Adolfo Castilla sobre sufrimiento en el mundo

¿Hemos reducido la cantidad de sufrimiento en el mundo?

Dedicamos este nuevo post a otros fenómenos de la vida de las sociedades europeas que llevaron al despertar del interés por los demás en el siglo XIX. Analizamos brevemente tres de esos fenómenos, adicionales a los ya revisados en posts anteriores. El primero es el del proceso de evolución cultural e intelectual constituido por el Renacimiento, la Revolución Científica, la Revolución Industrial y la Ilustración, al que hemos llamado “Nueva Era Axial”. El segundo, el de los levantamientos, revueltas y revoluciones sociales, de las que estuvo lleno dicho siglo. Y el tercero, el de las malas condiciones de vida reales de las clases bajas, denominador común de esos años, de las que se hicieron eco periodistas, novelistas y escritores de diverso tipo. 

Revolución científica. Revolución Industrial. Ilustración

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(Imagen tomada del artículo de Preguntas y Respuestas Autor: Dawlin A. Ureña PhD. (El Doctor Ureña es Pastor, y miembro de la Asociación Científica CRS – Creation Research Society) https://antesdelfin.com/resp0358.html )

El Renacimiento mencionado en el post anterior como primer paso en la toma de conciencia del hombre sobre su mundo, fue seguido de la Revolución Científica de los gigantes Copérnico, Kepler, Galileo, Tycho Brahe, Newton y varios otros, la cual se extendió, como se sabe, hasta el “siglo de las luces”, o siglo XVIII, y no ha hecho otra cosa que expandirse desde entonces. El hombre descubrió con ella su poder y capacidad para avanzar en el conocimiento de la naturaleza por su propia cuenta y es más, que él  mismo podía, formular leyes y encontrar explicaciones.

La Revolución Industrial surgida en Inglaterra a mediados de dicho siglo XVIII fue otro paso de importancia en el ascenso del hombre, basado en el uso de una de sus capacidades más antiguas: las de construir artefactos, herramientas, máquinas y aparatos.

Esta última revolución hizo surgir en el mundo, la productividad, el crecimiento económico, el empleo y el trabajo como instrumento distribuidor de los ingresos y la riqueza, el aumento continuado de la población y lo que con el tiempo hemos llamado “sociedad del bienestar”.

La Ilustración, también en ese siglo XVIII, sobre todo en su segunda mitad, vino a potenciar la racionalidad humana y a librar al hombre de las tinieblas de la ignorancia. Así como a hacerlo más consciente y más responsable de lo que ocurría a su alrededor. El hombre a partir de este movimiento intelectual europeo ya no podía pensar que las cosas funcionaban solas y que el mal y el bien estuvieran fuera de su alcance.

No estamos haciendo referencia a la tecnología, que tanto avance ha producido en la historia de la humanidad, pero en el entorno de evolución humanística y cultural revisado es inevitable recordar el papel destacado de la imprenta de tipos móviles. Fue un invento llevado a cabo, como se sabe, por Johannes Gutenberg (1400 – 1468) hacia 1440. Su papel en la evolución intelectual del hombre ha sido de una enorme importancia.

Nueva Era Axial. 

Personalmente considero a este periodo como una “Nueva Era Axial”, caracterizada por una evolución mental y por el “ascenso” del hombre en la escala de una posible y teórica humanización. [1]  Esta fue la idea divulgada por Jacob Bronowski (1908-1974), en la serie de televisión de la BBC, rodada entre 1969 y 1972, y el libro del mismo nombre publicado en 1973. (Existe una edición de este libro en español de 2016 publicada en Madrid por la Editorial Capitán Swing, la cual está prologada por Richard Dawkins). Además de los logros del hombre en el conocimiento de la naturaleza se da mucha importancia en estos dos trabajos a los avances artísticos y culturales.

Al igual que Darwin hizo con la evolución física y fisiológica de la vida, Bronowski y muchos otros autores creen que el mundo intelectual, psíquico o espiritual del hombre está sometido a una evolución responsable de su ascenso en términos de, mayor capacidad intelectual, mayor inteligencia, mayor creatividad, mayor conciencia, mayor congruencia y mayor responsabilidad.

