Economía y bien común para el futuro (XIII). Actuaciones a (64)

Actuaciones (a). Continuamos con este post la serie, “Economía y bien común para el futuro”. Entramos con él en una cuestión más difícil que las tratadas anteriormente: el posible diagnóstico de los males que nos afectan en relación con esos dos aspectos de la vida de nuestras sociedades y las actuaciones posibles para solucionarlos. Comenzamos destacando la importancia de las actuaciones de los humanos sobre sus sociedades y sus problemas y, a la vez, las dificultades de encontrar medidas efectivas al respecto.

Nos detenemos en constatar que la economía y el bien común se están deteriorando en los últimos tiempos y en que el futuro no parece muy brillante en cuanto a su mejora. Utilizamos los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible. Agenda 2030”, formulados por los países miembros de las Naciones Unidas en 2015. Además de revisar los últimos informes de seguimiento de dichos objetivos, entramos en el tema de la pobreza en el mundo, la cual está aumentando de nuevo irremisiblemente.

(Imagen de arriba; PLayas de Tailandia)

Actuar a pesar de todo

Después de haber hecho en el post anterior un ejercicio muy básico de Prospectiva y comprobar que el futuro del mundo, de la UE y de España, es, cuando menos, problemático e incierto, comenzamos en éste a reflexionar sobre lo que se puede hacer.  La idea es mejorar el escenario tendencial identificado, evitar los escenarios más negativos formulados y tratar de acercarnos a los escenarios más positivos elaborados. A cómo conseguirlo a través de las actuaciones de todos se dedicarán los próximos posts.

Se trata de un cometido mucho más difícil que todo lo realizado hasta ahora en relación con la economía y el bien común, ya que analizar los hechos y desmenuzar lo dicho por autores diversos, es más simple que hacer propuestas efectivas para arreglar las cosas. Y no porque no se puedan formular muchas de dichas propuestas en el sentido del deber ser, sino porque no tenemos las claves de las actuaciones que funcionen en términos de: conseguir paz para todos, actividad económica y empleo, seguridad y bienestar, igualdad, equilibrio político, estabilidad y otras muchas dimensiones de nuestras sociedades necesarias para la convivencia y, como decimos desde el principio, para el bien común y el bienestar de todos.

El mundo de los hombres y de sus sociedades, que hemos creado los propios humanos a través de los años y de vicisitudes muy diversas, es, en gran manera, autónomo y automático. Con desesperanza vemos pasar ante nosotros acontecimientos políticos, sociales y económicos que consideramos negativos para todos, sobre los que no sabemos cómo actuar, ni tenemos la capacidad de hacerlo. Y, no solo los individuos aislados, sino, los gobernantes, los empresarios, la propia sociedad civil y las instituciones diversas destinadas a protegernos y organizarnos.

Entre esas últimas instituciones está, en el mundo y en España, la Iglesia Católica, la cual trata continuamente de ayudar a los más perjudicados e insiste, una y otra vez, con sus reflexiones y sus consejos, en lo que se debería hacer para conseguir el bien de todos. Las encíclicas del papa actual son un ejemplo de ello.

El deterioro de la situación general en el mundo

Pero, entrando ya en la materia que nos convoca, diríamos que la economía tiene que ver, en primer lugar, con el bien común y el bienestar de los hombres y mujeres, y un mal funcionamiento económico del mundo en una época llena de problemas y conflictos, puede ser fatal para todos. Diversas instituciones avisan del deterioro de la situación del mundo, pero ninguna tiene las claves para evitarlo.

Algunos informes recientes señalan la deficiente marcha de la economía mundial y el deterioro de los planes de progreso en los que nos habíamos embarcado.

