Adolfo Castilla Consenso Social

Bien común y consenso social

El Índice de Desarrollo Inclusivo del World Economic Forum explicado en el post anterior y su deficiente valor para el caso de España, viene a confirmar el impacto negativo de la crisis iniciada en 2007/2008 en nuestro país. Los resultados negativos en términos de desempleo, precariedad en el trabajo, desigualdad, disminución de la clase media, aparición del fenómeno de los nuevos pobres y deterioro del bien común, han sido manifiestos. Las consecuencias no se han hecho esperar en términos de, aparición de los populismos, dispersión del voto popular, resurgir de los independentismos e ingobernabilidad del país y sus comunidades autónomas. La pérdida del consenso democrático y la necesidad de volver a contar con un contrato social asumido por todos es algo fundamental en esta época en la que llevamos tres años de buena recuperación económica. En este post se entra en el tema del “bien común y consenso social” de la mano de algunos libros recientes.

(Imagen de arriba tomada de bitshares, http://bitshares2.blogspot.com.es/)

Volatilidad del bien común y pérdida del consenso social

Poco a poco vamos descubriendo en nuestro análisis sobre el bien común en las sociedades desarrolladas lo difícil que resulta alcanzar niveles aceptables de este bien. Vemos asimismo la alta volatilidad de una situación de bienestar generalizada que permita el consenso de todos los miembros de una sociedad. El bien común se deteriora con facilidad y las personas en los límites de dicho bien tienen motivos para quejarse y protestar, es decir, para dejar de participar en el consenso necesario y la contribución decisiva de todos a nuestras democracias.

Nuestro país, como hemos dicho en posts anteriores, ha sufrido un proceso del tipo descrito. Desde una situación de consenso aceptable en 2006, con un crecimiento del 3,6 % anual y un desempleo del 8,26 % de la población activa, pasamos a una realmente desfavorable en 2012 y 2013, con tasas negativas de crecimiento, respectivamente, del  -2,9 % y -1,7 %. El desempleo alcanzó en esos años unos niveles históricos del 25,77 en el primero y del 25,73 en el segundo.

Ya antes, en mayo de 2011, surgió en el país un movimiento ciudadano espontáneo a favor de una democracia participativa, en contra del bipartidismo PSOE-PP y del poder de los bancos y a favor de una verdadera separación de poderes, entre otras medidas revitalizadoras de la democracia. Es lo que se llamó “Movimiento 15-M”, o movimiento de los indignados, que tuvo una inmediata difusión mundial y movimientos seguidores similares como el conocido Occupy Wall Street.

Inclusividad y populismos

Después de lo indicado en el post anterior en relación con la inclusividad y el Índice de Desarrollo Inclusivo del The World Economic Forum, diríamos que en España en los años de la crisis, la inclusividad o integración de los miembros de la sociedad y de sus instituciones se había deteriorado de forma importante. Como resultado de ello el nivel de bien común descendió de forma destacada. Y como consecuencia de todo, por último, el consenso social y político se rompió.

La inclusividad o integración de un país podemos verla, por ejemplo, en el nivel de empleo. Una sociedad integrada es, entre otras cosas, una sociedad en la que un alto porcentaje de sus miembros tienen empleo y remuneración adecuada. La sociedad se mantiene unida y con niveles de conflictividad y confrontación razonables si la gente puede vivir y si existe un sistema de bienestar social adecuado.

Si a las dificultades para la supervivencia se unen otros fenómenos como la corrupción, la existencia de políticos solo interesados en sus carreras, instituciones poco eficientes o poderes fácticos relacionados con el capital, la desintegración se acelera. Si a ello se unen otros fenómenos como una abultada economía financiera cada vez más alejada de la economía real, o una revolución tecnológica como la digital de la que de momento sólo se deduce desigualdad y desempleo, el nivel de inclusividad desciende adicionalmente. Las protestas de la gente se hacen inevitables y el consenso en cuanto a cómo organizarnos, gobernarnos y convivir en sociedad se rompe sin remisión.

Cinco retos de la economía española

A esa pérdida de consenso en la sociedad española se refiere Antón Costas (nacido en 1949) en su último libro El final del desconcierto[1]. Utiliza el término de “contrato social” para referirse a lo que nosotros hemos denominado consenso y dedica la Parte I del libro a explicar que España es en la actualidad un “país sin contrato social”.

La Parte II la dedica a señalar y analizar “los cinco retos para que España funcione” y la Parte III a establecer lo que podría ser un “nuevo contrato social para el progreso”.

Tales cinco retos que aparecen como los títulos de otros tantos capítulos de libro, son: 1) Estabilidad Macroeconómica; 2) Eficiencia, el valor social de la competencia; 3) Crecimientos, las fuentes olvidadas de la productividad; 4) Distribución: mejor redistribuir que endeudarse; 5) Democracia: un mejor reparto de responsabilidades.

Por una ciencia económica moral y humanista

Antón Costas, Catedrático de Política Económica  de la Universidad de Barcelona y asiduo colaborador de El País de los Negocios, es un economista español muy fiable, que se decanta claramente por una ciencia económica moral y humanista. Con frecuencia se refiere muy claramente a las contradicciones o fenómenos contrapuestos existentes en nuestras sociedades desarrolladas y capitalistas.

En sus últimos libros, algunos publicados en colaboración con Xosé Carlos Arias, Catedrático de Política Económica de la Universidad de Vigo, como, La torre de la arrogancia: Políticas y mercados después de la tormenta (2011) o La nueva piel del capitalismo (2016) y en el mencionado anteriormente, El final del desconcierto, hace un análisis riguroso de lo ocurrido en España tras la crisis del 2017/2018.

Hace una interpretación de lo ocurrido muy distinta de la convencional de la ciencia económica y del papel de esta ciencia en la consecución de una sociedad organizada, estable y justa.

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[1] Antón Costas (2017), El final del desconcierto. Un nuevo contrato social para que España funcione,  Ediciones Península Atalaya, Barcelona


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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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