El cambio tecnológico

Antes de concluir nuestro análisis de la desaceleración económica actual, sus consecuencias y las posibles medidas a adoptar ante ella, nos parece necesario revisar algunas circunstancias especiales de nuestro país. El cambio tecnológico es un tema obligado dada su importancia para el crecimiento económico a largo plazo. Nos referimos en este post a la digitalización y a las denominadas, tecnologías exponenciales. Indicamos que ni en España ni en Europa en su conjunto, estamos bien situados en este terreno. Listamos, además, una serie de grandes problemas que nos afectan especialmente.

(Imagen de arriba tomada de la Web de CEPYME News. https://cepymenews.es/como-dominar-cambio-tecnologico-negocios/ )

El cambio tecnológico como motor de la economía y de las grandes transformaciones sociales

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(Imagen tomada de la Web de Expansión, Economía Digital. Artículo: La digitalización de la plantilla, clave para el crecimiento económico. https://www.expansion.com/economia-digital/companias/2017/09/01/59a7de9246163f76688b4578.html )

Hemos hablado en los dos últimos posts de las posibilidades de crear actividad económica en áreas diversas, todas ligadas a la innovación social y a la capacidad de emprendimiento de las personas. Parte de ellas están relacionadas con la innovación puramente tecnológica.

Los procesos económicos dependen de dichas innovaciones y, cada vez más, de los avances tecnológicos que se producen en el mundo de forma natural y bastante espontánea. Es decir, por el hecho de que el hombre es un animal tecnológico que continuamente hace o fabrica cosas (seguimos siendo un homo faber, además de sapiens).

Durante las tres décadas posteriores a la segunda guerra mundial, probablemente la época más brillante de la humanidad en términos de crecimiento económico y estabilidad — de un cierto número de países– creímos haber encontrado la fórmula mágica del desarrollo permanente. Hoy sabemos que aparte de otras circunstancias como la recuperación posterior a la guerra, había una cantidad importante de tecnología acumulada en el mundo y poderosas infraestructuras a construir, además de la globalización de la economía y la difusión del desarrollismo.

Desde el punto de vista de la teoría económica y de la actuación de los gobiernos, fueron años guiados por el keynesianismo, por la generalización de la economía del bienestar y por una intervención notable del Estado. El resultado fue una economía mixta que parecía la fórmula correcta para el funcionamiento de nuestro mundo. La mayoría de los economistas eran entonces keynesianos, incluyendo a la gran figura de la época, Paul Samuelson (1915-2009).

Las dos últimas revoluciones industriales

Posteriormente hemos vivido dos fuertes revoluciones tecnológicas, la de las Tecnologías de la Información y Comunicación, telecomunicaciones, fibra óptica y ordenador personal , de los años 70 y 80 del siglo pasado, y la digital actual. Esta segunda con Internet, la nube, la economía de las plataformas, los terminales móviles, el internet de las cosas, la industria 4.0, el blockchain, Google analytics, big data y multitud de otras innovaciones.

A la de los años 70 y 80 se la suele llamar, “Tercera Revolución Industrial”, un título dudoso pero que al menos marca el punto de aparición de nuevas tecnologías diferentes de la tradicionales hasta entonces.

En cuanto a la digitalización, en la que estamos, es una revolución a la que algunos se refieren como, “Cuarta Revolución Industrial”. Algo transformador del mundo hasta extremos cuyo alcance ni siquiera imaginamos.

Las dos últimas son el dominio de lo que se ha dado en llamar, “tecnologías exponenciales”, o de, “rendimientos acelerados”.

En esos año, especialmente a finales de los 70 y principio de los 80, vivimos, junto a lo tecnológico, un cambio radical en cuanto a filosofía política e interpretaciones económicas. Fue una época de predominio de las ideas conservadoras y de derechas, como todos saben, con búsqueda de soluciones en el liberalismo económico, en la desregulación, privatización y no intervención estatal .

Excesos o sobreactuaciones

Los excesos de esas concepciones, con el “neoliberalismo” como fórmula, produjeron la crisis del 2008 -2009, agravada en nuestro país por una políticas socialistas, igual de excesivas y de poco inteligentes. Dicha crisis se alargó en nuestro caso hasta 2014 y hubo que salir de ella con medidas de austeridad, pública y privada, de una gran dureza. Además de con reformas importantes, entre ellas las del mercado laboral y la del sistema bancario. Y, por supuesto, con ayudas realmente notables de la UE (del BCE en concreto).

Tras ese largo periodo de crisis y de uno similar de recuperación, y quizás como salida, se ha desarrollado en el mundo en general la mencionada “cuarta revolución industrial”. O, dicho de otra forma, la digitalización y transformación digital del mundo. Lo que constituye el cambio tecnológico de nuestros tiempos.

La digitalización como responsable

Algunas publicaciones actuales están señalando el periodo de transición que atravesamos, las nuevas tecnologías que adoptamos y la nueva economía a la que vamos, como responsables de nuestros grandes males. El libro de Johnatan Haskel y Stian Westlake, Capitalism without Capital, citado por Antonio Pulido en su blog[1], se refiere a fenómenos bien visibles como, la disminución de la inversión, el mínimo incremento anual de la productividad, la precariedad en el trabajo, el desempleo, la desigualdad, el autoempleo y otros, y los relaciona estrechamente con la revolución digital. 

Se podría decir que hay tres grandes tendencias en el mundo responsables de nuestros males. Son: la economía financiera, la no existencia de revoluciones tecnológicas superpuestas como las existentes en el siglo pasado y la digitalización de la sociedad.

Aparte, claro está, de otros fenómenos como, el reequilibrio económico mundial con la adquisición de poder económico de las economías emergentes, la crisis de las migraciones, o el propio cambio climático.

Grandes problemas

En mi conferencia del pasado 15 de julio en Santander, dentro del curso “Tendencias políticas y electorales en las sociedades del siglo XXI”, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, organizado y dirigido por José Félix Tezanos, listé y expliqué hasta 15 grandes problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad.  Son los siguientes:

1.- Cuarta revolución industrial; 2.- Otras revoluciones; 3.- Desaceleración económica. Estancamiento Secular; 4.- Deterioro del Bien Común; 5.- Globalización y cambios importantes en los rankings mundiales; 6.- Cambio climático y sostenibilidad; 7.- Transformación energética; 8.- Nuevos modelos productivos; 9.- Actualización de nuestros sistemas básicos de funcionamiento; 10.- Desajustes estructurales notables; 11.- Sociedad líquida y otros cambios conceptuales; 12.- Corrupción y delincuencia; 13.- Falta de ética y responsabilidad social; 14.- Democracia liberal en riesgo; 15.- Ingobernabilidad

Indiqué que no hay que asustarse ante ese panorama, ya que, como se dice a veces, “los perros tienen pulgas y los hombres problemas”. Tenemos que vivir con ellos. Transformé, eso sí, dichos problemas en retos y desafíos, de acuerdo con el título de mi intervención: “Retos, innovaciones y desafíos en el siglo XXI”.


[1] Mencionado y utilizado excelentemente por Antonio Pulido San Román en su blog, https://www.antoniopulido.es/. Tiene una serie de posts dedicados a la economía de los intangibles que recomiendo vivamente.

Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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