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El crecimiento posible

Iniciamos hace unas semanas la serie de posts dedicada a la desaceleración económica, a la que el presente corresponde, indicando la tendencia identificada por diversas instituciones, nacionales e internacionales, en cuanto a un bajo crecimiento mundial a largo plazo. Mencionamos en relación con ello la imposibilidad de actuación actual de algunos gobiernos, tanto a través de las políticas fiscales como de las monetarias. Ante las preguntas de algunos seguidores del blog sobre ¿qué se podría hacer ante ese panorama negativo?, hemos elaborado una serie de posts, quizá demasiado larga, pero necesaria para tratar el tema adecuadamente. Para responder concretamente a dicha pregunta entramos ahora en el tema de “el crecimiento posible”

(Imagen de arriba tomada de :
https://respuestas.tips/cuales-son-los-factores-de-produccion/ )

Crecimiento potencial natural

En el post anterior nos hemos referido al crecimiento potencial natural, también llamado “Crecimiento del PIB Natural”,  y a la forma de determinarlo empíricamente. La conclusión fue que el crecimiento potencial natural baja a la vez que lo hace el crecimiento anual del PIB real, sobre todo si no se crean empresas y si no se invierte en equipos e infraestructuras.

En la actualidad se constata una mínima diferencia entre dicho crecimiento y el crecimiento real del PIB, tanto en nuestro país como en la Unión Europea. Este crecimiento posible tiene que ver con lo que los economistas llaman, “Frontera de las Posibilidades de Producción”, y representa la máxima combinación de productos que una economía puede producir con los factores de producción disponibles[1].

La mano de obra es, por supuesto, un factor de producción, pero si no se puede emplear porque no existen puestos de trabajo formales (es decir, capital), no se la puede hacer productiva.

La brecha productiva o output gap

Uno de los mayores expertos españoles en estos temas y en su análisis econométrico es Antonio Pulido San Román, Catedrático Emérito de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid y Director del CEPREDE. En su blog dedicado a temas de Futuro e Innovación (https://www.antoniopulido.es/), ha tratado recientemente el crecimiento potencial, por lo menos en dos posts, “El escurridizo crecimiento potencial” (20/5/2019), e “Ideología política y brecha productiva” (27/5/2019).

Revisa en ellos trabajos suyos anteriores en los que recoge su escepticismo sobre los estudios de crecimiento potencial y sus posibilidades predictivas. Hace referencia, además, a trabajos de la Comisión Europea sobre el tema, en los que, dicho sea de paso, se obtienen las cifras más exuberantes que uno se pudiera imaginar para el crecimiento potencial de España. Tanto con brechas productivas, o output gaps, negativas como positivas.

Recoge también este autor (maestro, mentor y amigo del que esto escribe) las diversas críticas realizadas sobre tales resultados, especialmente en cuanto a que el output gap en España sea positivo, es decir, se esté creciendo más de lo que sería su crecimiento potencial natural.

Menciona asimismo las opiniones del gobierno español en su documento, Actualización del Programa de Estabilidad (APE 2019-22), presentado a la Comisión Europea. Las cuales son claras en cuanto a la existencia de una brecha negativa y en cuanto a que esta no es elevada. Destacándose también las dudas sobre estudios sofisticados de la Comisión Europea en este terreno.

No hay buenos cálculos sobre el creciente potencial

Después de sus interesantes revisiones de estudios diversos sobre la medición de la brecha productiva, su conclusión es:

“En resumen y en mi opinión, sólo tenemos  (en todos los países) algunos indicadores, poco precisos, de potencialidad de crecimiento y brecha actual, con discrepancias elevadas y amplios intervalos de factibilidad. A futuro, los cálculos recogen tal cantidad de incertidumbres como para hacer aconsejable una revisión permanente de resultados. Pueden resultar útiles como entorno de reflexión, siempre que no tomemos estos cálculos más allá de plausibles, pero inciertas y cambiantes, evoluciones cíclicas de futuro”.

Crecimiento potencial especial

Puesto que la mano de obra es un factor de producción, no sería difícil imaginar un crecimiento apoyado en su utilización, aunque fuera con bajas inversiones de capital. Se obtendría crecimiento si muchos de los desempleados se movilizaran para hacer algo productivo, siempre a través del mecanismo multiplicador de la economía[2]. Por ejemplo, si se hicieran autónomos y encontraran trabajo como camareros, fontaneros, carpinteros u otros oficios. O si se dedicaran a prestar servicios a personas mayores como hacen muchos latinoamericanos en la actualidad[3].

Sorprende en este sentido la enorme población extranjera (latinoamericana, marroquí, rumana, búlgara etc…) empleada en nuestro país desde hace muchos años. Las actividades desarrolladas por esta población son buenas cuando son legales y transparentes y se recogen en las estadísticas de actividad general.  

Sabemos también que un determinado porcentaje de los registrados como desempleados trabajan eventualmente en esas profesiones. Es parte de la economía sumergida, la cual no es legal, pero existe y es tenida en cuenta en las estadísticas nacionales a través de procedimientos diversos de estimación.

La movilización de las personas desempleadas y su incorporación al mecanismo multiplicador del mercado, sobre todo los jóvenes con cierta cualificación, daría lugar a un fenómeno nuevo: el de “crecimiento potencial especial”.


[1] Al hablar de estos temas conviene recordar que gran parte de los conceptos utilizados en relación con la producción proceden de la Economía Industrial y hace tiempo que estamos en una Economía de la Información y el Conocimiento. Las cosas no son exactamente las mismas en esta última economía. Por ejemplo, la economía de las plataformas, de las APPs y de los móviles, necesita otras explicaciones sobre cuestiones como la inversión, la producción, el valor añadido, la productividad y otros elementos.

[2] Ya tuvimos suficiente en España con el Plan E del periodo de Zapatero. El impacto en el crecimiento fue imperceptible y a cambio aumentó la deuda pública de forma notable

[3] No estoy sugiriendo, desde luego, que personas cualificadas hoy en el desempleo, se dediquen a esos oficios, que para empezar no conocen. Me estoy refiriendo a la necesidad de ser emprendedores y buscar salidas si el sistema no nos las ofrece.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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