En la introducción al último informe de revisión de la marcha de los “Objetivos de Desarrollo Sostenible. Agenda 2030”, de septiembre de este año, se puede leer lo siguiente:

“A mitad del camino hacia 2030, los ODS están muy lejos de cumplirse. De los 36 objetivos examinados en el informe, sólo dos están en camino de lograrse, mientras que el progreso en ocho se está deteriorando. La implementación fue demasiado lenta e incluso retrocediendo en algunas áreas como la acción climática, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad antes la pandemia y ahora ha sufrido importantes reveses, incluso en la erradicación de la pobreza, la igualdad de género, educación y eliminación del hambre. La humanidad corre el riesgo de sufrir períodos prolongados de crisis e incertidumbre provocados y reforzados por la pobreza, la desigualdad, el hambre, las enfermedades, los conflictos y los desastres, sin una corrección urgente del rumbo y una aceleración hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. (Ver: https://www.expansion.com/economia-sostenible/2023/09/19/65096471e5fdea147a8b4576.html )

Se añaden además en él, los siguientes mensajes:

“Las crisis que han acabado con años de progreso en los ODS están interrelacionadas y alimentan intensidades, pero las conexiones podrían convertirse en oportunidades”

“Los líderes mundiales deben abordar las tendencias de mediano y largo plazo que están teniendo efectos sistémicos sobre los ODS al mismo tiempo que se abordan crisis inmediatas”

“Hay una mayor conciencia y compromiso con los ODS, pero esto debe traducirse en acción”

La preocupación por la situación económica y social del mundo viene de lejos

Ya en el informe anterior, el Secretario General de las Naciones Unidas, había advertido sobre los problemas en cuanto al cumplimiento de los ODS:

“Como Estados miembros reconocidos en la Cumbre de los ODS celebrada el pasado septiembre, los esfuerzos mundiales llevados a cabo hasta la fecha han sido insuficientes para lograr el cambio que necesitamos, lo que pone en riesgo el compromiso de la Agenda con las generaciones actuales y futuras. Ahora, debido a la COVID-19, una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes amenaza vidas y medios de subsistencia, lo que dificulta aún más la consecución de los Objetivos.”—António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

Meses antes, la OCDE en su informe de perspectivas económicas mundiales de finales de 2022, indicaba:

“La economía mundial se enfrenta a importantes desafíos. El crecimiento ha perdido impulso, la elevada inflación se ha extendido por todos los países y productos, y está resultando persistente. Los riesgos están sesgados a la baja. La escasez de suministro de energía podría provocar un mayor aumento de los precios. Las subidas de las tasas de interés, necesarias para frenar la inflación, aumentan las vulnerabilidades financieras. La guerra de Rusia en Ucrania incrementa los riesgos de endeudamiento en los países de bajos ingresos y la inseguridad alimentaria.

El informe del Fondo Monetario Internacional de octubre de 2023, comienza con una advertencia general:

“La recuperación mundial sigue siendo lenta, con crecientes divergencias regionales y poco margen para errores de política”

Demasiado bueno para ser verdad

Las citas anteriores indican que el mundo avanza hacia una desaceleración peligrosa o, hacia lo que no hace mucho denominábamos, “estancamiento secular”. A pesar de ello, los resultados recientes en las grandes economías mundiales han sido mejores de lo esperado, habiéndose conjurado una posible recesión en Europa, y en Alemania en particular, a corto plazo.

A pesar de que en términos geopolíticos la situación mundial se ensombrece día a día, la economía de los Estados Unidos, por ejemplo, ha crecido en el último trimestre, un impresionante 4,9 %. La inflación en el mundo baja poco a poco, el desempleo no crece y los bancos centrales parecen haber detenido sus actuaciones en cuanto al control del dinero en el sistema y el aumento de los tipos de interés. China, por otra parte, parece estar controlando sus recientes problemas.

Con estas explicaciones comienza el artículo central de The Economist, de la presente semana (4 al 10 de noviembre de 2023), del cual hemos tomado el nombre de este apartado

Too good to be true, es el título original, el cual aparece destacado en la portada de la revista en cuestión, con el subtítulo siguiente: “La contradicción en el corazón de la economía mundial”.

Los tipos de interés altos, que muchos defienden como convenientes para la economía, no pueden mantenerse así por mucho tiempo, ya que los primeros afectados son todos los países con déficits públicos y deudas elevadas (una generalidad de ellos). La necesidad de ajustar esos desequilibrios, llevará a los países a una austeridad peligrosa en una época en la que la inversión productiva es fundamental, y con ella el aumento de la productividad.

