiente post)


Also published on Medium.

Tags:
0 shares
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Post anterior

Ideas centrales del marxismo (y II)

Post siguiente

Marx y Engels

Deja tu comentario