En la misma idea incide, por ejemplo, el autor actual, Yuval Noah Harari (Nacido en 1976), en sus dos bestsellers mundiales, Sapiens, De animales a dioses (Debate, 2015), y Homo Deus: Breve historia del mañana (Debate, 2017).

Y realmente, y como hemos dicho, todo empezó con el Renacimiento y con los destacadísimos autores citados y otros muchos a los que no se ha hecho mención. Sin pretender justificar el no citar a todos los personajes destacados que construyeron con sus obras al mundo moderno, sí me gustaría recordar la gran labor de Giovanni Pico della Mirandola (1463- 1494) en cuanto a la definición de la dignidad humana y sus características. A pesar de su corta existencia (murió envenenado a los 31 años) dejó una obra importante en la que cabe destacar, Discurso sobre la dignidad del hombre. Recoge en él tres componentes básicos de la dignidad humana y del humanismo surgido con el  Renacimiento: el derecho a la discrepancia, el respeto por las diversidades culturales y religiosas y el derecho al enriquecimiento de la vida a partir de la diferencia. Se puede ver al respecto el número especial de verano de la revista francesa philosophie magazine.  [2]

En ese número de la revista francesa philosophie magazine en cuestión, se citan varios otros renacentistas como Erasmo de Róterdam (1466-1536), Nicolás Maquiavelo (1469-1527), Michel de Montaigne (1533-1592), François Rabelais (1494-1533), Charles de Bovelles (1475-1566) y otros

¿Hemos reducido la cantidad de sufrimiento en el mundo?

Pero siendo realistas y en relación con nuestra investigación sobre las condiciones de vida de las personas, necesitamos reconocer, en cuanto a dicho ascenso del hombre y especialmente en cuanto a su mayor conciencia, mayor congruencia y mayor responsabilidad, que muchos hombres no se han enterado de ello.

Los dos libros del israelita Harari, mencionados anteriormente, constituyen un canto a la evolución del hombre en inteligencia y capacidades de todo tipo. En el segundo se habla abierta y directamente de tres posibilidades para el futuro del hombre: la longevidad e incluso inmortalidad, la consecución de la felicidad en nuestro mundo y el acceso a la divinidad (los hombres con capacidades que históricamente se han asignado a los dioses).

En la misma línea ha escrito recientemente el psicólogo experimental y científico cognitivo, profesor de Harvard, Steven Pinker (Nacido en 1954). Sus dos últimos libros traducidos al español,  Los ángeles que llevamos dentro,(Editorial Paidós, 2011) y  En defensa de la Ilustración: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso (Editorial Paidós, 2018), describen las mejoras incuestionables de la Humanidad, basadas, precisamente, en los valores de la Ilustración: la razón, la ciencia y el humanismo

A pesar de todo eso el mismo Harari termina su primer libro indicando lo siguiente:

“Pero ¿hemos reducido la cantidad de sufrimiento en el mundo?. Una y otra vez, un gran aumento del poder humano no mejoró necesariamente el bienestar de los sapiens individuales y por lo general causó una inmensa desgracia a otros animales”

En cualquier caso y para el tema general de este trabajo, los radicales y reformistas del siglo XIX, especialmente Marx y Engels, eran personajes ilustrados, conocedores de la evolución europea desde el siglo XIV y personas responsables  conscientes de las dificultades de los hombres y de la posibilidad de mejorarlas, por no decir, arreglarlas de raíz.

Un largo periodo de revoluciones sociales en Occidente

Las revoluciones sociales europeas de los siglos XVII a XIX, incluyendo la inglesa de 1688, la americana ligada a la independencia de los Estados Unidos de 1776, la francesa de 1789, las varias revoluciones francesas del XIX y las españolas del mismo siglo, influyeron también en el ánimo de Marx y Engels.