La conclusión final del reportaje es que, a pesar de los recientes buenos resultados, el futuro de la economía mundial está amenazado y para justificarlo no solo hace referencia a la coyuntura de los tipos de interés, inflación y deuda de los países y de las familias, sino a temas de más calado. Entre ellos, el envejecimiento de la población y el encarecimiento de las pensiones y la seguridad social, la transición a una economía verde, el mayor gasto en defensa al que estamos abocados debido a las guerras y conflictos mundiales y algunos otros grandes y graves problemas enfrentados por el planeta.

La pobreza en el mundo

En cuanto al bien común, que es lo que nos interesa aquí, las perspectivas deducidas de todo lo dicho son bastante negativas y preocupantes. La pobreza aumenta en los últimos tiempos a pesar de avances anteriores indiscutibles.

En lo relativo a la pobreza mundial en el último informe de las Naciones Unidas sobre el cumplimiento de los ODS concluye muy negativamente, con resultados como las siguientes:

  • Se estima que aproximadamente 71 millones de personas volverán a caer en la extrema pobreza en 2020, lo que supondría el primer aumento de la pobreza mundial desde 1998. La pérdida de ingresos, la limitada protección social y el incremento de los precios podrían poner en riesgo de pobreza y hambre incluso a personas que anteriormente estaban a salvo.
  • El subempleo y desempleo derivados de la crisis implican que aproximadamente 1.600 millones de trabajadores ya vulnerables en la economía sumergida (la mitad de la fuerza laboral mundial) pueden verse considerablemente afectados, con un descenso estimado de sus ingresos del 60 % durante el primer mes de la crisis.
  • Los más de 1.000 millones de residentes de barrios marginales de todo el mundo están en grave situación de riesgo a causa de los efectos de la COVID-19, como la falta de viviendas adecuadas y agua corriente en las viviendas, los baños compartidos, la escasez o ausencia de sistemas de gestión de residuos, la saturación de los transportes públicos y el acceso limitado a las instalaciones sanitarias oficiales.
  • Las mujeres y los niños se encuentran asimismo entre las personas más afectadas por las consecuencias de la pandemia. La interrupción de determinados servicios sanitarios y de vacunación, así como el limitado acceso a los servicios de nutrición y alimentación, podrían ocasionar cientos de miles de fallecimientos adicionales entre los niños menores de cinco años y decenas de miles de muertes maternas adicionales en 2020. En muchos países se han disparado las denuncias de violencia doméstica contra mujeres y niños. (Ver: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/progress-report/ )

Una primera incursión en lo que se puede hacer. Actuaciones a

Tenemos previstas más referencias a la pobreza en los próximos posts, pero, por no hacer el presente más largo, adelantamos el tema de los diagnósticos y las actuaciones necesarias, por parte de todos, en cuanto a hacer de nuestro mundo un sitio más habitable en el que todas las personas puedan vivir relativamente bien.

La pobreza en general, y mucho más la pobreza severa, no nos deja vivir a muchos. El panorama de los sintecho, por ejemplo, cada vez más amplio y profundo, el de los niños que sufren hambre, frío y que tienen necesidades de todo tipo, el de los migrantes que apuestan sus vidas y las pierden por llegar a la “tierra prometida”, o simplemente, el de los jóvenes que no tienen trabajo ni profesión, afectan a todo el mundo medianamente sensible.

Y lo grave es, como dijimos al principio, que no sabemos como arreglar todos esos problemas. Hemos construido un mundo capaz de crear riqueza y bienestar para unos, pero no para todos.

En esa línea de saber, por qué existen estos problemas y cómo actuar sobre ellos, están ya sobre mi mesa de trabajo tres libros recientes: 1) ¿Por qué caen los imperios?, de Peter Heather y John Rapley; 2) Por qué fracasa la política, de Ben Ansell; 3) Prehistoria de la propiedad privada, de Karl Widerquist y Grant S. McCall.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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