¿Hay algo que hacer?

En este post se constata los pocos grados de libertad existentes hoy en cuanto a cambiar las predicciones actuales de estancamiento económico mundial. Hay muy poco margen de maniobra por el lado de las políticas publicas y poco también por el lado de la iniciativa privada, con referencia en ambos casos a actuaciones convencionales. Habrá que buscar áreas nuevas y formas nuevas de salir adelante. Esto último será tratado en el siguiente y último post de esta serie dedicada a la desaceleración de la economía mundial

(Imagen de arriba tomada del informe, “Diez predicciones para la economía mundial en 2019” del World Economic Forum.
https://es.weforum.org/agenda/2019/01/diez-predicciones-para-la-economia-mundial-en-2019/ )

La iniciativa pública

Pero yendo ya a aportar alguna conclusión sobre lo que se puede hacer en caso de un estancamiento de larga duración de la economía y de la permanencia de desequilibrios diversos, deberíamos resaltar en primer lugar el poco margen de maniobra actual de las políticas monetarias y fiscales tradicionales. 

Los mayores esfuerzos en inversión pública que proponen algunos, la no peligrosidad de aumentos de las deudas públicas que preconizan otros y la propia Teoría Monetaria Moderna, no son, hoy por hoy, nada más que hipótesis de trabajo. Se necesitará un cierto tiempo para demostrar su utilidad, y más aún para su adopción.

Aparte de que todas las propuestas novedosas actuales pasan por no asustarse de las deudas públicas elevadas, como se ha dicho en posts anteriores, lo cual hasta ahora significaba adentrarse en la posibilidad de nuevas crisis financieras. Sobre todo en un época como la actual en la que la elevada liquidez existente va a la bolsa, los bonos públicos, los fondos de inversión y los hedge funds.  La financialización es la “industria” dominante en nuestros días. Una “industria”, diríamos, no productiva, o, al menos, no creadora de fábricas e infraestructuras y de puestos de trabajo abundantes

Si de la iniciativa pública no cabe esperar nada será necesario prestar atención a la iniciativa privada. Tampoco parece posible esperar mucho por este lado, salvo por lo que tiene que ver con ideas nuevas y arriesgadas, además de por la posibilidad de milagros tecnológicos o la aparición de “wild cards”, como dicen los americanos. Es decir, que saquemos, como humanidad, un repóquer, en este juego que es en realidad nuestro mundo. Un juego peligroso para todos, no lo olvidemos, pero mucho más para algunos.

El crecimiento procedente de la iniciativa privada hay que buscarlo en el mayor consumo, la mayor inversión en capital productivo y la mayor exportación.

Mayor iniciativa privada

Sobre la primera fuente de crecimiento en lo relativo a nuestro país, hay que recordar que en los tres años en los que este ha sido muy claro con tasas del 3 % anual (años 2016, 20117 y 2018), casi dos tercios del mismo han procedido del consumo, con el resto procedente de la inversión privada y en algunos períodos con pequeños porcentajes procedentes de la balanza por cuenta corriente.  El Gobierno ha contribuido muy poco al crecimiento de esos años.

No cabe duda de que la nula contribución del sector público y la baja contribución de la inversión privada se han debido a la fuerte austeridad imperante, obligatoria en el sector público y a la que las empresas se han unido con gran satisfacción.

Y lo sorprendente es el tirón del consumo de esos años, con el elevado desempleo, la precariedad de los sueldos, los nuevos pobres y otros fenómenos típicos de los años posteriores a la crisis. Sin duda tal tirón se ha hecho con nuevo endeudamiento de las familias y con disminución del ahorro.

¿Se puede esperar un mayor crecimiento en los próximos años del consumo y de la inversión?. Yo creo que no.

En cuanto al consumo es muy probable que los buenos resultados de los años mencionados se hayan debido al mayor endeudamiento de las familias, como hemos dicho, factor que no puede seguir aumentando sin límite. Y en lo relativo a la inversión la impresión que yo personalmente vengo acumulando es que no hay dónde invertir por falta de revoluciones tecnológicas superpuestas, como lleva diciendo Robert J. Gordon desde hace años.

Superproducción y subconsumo

Como han dicho diversos analistas económicos vivimos, sobre todo en los países desarrollados, y en unos más que en otros, una época de superproducción y subconsumo. La industria del automóvil puede ser un ejemplo, especialmente en nuestro país.

El bajo poder adquisitivo de los jóvenes, el elevado número de desempleados, o, en resumen, el casi el 17 % de la población que vive por debajo del umbral de pobreza, hará que la demanda de automóviles siga bajando en los próximos años. A lo cual hay que añadir la explosión de las plataformas de servicios de transporte personal, los sistemas de vehículos recogidos en las puertas de los domicilios y dejados en el lugar a que se vaya, el transporte compartido y nuevas formas adicionales de usar automóviles sin ser sus propietarios. Innovaciones sociales creadoras de grandes problemas para las todavía excesivas marcas de automóviles.

Estos no se ven ya como fabricantes de vehículos para clientes individuales que los adquieren para usarlos hasta sus sustitución por otros, se ven más como fabricantes de vehículos de alquiler y como explotadores de nuevas plataformas de servicios de transporte individual.

Si a eso añadimos la gran sensibilidad desarrollada en el mundo, y muy destacadamente en las grandes ciudades, por el cambio climático, la polución, el tráfico excesivo y varios otros efectos colaterales de la producción industrial, no temeos más remedio que constatar lo poco que se puede hacer por el lado de la producción.

Es decir, que estamos cogidos de pies y manos, tanto en cuanto a la intervención pública como a la iniciativa privada. De ahí surge el fatalismo de algunos en cuanto al estancamiento secular.

So What, y no hablamos de pop y rock

¿Eso es todo?, ¿no hay nada más que hacer?, ¿debemos sentarnos a esperar los malos tiempos con resignación?

Estoy seguro de que las personas que me han preguntado por lo que cabe hacer, están esperando algo más. Por eso en el próximo post doy mis puntos de vista finales sobre posibles iniciativas, las cuales son en general, artificiosas, voluntariosas y, para un país como el nuestro, inusuales.

Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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