Fueron todas ellas revoluciones más bien populares y basadas en la rebelión de los menos favorecidos que ideológicas o intelectuales, aunque no cabe duda de que el espíritu de la Ilustración contribuyó a su desencadenamiento. La francesa de 1789 en concreto, fue la gran revolución de los tiempos contemporáneos surgida espontáneamente del pueblo sojuzgado y explotado por los reyes absolutistas, la nobleza y el clero. No tuvo otra causa que la rebelión de los pobres y débiles contra los ricos y poderosos.

Fue una lucha por la supervivencia y la dignidad de la que surgió el grito de “Libertad, igualdad, fraternidad” que tanto impacto tuvo en las conciencias de los hombres de la época. Con ella se afianzó definitivamente en Occidente la soberanía del pueblo, la democracia y el parlamentarismo. Nuevas ideas aparecidas con cierta antelación en Inglaterra y que costó imponer varias revoluciones más en Francia y en otros países europeos.[3]

Marx y Engels y otros radicales del siglo XIX vivieron en fechas cercanas a dicha revolución y fueron atraídos por unas luchas tan nobles en sus planteamientos básicos, aunque, tan funestas en sus resultados. Fueron además lo que hoy se denominarían “antisistema”, aunque desde luego mucho más serios en sus reflexiones que los actuales.

Las malas condiciones de vida del siglo XIX

Las infames condiciones de vida de los trabajadores durante el siglo XIX, especialmente a lo largo de su primera mitad, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, el liberalismo y el capitalismo, fueron detectadas, difundidas y discutidas públicamente, quizás por primera vez.

Dichas condiciones fueron divulgadas en la sociedad inglesa por escritores e intelectuales como Charles Dickens (1812-1870), George Eliot (1819-1880), pseudónimo de la escritora Mary Anne Evan, Charlotte Brontë (1816-1855), Elizabeth Cleghorn Gaskell ( 1810 – 1865), Thomas Carlyle (1795-1881), Florence Nightingale (1820-1910), Henry Sidgwick (1838 – 1900), John Ruskin (1819 – 1900), el inglés norteamericano  Thomas Paine (1773-1809) en los últimos años del XVIII, William Booth (1829-1912), Henry Fawcett (1833-1884), William Henry Fremantle (1831 – 1916), Robert Giffen (1837- 1910),  Henry Mayhew (1812-1887), o el mismo John Stuart Mill (1806-1873).

No hay que olvidar que en aquella época, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo, Londres se había transformado en la mayor ciudad de Occidente, crecía a un ritmo espectacular y atraía a miles de personas, profesionales algunas, pero también muchas sin cualificar.

Conviene tener en cuenta también que en la época se vivía una primera era de la información con el correo, el telégrafo a partir de 1836, y sobre todo los innumerables periódicos que se publicaban en Londres, actuando como portavoces y difusores de los problemas sociales de todo tipo. El periodismo era una profesión en alza y muchos periodistas se dedicaban a destacar la vida miserable de la gente.

El ya mencionado Mayhew, escribió mucho sobre las malas condiciones de vida en Londres y refiriéndose a las costureras, indicó:

«sus salarios están en general por debajo del nivel de subsistencia, por lo que, para mantenerse, les resulta casi materialmente necesario robar, mendigar o prostituirse»[4].

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[1] Fue el filósofo alemán Karl Jaspers (1883-1969) el que denominó Era Axial al período transcurrido entre el 800 al 200 a. C. en la antigua Grecia, coincidente con procesos de evolución mental de la especie humana similares en China y la India.

[2] Justo cuando redactaba esta parte he tenido acceso al último número de la gran revista francesa, Philophie magazine, fuera de serie, Verano de 2018, dedicado enteramente al Renacimiento. Con el título de La Renaissance. Quand les temps changent, es un número especial en el que un plantel de destacados autores franceses abordan el tema con gran solvencia. Pico de la MIrandola es mencionado en varios de los trabajos

[3] El sufragio universal masculino no se consiguió hasta 1867, lo que convirtió por fin a Inglaterra en una verdadera democracia.

[4] Nasar, Sylvia. La gran búsqueda: Una historia del pensamiento económico (Spanish Edition) (Posición en Kindle 692). Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle.


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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